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ASÍ NO: EL TURISMO DE CRUCEROS EN CARTAGENA por Cándido Román

ASÍ NO: EL TURISMO DE CRUCEROS EN CARTAGENA.

Cada vez que leo en la prensa escrita el número de turistas que los cruceros “vomitan” en sus escalas en la dársena del Puerto de Cartagena en un solo día, me hecho las manos a la cabeza. El último titular fue :”Diez mil cruceristas llenan la calles de Cartagena durante 8 horas” (La Verdad, 11-5-2019). Verán ustedes, y no quiero ser ningún aguafiestas, más bien todo lo contrario. Es solo que me preocupa cómo se están haciendo las cosas, si loque se quiere es, como dijo el actual presidente de la Comunidad Autónoma, D. Fernando López Miras, convertir a Cartagena en la Capital Turística de la Región de Murcia.

El centro histórico no puede absorber, ni debe permitirse la concentración de visitantes en unas pocas horas. Sino se soluciona iremos hacia un problema de turismasificación propio de Venecia, Roma, Barcelona, y otras ciudades del mediterráneo. Este fenómeno de masas afecta al bienestarde las poblaciones, impacta negativamente en los ciudadanos que tienen su vida vinculada con el entorno local: la tienda, la calle, los vecinos, el mercado, las relaciones sociales, la familia, el barrio, el paseo, la gestión.  No puede ser que cada vez que llegan cruceros a la ciudad, se produzca el colapso de las calles más afectadas (en mayo se esperan 50.000 turistas). Por latrama del callejero, los visitantes se concentran en el eje Puerto-Calle del Carmen, no produciéndose una diversificación hacia las calles adyacentes. Es como si antes de desembarcar les indicaran a los turistas por donde deben deambular.

Los propietarios de bares, terrazas, restaurantes que me están leyendo estarán pensando que mis comentarios no merecen un mínimo de atención. Pero se equivocan, el turista de cruceros como el que nos visita es cortoplacista, y en cierto modo depredador, pan para hoy hambre para mañana. En primer lugar, no realiza grandes desembolsos, como mucho pueden tomar unas cervezas, un cortado, unas pizzas, mientras miran de reojo el reloj no vaya a ser que el barco zarpe sin ellos. Este turista viaja con el todo incluido, es catalogado según la Organización Mundial de Turismo en un intervalo de renta de ingresos medio-bajo. Y, por consiguiente, no está dispuesto a gastos extrasen su efímera visita a la ciudad a los contratados previamente con la agencia de viajes. Los restaurantes más próximos a las calles donde deambulan los cruceristas son los más beneficiados a un ritmo de poner 200 asiáticos a la hora, porque es ahí donde se produce el negocio, o lo que es lo mismo, mucho volumen de trabajo a bajo coste. El impacto negativo en la calidad laboral de los camareros es fácil de deducir. Pero es que además, se produce una ocupación injustificada de las calzadas por parte de franquicias y bares que dificulta el paso de las personas que hacen su vida cotidiana.

A los cruceristas no les interesa nuestra historia, ni tampoco nuestra vida cultural, lúdica, social e intelectual. Les da igual, por poner tan solo un ejemplo que el Palacio Consistorial fuera construido y diseñado entre 1900 y 1907 por D. Tomás Rico Valarino, junto con D. Francisco de Paula Oliver. O que los magníficos edificios y espléndidas fachadas modernistas existentes en las calles Mayor, Puertas de Murcia y del Carmen muestren la existencia de una arquitectura creativa debido al boom minero, al comercio y a la intensificación del capital a comienzos del siglo XX. No tienen tiempo de apreciar, ni valorar la riqueza arqueológica de la antigua Cartago Nova. Es más, la proliferación de franquicias en el casco histórico y el despliegue de cartelería e iluminación esta afeando fachadas de los siglos XVIII y XIX, algo absolutamente prohibido en ciudades que aspiran en un futuro a un reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad. En Cartagena, por ahora, todo vale.

Fue patética la imagen del homenaje organizado en la Plaza de Ayuntamiento en honor de una de nuestras grandes escritoras, Doña Carmen Conde Abellán, poeta de la Generación del 27, y primera académica de número de la Real Academia Española en 1979. La Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Cartagena,  con acierto consiguió reunir a 10 de las mejores escritoras de la Región de Murcia (entre otras nuestra galardonada María Teresa Cervantes, María Ángeles Ibernón, Marisa López, Cristina Morano, Natalia Carbajosa, etc). Patético porque durante la lectura de los hermosos versos los turistas no guardaban silencio, pasaban por medio del acto de lectura, no respetaban el evento. Ellos tienen otras prioridades. ¿Es este el modelo que queremos?. La sin razón nos podría llevar a organizar actos dependiendo de la llegada o no de los cruceros. Sería el colmo.

La solución pasa, como se está haciendo en otros lugares,primero en minimizar el impacto reduciendo la carga de visitantes diarios. Y, segundo,  en desestacionalizar las visitas de los cruceros para que no se concentren en unos pocos meses. Ello facilitaría que se descongestionasen las calles, que se organicen visitas pausadas en donde los cruceristas se conviertan en turistas de lo cultural, que aprecien la historia, las gentes y un patrimonio grandiosocomo tiene la ciudad de Cartagena.

Cándido Román Cervantes

Profesor de Historia Económica

Director de la Cátedra Cajasiete de Economía Social de la Universidad de La Laguna.

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