Rincón literario de Paco Marín

El Rincón Literario de Paco Marín: “La ceguera del cangrejo”

TÍTULO:     La ceguera del cangrejo

AUTOR:      Alexis Ravelo

EDITA:       Siruela (2019)

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 15 x 23 cm. Número de páginas: 360. PVP: 19,95 €. ISBN: 978-84-17860-10-3

Alexis Ravelo nos envuelve en un ‘caminar’, ‘buscar’ solitario, en el presente, para entender un pasado reciente… con un resultado doloroso. El protagonista Ángel Fuentes intenta, dando palos de ciego, al principio, salir a la superficie y abandonar la ceguera en que se ve envuelto.

Oficialmente, la historiadora del arte Olga Herrera falleció en un absurdo accidente en Lanzarote mientras ultimaba una biografía del más famoso artista de la isla: César Manrique. Pero para Ángel Fuentes, militar de profesión destinado en el Líbano y compañero sentimental de la víctima, la verdad de su muerte tuvo que ser otra, aunque nadie salvo a él le interese averiguarla.


Recién aterrizado en suelo canario, el sargento Fuentes irá reproduciendo a través del volcánico paisaje lanzaroteño el itinerario que realizó su pareja para documentarse. Pero no tardará en sospechar que no está solo en su viaje, que hay quien sigue sus pasos como antes debió de seguir los de Olga, que ella debió descubrir algo que muchos están dispuestos a silenciar…


Sobre una telúrica e incomparable geografía, a la vez física y simbólica, La ceguera del cangrejo despliega una absorbente intriga criminal en la que todos sus protagonistas se ven enfrentados a dos únicas opciones: abrir los ojos para encarar la verdad o, como los cangrejos que habitan los Jameos del Agua, vivir ciegos y ajenos a la realidad.

Lectura muy ágil, gracias a capítulos cortos y muy buenos diálogos. Excelente guía para conocer los lugares que tuvieron relación con César Manrique.

Pero mucho más interesante que lo que yo pueda decir son las declaraciones de Alexis Ravelo para los lectores de “Cartagena Actualidad” y “Murcia Actualidad”.

Alexis Ravelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1971) cursó estudios de Filosofía Pura y asistió a talleres creativos impartidos por Mario Merlino, Augusto Monterroso y Alfredo Bryce Echenique. Dramaturgo, autor de tres libros de relatos y de varios libros infantiles y juveniles, ha logrado hacerse un hueco en el panorama narrativo actual con sus novelas negras, que han merecido diversos reconocimientos, entre ellos el prestigioso Premio Hammett a la mejor novela negra porLa estrategia del pequinés. En Siruela ha publicado La otra vida de Ned Blackbird(2016) y Los milagros prohibidos (2017).

Magnífica conversación con Alexis Ravelo…Gracias…

P.- ¿Quién es Alexis Ravelo?

R.- Un escritor calvo, ateo y rojo nacido en Las Palmas de Gran Canaria, autor de más de una veintena de libros de los cuales trece son novelas de corte negrocriminal.

P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace La ceguera del cangrejo?

R.- Mis novelas surgen de varias ideas que se van cruzando. Había tocado tangencialmente la vinculación entre el desarrollismo urbanístico y la corrupción político–económica, pero quería tratar el asunto con cierta centralidad. Hacia el verano de 2017, Fernando Gómez Aguilera (director de la Fundación César Manrique) me sugirió que César Manrique (que se enfrentó al desarrollismo feroz de finales de los años ochenta y principios de los noventa) era una excusa perfecta. Por otro lado, quería escribir algo que tocara el tema del duelo. Y, tema no menos importante, el de la fascinación por el arte, asunto que también me interesaba y que podía abordar si trabajaba sobre César. Otros temas se fueron sumando durante la escritura, pero esos son los que están en el origen.  

P.- ¿Cuál ha sido su base documental?

