Sociedad y Cultura

El Factor Humano.

El Factor Humano.
Estos días de verano es habitual hacerse eco de las numerosas y muy diversas actividades culturales y educativas a las que tenemos la suerte de poder acceder. Conciertos como el Rock Imperium Fest, teatro, exposiciones y actividades de voluntariado son algunas de las muchas muestras del gran esfuerzo que hacemos como sociedad para seguir adelante durante estos tiempos tan convulsos. Se hace necesario poner el foco en el motor que impulsa la creatividad y la valentía imprescindibles para poner en marcha cada proyecto nuevo, grande o pequeño: el factor humano.
Se podría pensar, a priori, que poco tienen que ver nuestro apreciado Fernando Vicente Carreño, artista cartagenero cuyas exposiciones en el Ramon Alonso Lucy, o Sala Cultural Muralla Carlos III, satisficieron recientemente nuestro hambre de artes plásticas; con la Asociación Ulula,  pionera en el estudio y conservación de aves rapaces en sistemas mediterráneos y que a través de actividades formativas y voluntariados promueve la divulgación científica, poniendo especial interés en su ave de referencia el Búho Real.

Pero sí que hay un importante nexo común: el factor humano, que llega a nuestras manos
a través de una de las últimas obras del mencionado artista cartagenero, inspirada precisamente
en la memoria de Eloy Pérez Romero; quien a su vez plantase la semilla de la curiosidad y el
respeto por la naturaleza en su jovencísimo pupilo Mario, y de la cuál germino más tarde la
mencionada asociación a manos del hoy ya Dr. en Ecología, León Ortega.
El día 3 de Julio se cumplen cinco años desde que el Gran Eloy alzara el vuelo de entre
nosotros. La excusa perfecta para elevar un brindis publico In Memoriam, no tanto en un intento
por mantener vivo su recuerdo de por si indeleble, sino como un acto de obligado y verdadero
agradecimiento a su gran aportación en vida. Parafraseando a Edward Hopper, “Si pudieras
resumirlo en palabras, no habría una razón para pintar”. De ahí la necesidad de esta obra.
En el vigor y la fuerza que muestran sus trazos se reflejan la nobleza de espíritu y el
corazón rotundos que caracterizaban a este hombre de contrastes. Solitario y social a partes
iguales, su humildad y vitalidad eran tan contagiosas como adictivas. De carácter firme, pero con
una cercanía y sencillez tales, que pasar un rato con él era como estar en casa. Protector de la
naturaleza y de su gente. Un padre para aquellos que tuvieron la inmensa suerte de poder disfrutar
y aprender de su persona entre el “dame cuerda” y “pilla” del día a día. Un refugio para sus
amigos, con más historia que el de “Peñas Blancas”. Trabajador incansable de manos curtidas de
nuestra depuradora de aguas, cuya laguna lleva su nombre. Un tipo de humor socarrón y hechuras
de bandolero, como a el mismo le gustaba bromear. “Un verdadero fiera”, al que, de haberle salido
alas, no habrían sido de ángel, sino más bien las del Gran Duque.
La impronta que dejo en quienes lo tienen presente, hoy y siempre impulsa esta
demostración grafica de lo que significa trascender a la vida física como fuente de inspiración
inagotable para aquellos que, adoptando su misma filosofía, ponen amor en todo lo que hacen, y
tirando de contactos, carboncillo y tinta china como aliados, nos traen de vuelta sobre el papel la
imagen de esta gran persona, inimitable y ejemplo, cuya esencia simplemente permanece en el
“modus vivendi” de sus sucesores, y de quien su factor humano es, sin lugar duda, su verdadero
“Legado”.

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