Sociedad y Cultura

Este 8M, la lucha feminista sigue desde las calles y desde nuestras casas

Este 8M, la lucha feminista sigue desde las calles y desde nuestras casas

La pandemia ha transformado nuestra realidad personal y social. Las mujeres lo sabemos más que nadie.

Porque somos las mujeres las que cuidamos en nuestros hogares, en las residencias y centros de atención a personas dependientes; las que limpiamos, las que asumimos la mayoría de las tareas de cuidados esenciales en nuestras familias y en la sociedad.

Porque dos de cada tres de los trabajos que se han perdido durante la crisis sanitaria han sido de mujeres, porque los ERTE nos han afectado más, pero las trabajadoras del hogar nos hemos quedado fuera de ellos.

Porque la COVID-19 ha disparado la brecha de género en el desempleo, llegando a ser la tasa de paro de las mujeres en el último trimestre de 2020 del 18,39%, cuatro puntos por encima de la de los hombres (14,39%), según datos del INE.

No solo en el desempleo, la desigualdad salarial es una de las discriminaciones más evidentes que sufren las mujeres en el ámbito del trabajo remunerado, con importantes consecuencias en su día a día: las estrecheces económicas y una vida cargada de preocupaciones y estrés dificulta nuestro desarrollo personal y social.

En los casos de violencia machista, los bajos niveles de ingresos condenan a las mujeres a tolerar las situaciones de violencia y malos tratos hacia ellas y sus hijos e hijas.

También tiene consecuencias a medio y largo plazo, sobre todo en las pensiones: a día de hoy, la pensión contributiva de las mujeres apenas llega a los 800 euros frente a los pocos más de 1200 euros de los hombres. 

En España, el Instituto Nacional de Estadística cifra la brecha salarial de género en un 21,1%. La ganancia media anual de los hombres supera los 26.000 euros y la de las mujeres apenas llega a los 21.000 euros. Las causas de esta brecha salarial son diversas, pero la segregación del mercado laboral está entre las más importantes. Mujeres y hombres trabajamos en ámbitos y sectores diferentes, siendo las mujeres las que estamos mayoritariamente presentes en el sector servicios, cuidados, educación y sanitario. El 75% del personal sanitario que está en primera línea somos mujeres.

Cuidamos la vida desde sectores que, paradójicamente, están menos valorados socialmente, precarios y peor retribuidos, aunque la pandemia ha vuelto a demostrar que se trata de trabajos esenciales para el mantenimiento de la sociedad.

 

El 90% de las excedencias para el cuidado de personas mayores o hijos e hijas las solicitamos las mujeres. Porcentaje vinculado al desigual reparto de tareas de cuidados y domésticas. Además, a día de hoy, más del 70% de los contratos a tiempo parcial los ocupan las mujeres.

Como vemos, antes del estallido de la pandemia, la vida de las mujeres estaba marcada por las precarias condiciones en las que desarrollamos los trabajos y tareas que sostienen y cuidan la vida. Este 8 de marzo, queremos que la sociedad y las administraciones reconozcan esta realidad y que se comprometan a tener en cuenta el impacto de género en las consecuencias sociales y económicas de la crisis, poniendo todos los recursos necesarios para contener el agravamiento de las desigualdades.

Porque somos las mujeres las que nos hemos quedado solas y aisladas a merced de nuestros maltratadores durante los confinamientos, sufriendo la violencia machista nosotras y nuestros hijos e hijas. 

Porque nosotras no ponemos el contador a cero y gritamos por todas las víctimas de asesinatos machistas, las 12 mujeres asesinadas en lo que llevamos de año y todas las hermanas y menores víctimas de esta violencia estructural, cuantificadas oficialmente o no.

Sobran las razones para que este 8M se vista de morado. Para que nuestros balcones se vistan de morado, para que cada una de nosotras seamos la representación de un movimiento que no empieza ni termina este día, sino que es parte de un proceso de lucha colectiva por nuestros derechos, por la igualdad real y por nuestra libertad.

Este #8MMásQueNunca señalamos que las crisis económicas o sanitarias entienden de género y afectan de forma directa e indirecta a las personas más vulnerables de nuestra sociedad: las mujeres. Así lo demuestran los informes, estadísticas y estudios realizados sobre la incidencia y las consecuencias de la terrible pandemia que estamos afrontando.

Este 8M, las mujeres y todas aquellas personas dispuestas a clamar por una sociedad más equitativa y contra todo tipo de desigualdades y violencias contra las mujeres levantamos la voz para decir alto y claro: sobrevivimos en una sociedad estructuralmente desigual, las violencias machistas existen y se ejercen sobre las mujeres por el simple hecho de serlo, nuestros trabajos y tareas de cuidados ni se remuneran ni se reconocen. La justicia y las instituciones nos están fallando. 

Este 8 de marzo, ante la emergencia social, el feminismo es esencial.

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