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NADA ES LO QUE PARECE, O LOS FUNDAMENTOS DEL REDIL

Francisco Atanasio Hernández                                                           7-6-2019                            

NADA ES LO QUE PARECE, O LOS FUNDAMENTOS DEL REDIL

Vivimos una época de pura ficción social, nada es lo que parece y nadie es lo que se cree que es, pero mucha gente, la mayoría de la sociedad, suele dejarse llevar por el criterio empleado por quienes tienen los medios para fabricar falsas identidades, entre las que cabe destacar a los políticos del momento que interesa lanzar al estrellato, es decir, “los bien nacidos” que después nos desvalijan con la colaboración de sus mejores aliados.

Hace unos pocos años, aparecieron en el mapa político español dos nuevas formaciones políticas que según decían venían a regenerar la podrida vida políticaespañola, sustituyendo a los viejos y corrompidos partidos tradicionales, sin embargo se han diluyendo poco a poco porque han resultado ser malas copias de lo que había.  

Nadie ignora que la mayoría de políticos de la actualidad carecen de ideología, por lo que su mayor aspiración es la de coger un sillón lo más confortable y remunerado posible, y para ello les da igual formar parte de un partido que se llame de izquierdas o de derechas, de hecho, las diferencias entre los programas de unos y otros radican en la capacidad de mentir de cada uno de ellos, y estamos tan acostumbrados a que nos engañen que nos hemos insensibilizado, hasta el punto de que ya no distinguimos lo bueno de lo malo y con más frecuencia de lo aconsejable convertimos a los verdugos en víctimas y a las víctimas en verdugos.

Desde la transformación de la dictadura en democracia sólo nos han gobernado de forma alternativa –es lo más parecido a los tiempos de Cánovas y Sagasta– los dos partidos más corruptos de Europa, el PSOE, que se postula como partido de izquierdas y que jamás ha cumplido sus programas electorales en materia social, y el PP, el partido de la derecha más casposa.

La concatenación de la política antisocial de ambos partidos, ha supuesto la destrucción de todas las conquistas laborales conseguidas desde la transición.

Los políticos de los últimos cuarenta años nos llaman ciudadanosempalagosamente, pero todos sabemos que los partidos supuestamente democráticos nos han convertido en vasallos de una extraña sociedad a la que llaman Estado de Derecho, pero regida por una monarquía hereditaria, que paradójicamente no se somete a ninguna elección, y además disfruta de total inmunidad como en la Edad Media, por obra y gracia del dictador y genocida Franco, cuyos crímenes tienen prohibido juzgar los tribunales españoles.

Recientemente y por si había dudas, el Tribunal Supremo ha suspendido la exhumación del cadáver de Franco, y aunque la Asociación de Jueces para la Democracia ha criticado la resolución y algunos partidos políticos también, todo es pura farsa, puesto que si piensan que la resolución es injusta, como mínimo, podrían haber utilizado la palabra prevaricación, pero el cuerpo es el cuerpo, y está formado por jueces designados por el PSOE y el PP mayoritariamente.

El caso es que a lo largo de la historia son muchos los calificativos que se han empleado para adular a las personas que interesa elevar a las alturas, y lo mismo sucede cuando se trata de quitar del medio a personajes o grupos a los que se llaman molestos.

En tiempos pasados, sólo por ir con frecuencia a la iglesia, y ser generoso con el“cepillo”, se decía de algunos que eran muy buenas personas y muy buenos cristianos, independientemente de si su comportamiento en general, era más propio de un miserable personaje degenerado hasta la saciedad y sin el menor atisbo de escrúpulos, o de un empresario explotador sin límites morales,  o un sátrapa asesino del que hubiera que andarse con cuidado.

Luego están los “buenazos” de toda la vida, son gente que por lo general estánconsiderados como idiotas dentro de la colectividad, y por ello todo el mundo intenta sacarle partido a sus relaciones, porque como no se enteran de nada, “los listos” siempre están atentos a sacarle el mayor provecho personal posible.

Ya en los años 80, entre la progresía, se acuñó un nuevo término, “auténtico”, “es auténtico” se decía, para calificar a quienes se consideraban personas fiables sin condicionamientos posibles, y de hecho, en aquellos tiempos hubo políticos, muy poco transparentes por cierto, que hicieron carrera sin tocar un libro, gracias a la buena imagen que tenían entre sus acólitos por los favores que recibían a cambio, y sobre todo la que le dio la prensa interesada.

Otro adjetivo utilizado es el de “guay” con el que se ponía de relieve lo buena persona,  lo auténtico que era aquel individuo o cosa a la que se le atribuía esta virtud, y ello sin reparar, como es costumbre, que la mayor de las veces solo vemos la fachada, el interior de cada persona, su verdadera personalidad, suele quedar a cubierto de escrutadoras miradas, porque solamente enseñan de ellos la parte que les interesa, y son como los camaleones adoptan el color del lugar donde se encuentran.

A esos que buscan la parte escondida de las cosas, y sobre todo de las personas, al principio de nuestra democracia se les llamaba, en el mejor de los casos, inadaptados, locos, o extremistas, cualquier cosa antes de que pudiera sacar a la luz las oscuras y antisociales intenciones de los individuos con doble personalidad, y pronto formaba parte de los elementos a eliminar sin contemplaciones.

Como cada vez somos más modernos y más finos para calificar a los que solo tienen un perfil, ahora se les llama “elementos tóxicos, y es que quienes emplean el peyorativo e intolerante término, lo que pretenden es neutralizar las opiniones contrarias a las suyas y que no saben o no pueden rebatir, de ahí la expresión ”alejarse de elementos tóxicos”. La intolerancia es el principio motor de la mencionada expresión.

En relación con éstos últimos están los que comúnmente se denominan “personajes polémicos”, y es que si hay algo que no soporta el pensamiento autoritario, se llame como se llame, absolutista, dictador, derechista, fascista, etc., etc., es que alguien le discuta su opinión y tenga otra distinta a la de él tanto o más consistente que la suya, y además lo haga defendiendo unos principios morales de los que él carece.

Entonces aparecen los métodos de intolerancia que se emplea con los “elementos tóxicos”, donde predomina el aislamiento, porque los “polémicospueden llegar a poner en cuestión a los pastores del redil y en último caso disgregarlo, por eso emplean la frase más comúnmente utilizada desde los albores de nuestro actual sistema político, “con ese no te juntes, es un elemento polémico y muy tóxico.

En definitiva, en todos los tiempos hubo personajes y grupos que defendieron sus ideas como pensamiento único, y alimentándose de ellas un gran rebaño, por eso es tan difícil y complicado hacer que la sociedad avance, porque sólo una minoría pone en cuestión los fundamentos del redil.

 

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