F. C. Cartagena
LA OTRA CRÓNICA

Las ilusiones albinegras se hundieron en el Pisuerga

Lunes 30/04/2012 1:53 | Comentarios
 

El Cartagena acarició la sorpresa en el José Zorrilla. Era mucho dos años seguidos. La temporada anterior fue Toni Moral el que dio el triunfo en un partido en el que los vallisoletanos merecieron más. Ayer estuvo a punto de suceder, con el golazo de Abraham Paz, pero esta vez los pucelanos si pudieron darle la vuelta a la tortilla y dejar a los albinegros con dos palmos de narices, que se dice.

Pucela recibió al Cartagena con agua y frío. Parecía enero o febrero. Seis grados no es lo habitual a finales de abril. No lo es en Valladolid, desde luego, a pesar de que ahí suele hacer un frío que pela. Bonita es la ciudad, es verdad, pero para ellos. Donde se ponga el clima de nuestra Cartagena…

Empezamos hoy por la grada. Es justo comenzar hablando de la afición. Pero no de la del Valladolid, que me decepcionó, y ahora diré por qué, sino de la cartagenera. Al final no salió el autobús programado porque ‘sólo’ eran veintipico los que estaban dispuestos a hacer el viaje. Pero esos veintipico, merecedores de un monumento, se fueron por sus medios. Unos alquilaron una furgoneta y otros en sus coches. Y ahí estaban, en la preferencia del José Zorrilla animando sin parar a su equipo. Son aficionados, dicho con mayúscula, que a pesar de la mierda de temporada del Cartagena, con casi los dos pies en Segunda B, siguen dejándose el alma y el dinero por sus colores. Enhorabuena a esos ejemplares seguidores, ejemplo de todo lo bueno que tiene este deporte tan ‘hijoputa’, que dice Don Antonio, el padre político de JIM.

Por cierto, decía que me decepcionó la afición del Valladolid porque aunque es verdad que la tarde era mala -climatológicamente hablando- y que el partido lo daba la tele, el Estadio estaba semivacío. Si no hubiera sido por los centenares de niños pequeños que fueron invitados y que estaban en preferencia, no sé qué habría sido del ambiente. Nos quejamos, y yo el primero, de que en Cartagena no hay afición y, ciertamente, no es como para hacerlo. Aquí, con el Efesé último, van seis o siete mil personas al fútbol. En Valladolid, con el equipo segundo y a punto de ascender a Primera, no se llena ni la mitad del campo. Así, está claro que más tarde o más pronto los vallisoletanos regresarán a Segunda, si es que finalmente ascienden, que, visto lo visto, creo que sí. Juegan muy bien al fútbol y tienen la suerte de los campeones, que se dice.

En el palco no estuvo el presidente y dueño del Cartagena, Paco Gómez. Seguramente se quedó en casa y lo vio por la tele. Me preocupa que el empresario de Jacarilla se esté acostumbrando a no ir a los partidos. Cada vez se le ve menos el pelo por el Estadio Cartagonova y qué decir de los desplazamientos. Debería dar ejemplo. Ya saben aquello de que si el prior juega a los naipes, que no harán los frailes. Si Paco Gómez no va a los partidos, que luego no se queje si la afición va menguando. A mí, particularmente, me gustaría verle siempre, como hace dos temporadas, cuando no se perdía ni una. Claro que aquello fue antes de que las vacas adelgazaran, tanto en lo deportivo como en lo económico.

Y en cuanto al partido, que lo he dejado para el final, ya saben lo que ocurrió. Carlos Ríos volvió a sorprendernos a todos y dio la titularidad a Julien. Me cae bien el sanluqueño porque es buena gente, pero no entiendo muy bien esos movimientos que hace continuamente con futbolistas que lo mismo van a la grada tres semanas que luego son titulares. Es algo que la afición entiende como dar bandazos y eso no es bueno. ¿Acaso lo hace para tener contentos a todos? No lo sé, en serio. Sí acertó al colocar a Abraham Paz en el mediocentro, que vaya golazo metió el gaditano. Reina volvió a ser titular y se confirmó lo que ya todos sabíamos, que la portería ha sido otro de los muchísimos errores del que planificó el equipo y de cuyo nombre ya no quiero ni acordarme. Pero ojo, que no caeré en el error de culpar a los porteros de la situación del equipo. El equipo ha sido un fiasco colectivo del que no se salva casi nadie. La calidad brilla por su ausencia en la mayoría (sólo se salvan unos pocos) y algunos que sí que la tienen de sobra han decidido guardarla para un mejor postor. Ya verán, si no, como varis futbolistas de los que este año rinden poco en el Cartagena sí que brillarán la temporada que viene en el Elche o en cualquier otro equipo de la División de Plata.

A otra cosa. El partido tuvo dos partes, como todos dirán usted. No, lo que quiero decir es que la primera parte fue muy diferente a la segunda. En la primera el Cartagena las pasó canutas, pero se marchó al descanso ganando. En la segunda estuvo mejor, pero acabó perdiendo. Lo que les decía, el fútbol es que no hay quien lo entienda, ni el que lo inventó. El Valladolid jugó un montón, pero anduvo desacertado arriba. Si no hubiera tenido la pólvora mojada, habría sentenciado antes del descanso. Merecieron dos o tres goles, mínimo, y se fueron al entreacto sin marcar y con uno en contra, el de Abraham Paz, que fue precioso. En la segunda parte, el Cartagena se creció por el resultado y jugó mejor. El Pucela dominaba, pero no podía. Kijera cometió penalti. Y ahí empezó a fraguarse la derrota. Miranda Torres se equivocó al expulsar al vasco. Valía con amarilla, la misma que vio Pepe, el del Madrid, por un penalti calcado el día del Bayern. Con el empate y el Cartagena en inferioridad, lo lógico habría sido la goleada vallisoletana. Pero no, no fue así. Los de Ríos no se descompusieron y a punto estuvieron de ganar. La ocasión de Braulio a cuatro minutos del final fue de las que no se suelen fallar. Pero es lo que les pasa a los que están como el Cartagena. Que no sólo no la metió sino que un minuto después encajó el segundo en un disparo desde fuera del área de Jofre, que acababa de salir. Y ahí se consumó la derrota albinegra, otra más y, como más duele, al final y después de acariciar el triunfo.

En la calle, tras el partido, los rostros de Ríos y de sus hombres lo decían todo. Eran un poema. Habían dado unas chupaditas al caramelo y se lo habían quitado de la boca. Una faena. Es la historia que está escribiendo este Cartagena que por fas o por nefás sigue acumulando derrotas y acercándose cada vez más al infierno de la Segunda B. Para colmo hasta el Nástic gana. Si es que ni siquiera van a tener bolas estos chicos para al menos evitar descender siendo los últimos. Ni en las peores pesadillas de los seguidores cartageneristas.

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