R.- La documentación de una novela debería ser como los efectos especiales en el cine, que, si están bien hechos, no se notan. Para La ceguera del cangrejo, las fuentes fueron diversas: los archivos de la FCM (que, además, me becó con una residencia que me permitió vivir algunos periodos en Lanzarote) e infinidad de libros sobre él, su obra y su proyecto para Lanzarote; también biografías de Luis Morales y José Ramírez Cerdá y diversos documentales; la hemeroteca de la época, por supuesto; y, por último, varios sumarios judiciales que se centran en casos de corrupción. Pero las que acabaron de completar ese trabajo fueron las entrevistas. Muchas de las personas con las que pude hablar están reseñadas al final del libro; otras me pidieron no figurar. Sus experiencias enriquecieron mucho la documentación básica que necesitaba para escribir esta novela.  

P.- ¿Qué recuerdo queda, en las islas, de Cesar Manrique?

R.- El recuerdo que queda de Manrique en las Islas es tan vivo y entrañable que queda demostrado con la forma en que los canarios nos referimos a él: lo llamamos, simplemente, César, así, usando el nombre de pila, como si fuera de nuestra familia. Fue tremendamente popular en su época y el impulsor de un proyecto enormemente transformador, no ya solo de la isla y su paisaje, sino de la mentalidad de muchos. Quizá por eso se ha convertido en un símbolo de lo que muchos queremos para las Islas. Y supo hacer una cosa muy difícil: implicar en su proyecto a todas las capas de la sociedad, desde las más altas a las más proletarias. Por eso, cuando los canarios decimos “la idea de César”, hablamos de desarrollo sostenible, de protección del medio, de una lectura artística y humanística del paisaje, aunque a veces no sepamos formularlo de esa manera.  

P.- La muerte de Cesar Manrique ¿está totalmente aclarada o queda algún rincón oscuro?

R.- Hasta donde yo sé (y le di muchas vueltas para buscar origen para mi ficción) está perfectamente aclarada: fue un desgraciado accidente de tráfico.

P.- Hay una denuncia muy fuerte: delitos urbanísticos, mordidas económicas, políticos corruptos… ¿díganos algo más?

R.- No puedo. Pero cualquier lector puede acudir a la hemeroteca, leer acerca de los últimos casos abiertos en Lanzarote (y en las Islas en general) y hacerse una idea de hacia qué aspectos concretos de la realidad apunta mi ficción.

P.- Novela canaria cien por cien, escrita en lenguaje y ritmo canario ¿es casual?

R.- Claro que no. No solo soy canario, sino que, además, opino que situar al narrador en el nivel lingüístico de sus personajes es una fecunda estrategia de trabajo. Eso nos lo enseñaron autores como Rulfo, García Márquez o Roa Bastos. Cuando ambiento en Canarias, escribo en el español de Canarias. En este caso, además, me di cuenta de que el paisaje de Lanzarote había ido imponiendo su ritmo susurrante a la novela. En otras novelas mías, más urbanas, la acción está más acelerada. Esta vez, ese paisaje (y las circunstancias del protagonista) pedían otro tipo de cadencia al comienzo de la novela, que permitiesen que luego el argumento se deslizara con naturalidad a partir de su segundo acto.  

P.- Me ha hecho mucha gracia la expresión: «todo está cerca y todo el mundo se conoce»… además de lo que todos podemos entender, ¿encierra algo más esta expresión?

R.- Encierra mucho. Es una especie de adaptación del viejo adagio “pueblo chico, infierno grande”. Eso es cierto en cualquier lugar, pero en una Isla resulta más evidente.

P.- ¿Tiene referente en la novela negra? ¿Qué opinión le merecen los ‘festivales negros’?

R.- Tengo muchos referentes en novela negra. Digamos que ingresé en el género de forma poco habitual, con la lectura no de los americanos, sino de autores europeos como Friedrich Dürrenmatt, Leonardo Sciascia o Jean–Patrick Manchette y luego con novelas de Juan Madrid, Andreu Martín o González Ledesma. Y después fui leyendo a autores hispanoamericanos (Paco Ignacio Taibo II, Mempo Giardinelli, Miguel Bonasso), todos, en realidad, muy políticos a la vez que existencialistas. Fueron ellos los que me llevaron a otros referentes, como Horace McCoy, Jim Thompson, David Goodis, James M. Cain o Patricia Higshmith (a quien solemos olvidar en estos recuentos y que, para mí, fue fundamental por su tratamiento conductista de ciertas situaciones psicológicas). Por supuesto, luego también leí a Hammett, Chandler, Ross McDonald… Pero me influyeron más los que he mencionado anteriormente, porque los leí más joven, cuando comenzaba a formarme.

