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UN GALÁN EN LA CIUDAD

UN GALÁN EN LA CIUDAD

Hay momentos que simplemente son mágicos, se para el tiempo mientras ilusionada miras y observas a tu alrededor, descubres y aprendes, y te sientes arropada por personas que hace un instante llegaron a tu vida y sientes que siempre formaron parte de ella.

Bueno, más bien llegué yo a la suya. En una mañana de febrero, asomando la cabeza buscando a alguien con quien había quedado, y donde de repente me encontraba frente a otras tres personas que me hacía el gesto de “ únete a nosotros”.

Y entre ellos, estaba él, un hombre alto, robusto, “con buena planta”, como dicen por aquí. Su voz sonaba con eco en aquella sala de paredes altas y ventanas modernistas, impregnadas de arte, de aquel merecido homenaje que en aquel momento se le rendía a un grande del teatro cartagenero, Isidoro Máizquez. Y él, era la imagen propia de un galán de cine, de esa voz radiofónica o de doblaje del mejor actor de todos los tiempos. Junto a él una persona de aspecto entrañable, de pelo ondulado y cara dulce. Su voz era más aniñada, diferente, pero ambos hacían una pareja maravillosa. No hizo falta demasiado tiempo para descubrir que así era, que juntos, en el escenario, forman un tándem perfecto.

Nos despedimos después de compartir uno de esos momentos que sin darte cuenta quieres alargar, intercambiamos una palmada en la espalda, tímida y dubitativa, pues estábamos inmersos de lleno en una pandemia, y nos hicimos el regalo de dejar en nuestro teléfono grabados, esos números que serían el comienzo de algo muy especial.

Sí, lo sé. Os estáis preguntando, Eva, ¿se puede saber de una vez de quiénes estás hablando?

Pues del más bajito con el pelo ondulado y la voz más aniñada ya os conté muchas cosas bonitas y una historia de cine, José Salguero, director del Teatro El Desván.

Pero del protagonista de hoy, de él todavía no os he contado nada. Y no será porque en éste último año no hayamos compartido, y mucho, sino porque cada momento ocurre cuando tiene que ocurrir, así que hoy os quiero contar que tenemos un galán que recorre las calles de nuestra ciudad, un actor de los grandes. Del cine, del teatro, de la televisión. Pero ante todo, una persona generosa y extraordinaria que hace poco me abrió las puertas de su casa y me dejó acomodarme en su sofá, con la misma naturalidad que lo hago en el mío.

Manuel Llamas, amigo, que sepas que lo voy a contar todo de ti.

Era el momento por fin de tomar ese café, y bueno, la tarde elegida no era de las más apropiadas para salir de casa. ¿Recordáis aquellos días de cielos amarillos donde el viento soplaba casi huracanado? Ja, ja, pues sí, no había un alma por la calle, pero yo estaba allí, con el pelo revuelto tocando al timbre de la casa de Manuel.

Que te abra la puerta ese hombre corpulento, con esa voz envolvente…..Menos mal que yo ya lo había visto en pijama, actuando, por supuesto , con una camisa floreada y con otras vestimentas que le quitaban ese aspecto de juez imponente. Sólo pasaron dos minutos, y yo bien cómoda en aquel sillón y Manuel en el suyo, ya estábamos rebuscando entre esos recuerdos guardados en una carpeta de gomas desgastadas por el tiempo.

Me cuenta Manuel que lo suyo con el teatro fue un flechazo. Que cursando COU en Valencia, su ciudad natal, una compañera le regaló una entrada para una obra de la que nunca olvidará su nombre: “LOS BUENOS DÍAS PERDIDOS”, de Antonio Gala. Él no había estado hasta ese momento en el teatro, nunca, pero cuando se bajó el telón aquella tarde, supo que su vida estaba tomando otro rumbo. Y ni corto ni perezoso, al día siguiente reunió a un grupo de amigos con los que formó un grupo de teatro, el grupo TRIÁNGULO.

¿Y sabéis que con la segunda obra que representaron, este grupo teatral ganó el  segundo premio del Certamen Nacional del teatro juvenil? Está claro que cuando las cosas se hacen con ilusión, siempre salen bien. La ilusión, la emoción, la esperanza, el amor incondicional a lo que haces, son la fórmula perfecta para llegar al corazón de las personas.

Y entonces Manuel me enseña esos recortes de periódicos, y hay algo que observo con un cariño especial. Un folio escrito a máquina, del año 1.975, donde publicitan la obra, EL CASO DE LA  MUJER ASESINADITA, donde no le falta detalle, incluido el reparto. Fue su primera obra en su primer grupo de teatro, sí, TRIÁNGULO.

Y sí, voy a  hacer un inciso. Porque tener ese folio mecanografiado en mis manos, me llevó por unos segundos a ese lugar donde ellos se reunían, donde uno escribía con cuidado de no equivocarse en ninguna letra para evitar tachones, porque era una máquina de escribir, no lo olvidéis. Pude escuchar al que iba “dictando” los nombres de los personajes,  el sonido de la tecla del punto, tecleando una y otra vez para hacer esa línea con el número de puntos justos que habían calculado para que quedara perfecto. Quizás todos los que como Manuel y yo conservamos en casa una carpeta de cartón o una cajita de recuerdos, también hoy podréis sentir eso que cuento.

Y cuando el trabajo está bien hecho, pues ocurre que hay personas que se interesan por gente que merece la pena.

Y eso le ocurrió a Manuel, porque pronto tocaron a su puerta para proyectos como la obra que llevaba el nombre de “ NO”.¡Cincuenta actores en el escenario! Una obra de la que también guarda un recuerdo especial, de aquel año 1.976, donde en el desparecido  Teatro de la Princesa, y presentado por el Centro Regional de Teatro de Valencia, se quedó una de esas vivencias que nunca se olvidan.