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“Echarle el muerto a otro”, por Ramón Galindo

Y con esto poco a poco, ya muy avanzado el mes de noviembre y aún sin frío, han tenido que echar a volar los «falcones» esta vez sin su pasajero favorito. Y así, y como siempre tarde, despavoridos y faltos de ideas ha salido la avanzadilla ministerial para ver que es lo que pueden hacer. Es decir, nada excepto posar para algunas fotografías.
Evidentemente lo que está ocurriendo ahora en las Islas Canarias es un despropósito, no más desproporcionado del que tantos años llevamos sufriendo en las fronteras de Ceuta y Melilla, o en las playas de Andalucía y Levante. Pero tampoco es la primera vez que desde Las Palmas les han pagado un pasaje, los han subido en un avión y los han soltado a su suerte en cualquier aeropuerto peninsular con la manta y el kit, aunque ahora los retengan alojados en hoteles turísticos una temporada -no sin las consiguientes quejas de alguno de estos huéspedes por no haberle tocado habitación con vistas-.
En la antigüedad a eso se le llamaba «echarle el muerto a otro» por la responsabilidad que tenían los municipios, que cuando se encontraba un cadáver en su término eran los responsables de correr con los gastos fúnebres, y por ello cuando un finado aparecía y nadie o pocos lo habían visto, aprovechaban la noche para trasladar el cadáver a tierras del concejo o término municipal colindante.
Pero ahora es aún más recalcitrante, con luz y taquígrafos le echamos el muerto a otro y allá se las apañen, los unos y los otros.
Esto de pronunciarse en contra de la permisividad de la inmigración ilegal, en según que sectores está muy mal visto; pero sin embargo en estos tiempos que corren en los que los amigos y cómplices de los asesinos; los separatistas y los que desean borrar el castellano como lengua vehicular en las escuelas, se sientan en el Hemiciclo y son los que deciden, pronto le cambiarán el nombre, es posible que lo apostillen como movimiento migratorio, o sencillamente lo legalicen y se quedarán tan panchos. Como Zapatero y Sánchez cuando presumen que han acabado con ETA y lo que han hecho es pactar con ellos.
A Eliot Ness, el famoso agente especial norteamericano, que había arriesgado su vida y la de su familia en la lucha contra la mafia de las bebidas alcohólicas, donde también murieron algunos de sus hombres, cuando EE.UU acabó con le ley seca legalizando el alcohol, un periodista le preguntó: ¿Y ahora que va a hacer vd? Ness respondió: Tomarme una copa.
Y así como de costumbre, en la tarde del domingo, entre los aromas del café y el humo del habano, aprovecho este aún agradable solecito, para escribir estas letras con la única excusa de enviar un fuerte abrazo a amigos y familiares.

Ramón Galindo.

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