En cuanto a la segunda pregunta, me gusta mucho asistir a ellos. Uno no solo se encuentra con compañeros y compañeras con los que va desarrollando intensas relaciones entre festival y festival, sino que conoce y pone cara a los lectores, que son los realmente importantes. Si además se desarrollan mesas interesantes que dan lugar a debates enriquecedores, un festival ya solo necesita buenas dosis de buen humor (y de alcohol, a ser posible) para resultarme perfecto.

P.- ¿Cuáles son sus géneros y autores favoritos? ¿Qué está leyendo ahora mismo?

R.- Usted no me creerá, pero en realidad no leo demasiada novela negra. Soy curioso y caótico y picoteo en muchos géneros a la vez. Un ejemplo de mi forma de leer: ahora mismo acabo de terminar de leer una novela de Patrick Deville, he comenzado El oasis, de Mary MacCarthy (una sátira sobre intelectuales neoyorquinos de posguerra) y una antología de artículos de Leandro Perdomo, editada por Fernando Gómez Aguilera. Aparte, desde hace una semana, tengo en la mesilla de noche el Popol Vuh, uno de esos clásicos que se me habían quedado atrás.

En cuanto a mis autores favoritos, siempre acabo retornando a Borges, a Cortázar, las novelas cortas de Yourcenar, los ensayos de Susan Sontag.

P.- Como lector, prefiere: ¿libro electrónico, papel o audio libro?

R.- Tengo un especial cariño por los discos de escritores (anteriores al audiolibro) y suelo ponerme, a veces, grabaciones de Cortázar, Gelman, Monterroso o Girondo leyéndose a sí mismos. Pero, en general, prefiero el papel. Principalmente, para maltratarlo, porque leo subrayando, anotando, haciendo llaves, flechas y bocadillos. Eso me resulta muy difícil hacerlo con un libro electrónico.  

P.- ¿Qué manías tiene a la hora de escribir?

R.- Café y tabaco sin restricciones. Diccionarios y gramáticas en papel (los digitales son para una urgencia). Música de cualquier tipo, pero sin letra, porque me distrae. Trabajo a estilográfica las primeras páginas de cada sesión de escritura y luego paso esos manuscritos al ordenar, donde sigo trabajándolos.

P.- Relate alguna curiosidad literaria personal que le haya ocurrido y no ha contado hasta ahora.

R- Como hablo mucho y soy muy presumido, no me queda ninguna sin contar. Todo el mundo sabe que entrevisté a Augusto Monterroso, que tras publicar mi primer libro estuve seis años intentando aprender a escribir mejor antes de publicar el segundo, que una vez, en un pub, Alfredo Bryce Echenique me recomendó (con razón) que me dejara de experimentos y volviera a leer a Stendhal.  

P.- Venda su libro ¿por qué hay que leer La ceguera del cangrejo?

R.- Me cuesta venderme, pero lo intentaré: La ceguera del cangrejo es un texto para leer rápido y pensar despacio. Y, además de ser una novela negra, es también un libro de viajes. Y no solo geográficos.

P.- Sus planes a corto y medio plazo ¿son?

R.- Ahora mismo sigo con la revisión de las novelas de la Serie Eladio Monroy, que están siendo reeditadas tras casi una década sin lavarles la cara, y ultimo la edición de Crimen, de Agustín Espinosa, un texto maldito olvidado durante muchos años y que aparecerá con Siruela este otoño. También escribo cuentos que me gustaría recoger algún día en un volumen (hace mucho que no publico un libro de relatos). Además, en primavera inicié el trabajo de campo para un libro y hube de interrumpirlo a causa de la promoción de La ceguera del cangrejo. Espero poder retomarlo en estos días.  

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