Rincón literario de Paco Marín

El Rincón Literario de Paco Marín: “Leyendo a Tolstói hasta arriba de ansiolíticos”

TÍTULO:     Leyendo a Tolstói hasta arriba de ansiolíticos

AUTOR:      Manuel Fernández García

EDITA:       Atlantis Ediciones (2018)

 

Encuadernación: Tapa blanda. Amaño: 14,5 x 20 cm. Número de páginas: 250. PVP: 17,00 €. ISBN: 978-84-949565-1-5

 

Es muy difícil justificar a un asesino y más si éste es en serie (serial). Señalo esto porque Manuel Fernández ha desarrollado una historia en la que el narrador es un personaje muy peculiar, un psicópata de manual qué al ir narrando su vida y sus crímenes, lo hace de tal manera, que está uno dispuesto a darle la razón y a pensar que, en la misma situación, haríamos lo mismo.

No conocía al autor, pero he de confesar que desde ya me declaro seguidor incondicional suyo. Tiene una forma de narrar que me ha cautivado desde la primera página. Un relato plasmado con una prosa muy clara, sin dobleces y directa… un lenguaje muy límpido que no deja nada a la imaginación, todo está delante del lector, lo cual es muy de agradecer…

Ismael Carmona, un chiquillo de doce años a quien la fortuna repartió mala mano, repasa su historia vital desde el día en que acaeció la muerte prematura e inesperada de su progenitor, en un pueblo perdido entre montes. De físico muy desagradable, huérfano de padre y con una mamá casquivana y descuidada que le introduce a un padrastro alcohólico y despectivo en el hogar, a Ismael, pobrecito de él, se le comienza a agriar el carácter y nublar la razón debido a tanto padecimiento. Hasta el punto de que, un día malhadado, acaba asesinando a su propia madre, dando comienzo con este primer atentado a una cadena aparentemente inacabable de crímenes sangrientos y vengativos.

Su mal control de las emociones y otras circunstancias perversas le conducen, de muy niño, a ser recluido en un internado, primero, y en un hospital psiquiátrico más tarde, donde entretiene las horas aplicado a la lectura de todo tipo de novelas y ensayos, costumbre gracias a la cual acaba formándose un carácter ciertamente cultivado a la par que cruel y violento.

Años más tarde, ya adulto Ismael y poco después de comenzar a desempeñar labores como fotógrafo ambulante en una empresa insignificante de Madrid, una serie de crímenes perpetrados contra muchachas jóvenes sume en el terror a la ciudad.  Los servicios policiales, pese al ingente número efectivos movilizados, caminan despistados en sus labores de captura del que ya se conoce en toda la capital como el Asesino del Ajedrez. Como última salida, desde la Jefatura Superior acaban reclamando los servicios del Inspector Sergio Núñez Kirkpatrick, integrante de la Brigada de Homicidios de Barcelona, un detective especialista en perfilación criminal.

Situado históricamente en los años setenta y principio de los ochenta, nos tropezamos de cara con algún que otro hecho de la época como el asalto al Congreso de los diputados por parte de un grupo de guardias civiles comandados por Tejero… hoy, 23 de febrero, se cumplen 38 años…

Por último… lean con detenimiento la entrevista, entenderán perfectamente la historia cuando caiga en sus manos…

 

Manuel Fernández García (Sant Martí de Sesgaoiles, Barcelona, 1960). Con dos años de edad se traslada junto a su familia al extrarradio de la capital catalana, concretamente a la ciudad de Cornellá, en la que transcurre toda su infancia y juventud. Cursa Bachillerato Superior y COU en el Instituto de Enseñanza Media de esta última localidad. Al cierre de sus estudios, comienza a desempeñar labores de fotógrafo a domicilio para una empresa del sector hasta que es contratado por una importante Entidad Financiera en la que desempeña roles de gerencia desde hace más de veinticinco años.

Aficionado a la lectura desde niño, comienza con el tiempo a ejercer, como pasatiempo, labores de crítica literaria en la red. Con posterioridad, se involucra en la redacción de novelas: la primera de ellas, Manchas de amor, tinta y pegamento, y, a continuación, la presente, Leyendo a Tolstói, hasta arriba de ansiolíticos (Crónica sentimental de un asesino en serie).

 

Nos recibe Manuel Fernández… Gracias…

 

P.- Para quien no lo conozca, aún, ¿Quién es Manuel Fernández?

