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PENSANDO EN VOZ ALTA: DÍA DEL LIBRO

PENSANDO EN VOZ ALTA

DÍA DEL LIBRO

El pasado viernes, 23 de abril, se celebró el día del libro, como ‘casi’ todo el mundo sabe. Personalmente no soy muy amigo de “los días de” porque pienso, y así lo considero, los días tienen que ser los 365 del año, en todo. En mi caso, y en el de muchos otros, el día del libro son todos y cada uno de los correspondientes a cada año. Y si la cuestión, reitero, es el libro no puedo estar más de acuerdo con Ignacio Agustí, cuando dice: «No hay compañero más fiel y duradero que un buen libro». Es, el libro, una armoniosa melodía que siempre tendremos la posibilidad de escuchar a nuestro antojo. La página de un libro amado se nos abre siempre que lo necesitamos: nunca un libro tiene un gesto

de impudor o de rechazo. Su humor siempre es el mismo. Esta página amada está a todas horas allí escrita en un lugar de nuestra biblioteca. Nos está esperando, ya para toda la vida.

La contribución que aportamos un grupo de “locos” de todo lo relacionado con la literatura, desde hace nueve años, es la celebración del ELACT -el próximo año festejaremos la X EDICIÓN y queremos que sea inolvidable-. La semana pasada, los días 22, 23 y 24, hemos llevado a cabo la IX EDICIÓN y muchos asistentes han vuelto a casa, una vez más,con una bolsa de libros; libros donados por distintas editoriales nacionales y regionales.

En los días anteriores y posteriores al 23, en todos los barrios, millares de nuevos libros nos esperan. Es difícil elegir, entre estas pirámides de papel, el libro, los libros, que deben acompañarnos. ¿La elección debe estar previamente hecha cuando nos acercamos al vendedor? ¿Buscaremos en estas pilas de novedades? ¿Nos llamará la atención esta obra tan ricamente ornada, que será un pasatiempo en nuestras horas inciertas? Es igual. La cuestión es el libro. Un libro, como las gotas de agua, arrastra otro. Usted, que no compra libros, usted, a quien lo que le gusta es el cine o la televisión, puede comprar un libro. Ojéelo en su casa, pruebe a hincarle el diente, compren un libro útil, que no se pierda como un gesto benevolente. Compre un manual de “lo que sea” si “lo que sea” le interesa. Pero compre hoy un libro. Verá usted que bien le sabe la primavera. Llévese a casa un puñado de tinta, que es uno de los elementos químicos más fértiles de la historia de la humanidad.

¡Pero!, ¿cuándo nace el día del libro? El día 9 de febrero del año 1926, en su número 40, publica la Gaceta de Madrid, páginas 707 y 708, un Real Decreto en el que en su artículo 1º dice: «El día 7 de octubre de todos los años se conmemorará la fecha del natalicio del Príncipe de las letras españolas Miguel de Cervantes Saavedra, celebrando una fiesta dedicada al libro español». Quince son los artículos que componen dicho Decreto, el décimo quinto apunta, en su inicio, «La primera fiesta del libro español se celebrará el día 7 de octubre de 1926…». Firman el Decreto, el 6 de febrero de 1926, el rey Alfonso XIII y el Ministro de Trabajo, Comercio e Industria Eduardo Aunós Pérez.

Dicha fecha se mantuvo hasta su modificación, producida en 1930 (decreto de 7 de septiembre), por lo que la fecha inicialmente fijada 7 de octubre se traslada al 23 de abril, fecha de la muerte de Miguel de Cervantes. En Barcelona, donde se fraguó dicha fiesta, coincide con la celebración de San Jorge.

Como digo, en Barcelona nace la idea de la fiesta del libro español de la mano de Vicente Clavel Andrés (Valencia, 1888 – Barcelona, 1967) escritor, periodista, editor y traductor, fundador de la Editorial Cervantes. Su obra como escritor y traductor es muy amplia, así como su encomiable labor de promoción de autores hispanoamericanos. En 1918 se trasladó a Barcelona e instala su editorial en la Rambla de Cataluña. En 1923, con treinta y cinco años, es elegido vicepresidente primero de la Cámara del Libro de Barcelona y, es en este momento, cuando pone en órbita su ilusionada y terca iniciativa. En dicho año la “Memoria” de la Cámara trae una primera noticia: “Día del Libro español”. Vicente Clavel, en la junta de la Cámara de 25 de febrero de 1925 reitera su proposición. Por fin en 1926 su sueño se hace realidad. Siendo él, el redactor de los quince artículos del Real Decreto.

No obstante, los amantes de los libros ensalzaremos todos y cada uno de los días como día del libro  

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