EDITORIAL (5-mayo-12)
Necesaria máxima responsabilidad de todas las fuerzas políticas
Al igual que en “la transición”, la actual situación de auténtica emergencia necesita de la máxima responsabilidad y entendimiento de todas las fuerzas políticas, aparcando los resultados electoralistas, los intereses particulares, para dar paso a una necesaria colaboración de todos para intentar salir de esta situación excepcional. Si ahora no somos capaces de aunar esfuerzos y ponernos de acuerdo en medidas fundamentales, nos vamos al traste.
Evidentemente que el actual Gobierno es el principal responsable y el que debe de adoptar las medidas encaminadas a solucionar los muchos y graves problemas que nos afectan, pero no se puede seguir en la desacertada y titubeante línea de la, hasta ahora, decepcionante forma de gobernar de Mariano Rajoy. Y me refiero fundamentalmente a la forma, aunque el fondo sea también bastante discutible con unas “reformas” que nada tienen de mejora, de cambio beneficioso, sino de “recortes y más recortes” que llevan camino de conducirnos a la ruina y no a aportar las necesarias soluciones, ya que éstas no nos cansaremos de decir que tendrán que venir, además de la necesaria austeridad en el gasto y de ir eliminando la deuda, pero a más largo plazo, de medidas capaces de generar empleo y crecimiento. Pero volviendo a las formas, el gran error es considerar, por muy legítimo que sea, que el disponer de mayoría absoluta en el Congreso, no es nada coherente el “contra todo y contra todos”, incluidos los muchos votantes que esperaban con ansiedad cambios pero no medidas tan drásticas que van a acabar indignándonos a todos, votantes y no votantes, aun siendo conscientes de la tremenda situación en que nos encontramos y que tampoco resuelve nada el recurrir al “baúl de los recuerdos” y a la “herencia recibida”, recurso ya obsoleto y muy manido, porque los españoles han confiado en el actual Gobierno para que actúe en el presente y de cara al futuro que es lo que realmente importa y que además, para eso le votaron.
Hay pues, que dejarse “el rodillo” y contar más con la oposición, hay que al menos abrir el camino al diálogo y la colaboración, es el momento imprescindible a de aunar esfuerzos y aportar todos sacrificios y soluciones, para así poder cambiar una situación que se torna cada vez más en absolutamente insostenible. Hay que volver a hace más de tres décadas y seguir el ejemplarizante y modélico comportamiento de las distintas fuerzas políticas que hicieron posible la Constitución y el inicio de una democracia que todos tenemos la ineludible obligación de preservar.
Resulta frustante la falta de acuerdos, de colaboración, o más bien la irresponsabilidad, incapacidad y voluntariedad de llegar a ellos por parte de las diferentes y más representativas fuerzas políticas de nuestro país en unos momentos tan críticos. Porque, precisamente, se tenga que replantear la actual Constitución, extraordinaria en su concepción pero que después de tantos años y con las desviaciones o deficiencias que lógicamente pueda contener, junto con las circunstancias tan especiales y distintas en estos críticos momento; y para ello hay que volver a consensuar algo tan importante.
Una de las principales modificaciones debe centrarse en la búsqueda de nuevas estructuras de funcionamiento y organización administrativa, principalmente el funcionamiento autonómico, con una estructura sobredimensionada e inviable, algo que se quiera o no hay que reconocer. Pero también hay que llegar a acuerdos para reducir, e incluso eliminar estructuras que no tienen ningún fundamento y si un alto coste innecesario por el contrario. No hace falta citarlos puesto que están en la mente de todos y deberían haber sido, al igual que muchísimas prebendas de políticos y otros cargos, con lo que se puede recortar ampliamente el gasto sin necesidad de tocar servicios intocables como son los sociales, la educación o la sanidad.
También es necesario el total apoyo para hacer causa común y plantar cara de una vez por todas a la Sra. Merkel, a Europa o a los mercados financieros, a las imposiciones extremas y asfixiantes. España tiene que hacerse de valer y así poder cambiar la política de extrema austeridad, sin obviar la necesaria consolidación fiscal y la ineludible responsabilidad de hacer frente a la deuda. Sin embargo el actual insoportable recorte de gastos, las tremendas subidas de impuestos, que además son las clásicas “pescadillas que se muerden la cola”, porque, sin inversión y sin crecimiento que cree empleo, el efecto es contrario porque cada vez hay menos consumo y menos recaudación, por lo que es obvio que es un camino sin retorno que nos conduce inexorablemente al precipicio.
Necesitamos, además de apretarnos el cinturón todos, pero todos, no sólo los de siempre, medidas urgentes que faciliten el crecimiento y vayan posibilitando la generación de empleo, que por cierto debe ser digno y no precario y sometido al terror, aunque muchas cosas merecen capítulos aparte.
Insisto en que debe darse un cambio en la forma de afrontar los necesarios cambios, reformas que no todo deben ser recorte, viernes sí y otro también, consensuadas por todos y dejando aparcados intereses partidistas, porque de seguir así, la indignación va a alcanzar cotas tan altas como para que sean muchos los españoles que den la espalda a las actuales asociaciones políticas que están reduciendo la democracia a votar cada cuatro años bajo propuestas que son reiteradamente incumplidas. Razones que lógicamente dan lugar a movimientos como el que está a punto de cumplir su primer aniversario próximamente, el del 15-M, al que habría que tener más en cuenta en lugar de intentar amordazar.


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