R.- En lo profesional, un empleado de cierta empresa del sector financiero; en lo literario, un lector, sino perspicaz o inteligente, al menos muy esforzado. Y como escritor, decir que comencé a publicar en la red opiniones sobre literatura, cine y música hará unos tres o cuatro años. Aquellas mis primeras publicaciones parecía que gozaban de cierta aceptación por parte del público y me animé, por tanto, con algunos relatos. A partir de ahí, estaba poco menos que cantado que acabase escribiendo novelas. Y eso hice, intentando plasmar en ellas el mejor lenguaje del que fui capaz, a la par que deseando entretener e los lectores.

P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace Leyendo a Tolstói hasta arriba de ansiolíticos?

 

R.- Mi primer ingenio trataba la biografía fabulada de un escritor cínico y pasota. Al acabarla, la revisaron en una editorial importante, quienes me contestaron que, si bien poseía un estimable don para la creación de frases y la narración, no entendían bien que una farsa como la que les presenté tuviera futuro alguno. Creían que faltaba hilo argumental, antagonistas, escenas y no sé cuántos detalles adicionales. Tras la depresión correspondiente, pensé que, ya que buscaban hilos, antagonistas, vericuetos, escenas y demás parafernalia, pues nada mejor para dotar de pegamento a una historia que intentar la creación de una novela de asesinos, con sus malos, sus buenos, su trama, etc; y a ello me puse; y por todo lo expuesto nació Leyendo a Tolstói.

P.- ¿Cómo se llega a ese título?

R.- El protagonista de la historia es un chico que se ha pasado la mayor parte de su vida recluido en un centro sanitario, atendido por psiquiatras, psicólogos, auxiliares y demás. Privado de una educación escolar convencional debido a esa su mala vida, forma su carácter y visión del mundo a través de las incontables novelas que caen en sus manos en las bibliotecas de sus centros de internamiento. De la experiencia surge un individuo un tanto retorcido cuya personalidad e idea de cuánto le rodea se creó leyendo a Tolstói (entre otros) mientras tomaba ansiolíticos y otros medicamentos para la cura de su trastorno

P.- ¿Cómo se ha documentado para crear la personalidad de Ismael, el protagonista de la historia?

R.- Como resulta que siempre me atrajo el fenómeno de los asesinos seriales, por afición leí en el pasado múltiples tratados sobre la vida y milagros de estos elementos; como complemento a esas lecturas, también quisiera explicar que visioné decenas de documentales y filmes en los que trataban dicho tema. Aparte de lo expuesto, antes de comenzar Leyendo a Tolstói…, y al objeto de dotar de cierta verosimilitud a la trama detectivesca, estudié durante meses varios tratados sobre criminología escritos por profesores y expertos en dicha materia. Con todo ello, situé la acción en los años ochenta, en los que no estaban tan avanzados los métodos científicos, e imaginé cómo podrían, con aquellos medios rudimentarios, a base prácticamente de método e intelecto, atrapar a un delincuente que no deja la más mínima pista en los escenarios. De tener que destacar algún título para quién esté interesado en profundizar sobre este asunto, me gustaría destacar la novela Mindhunter, de John E. Douglas, uno de los primeros agentes del FBI destinado a la Unidad de Ciencias del Comportamiento, además de, por supuesto, la obra maestra American Psycho, de Easton Ellis.

P.- ¿Conoce o ha conocido a alguien como él?

R.- Creo que todo hemos conocido individuos psicopáticos en nuestra vida. En lo que a mí respecta, tras treinta años de trabajar atendiendo a todo tipo de público, pues pienso que sí, que he conocido a bastantes tipos narcisistas, egocéntricos y, a menudo, coléricos que merecerían ese calificativo. Y los he detectado no sólo entre mis jefes sino también entre la clientela a la que me tocó atender. Pero, repito, creo que todos seríamos capaces de citar, sin demasiado esfuerzo, a cuatro o cinco personas de entre nuestros conocidos a los que identificaríamos como unos psicópatas de libro. Y si no, fíjense mejor, porque están por todas partes, amigos.

P.- ¿Se puede justificar un asesinato?

R.- Jamás; En mi opinión, no existe excusa ni motivación alguna que permita justificar o entender un crimen. Ahora bien, el ser humano lleva matando desde que bajó de los árboles, allá tres o cuatro millones de años atrás, es innegable. Y cuando escribes una novela negra, debes procurar dotar de cierta carne a los malvados, concederles la licencia de que parezca que actúan por alguna razón comprensible. De no proceder de ese modo, pues habrás creado a un muñeco, a un dibujo animado, a un ser esotérico y absurdo que restará credibilidad a la historia.

Desgraciadamente, he de reconocer, no obstante, que la mayoría de novelas actuales en la que aparecen estos tipos presenta a una gente un tanto rara, como esotérica y extrañamente etérea, que matan porque rinden culto a Mitra, o porque les quitaron el chupete antes de tiempo, o porque les pegaron un tiro en Vietnam o por simple y puro placer. A mí me repelen esos escritores tan rebuscados, pero el público ha hecho famosos a muchos de ellos, en tanto que mí no, y eso me duele.

P.- ¿Tiene referente en la novela negra? ¿Qué prefiere sangre o psicología?

R.- Admiro los escenarios e ingenios de Christie, así como la crónica costumbrista de Vázquez Montalbán, aunque existen muchos otros que me agradan.

En cuanto al segundo apartado de su pregunta, opino que una novela negra sin sangre se convierte en una caja de música, en un puzle para niños. Por otra parte, una novela negra sin psicología deviene en un tonto argumento, válido únicamente para venderlo a los productores de SAW XXV y que lo proyecten en cines para adolescentes. Y, finalmente, una novela negra sin paisaje histórico es absurda e inservible. A mi modo de ver, un buen policíaco ha de ser un 30% sangre, un 40% psicología y un 30% de crítica social, aunque, seguramente, estaré equivocado.

P.- Su arma preferida a la hora de matar ¿es?

R.- Las normales, las que se pueden comprar en el Carrefour o a tu vecino pandillero: cuchillos, sogas o pistolas. La gente mata muy parecido, no te meten un gusano en el cerebro ni te cortan en trocitos para regar las vías del AVE Sevilla Madrid.

P.- ¿Cuáles son sus géneros y autores favoritos? ¿Qué está leyendo ahora mismo?

R.- No tengo géneros preferidos, creo. Leo de todo. En cuanto a mis autores predilectos, de los que he leído casi toda su producción, citaré algunos, aunque mañana pueda arrepentirme: García Márquez, Cela, Vargas Llosa, Eduardo Mendoza, Luis Landero, Vázquez Montalbán, Antonio Orejudo, Agatha Christie y Stephen King.

En cuanto a mis últimas lecturas, cayeron Trilogía de la guerra, de Fernández Mallo, y Ordesa, de Vilas, dos portentos narrativos; también la muy correcta El fin de la historia, de Sepúlveda, y la prescindible Mi querido asesino en serie, de Giménez Bartlett; y desde hace unos días ando repasando el Ulysses, de Joyce que, aunque es un libro difícil, hay que reconocer que es muy elegante y muestra algunos ingenios narrativos que cualquier aficionado a escribir debiera, sino dominar, al menos conocer.

P.- Como lector, prefiere: ¿libro electrónico o papel?

R.- Electrónico, por poder adaptar la letra a un tamaño más cómodo y no ocupar tanto espacio, porque cualquier día tendré que mudarme de casa, que ya no me caben los libros.

P.- ¿Qué manías tiene a la hora de escribir?

R.- Sólo puedo escribir de dos a cinco de la tarde. Soy raro. A primera hora, lo escrito con anterioridad me parece una porquería. Y a la noche, está todo muy negro y me deprimo. Así que dedico esas tres horas diarias

P.- ¿Qué opinión tiene de los festivales de novela negra?

R.- Ojalá existiesen un millón. Me parecen ideales. Es un modo de conocer otros escritores diferentes a los que aparecen en los estantes de novedades de la FNAC, y también se profundiza en otros aspectos alternativos de la escritura que me interesan bastante.

P.- Relate alguna curiosidad literaria personal que le haya ocurrido y no ha contado hasta ahora… si la hubiere.

R.- No quiero aburrir, igual lo que a mí me parece una anécdota divertida, a cualquier otro se le antojará una chorrada.

P.- Venda su novela ¿por qué hay que leer Leyendo a Tolstói hasta arriba de ansiolíticos?

R.- Creo que es una historia narrada de un modo muy original. Pienso que los diálogos y las situaciones son diferentes e interesantes. Y, pese a que no deja de ser una mentira, se antoja muy real y creíble. Al mismo tiempo, te hace sufrir, pero también reír. Y, lo peor, muchos lectores se trastornan porque acaban empatizando con el asesino y tamaña afrenta atenta contra su moral y costumbres. Esa era la idea, por otra parte.

P.- Sus planes a corto y medio plazo ¿son?

R.- En marzo sale a la venta mi primera historia, Manchas de amor, tinta y pegamento, aquella que rechazara una editorial importante porque le faltaban antagonistas y no sé qué más. Y, hoy por hoy, estoy escribiendo La balada de Ismael Carmona (una novela amoral), la continuación de Leyendo a Tolstói hasta arriba de ansiolíticos; eso sí, de dos a cinco de la tarde, porque por la mañana todo me parece una porquería y de noche está muy oscuro y me deprimo.

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