Opinión Deportes

La ‘nueva normalidad’ o punto de inflexión en Vallecas, por Guillermo Jiménez

La ‘nueva normalidad’ o punto de inflexión en Vallecas

Sale el Cartagena a punto por partido y es el 16 su número mágico. Posición decimosexta, óptima en la TGS (Tabla General de Salvación). Y dieciséis goles marcados ¿Qué más quieres, Baldomero? El 16 en los motes de la lotería es la Virgen del Carmen; el 78, La Cucaracha, lo que antes era la defensa del Efesé en algunos partidos mirados por un tuerto admirado como lo fue el general Mose Dayan; el 27, La Puñalá, lo que debe de sentir Marc Martínezen presente; el 11, El Clavel, adjudicado a Elady Zorrillo; el 25, El Cañón, el predilecto de Rubén Castro, en pausa goleadora, en proceso de reactivación; el 48, La Negra, lo que tiene el equipo de Borja con el VAR; el  26, El Pollo, el polaco Burka, portería a cero, excepto en dos penaltis; el número 40, La Campana si se gana al Espagnol de Barcelona el 2 de diciembreEn las terminaciones loteras populares no está La Tarjeta, que sería el número adoptado por David Andújar. El madrileño va a tener que salir al campo con los brazos amarrados al cuerpo con cordeles de esparto ciezano para no codearse con las blandas cabecitas de los jugadores contrarios. Porque, señoras y señores, o señores y señoras, estamos en la Liga de las Caídas Continuas. Cualquier roce da con el jugador en el suelo alfombrado de verde de los estadios. La gobernanza de los partidos desde las nuevas normas hace que se líen los jugadores, los árbitros marionetados por el diabólico VAR. Esto ya no es lo que era. Los clásicos aficionados nos morimos de hambre de fútbol de choque, recio, fuerte. Pero es más complicado quitarse el tabaco que el fútbol.

Cuando el alumbreño Juan Hernández Nicolás apretaba los dientes en la defensa del Efesé de finales de los 50, y entraba al delantero mordiendo y a por uvas en El Almarjal, temblaban los cimientos. O cuando Juan Gutiérrez, el Guti, pequeñito y con las piernas arqueadas pero matón, le decía al contrario: «Ten cuidado, que de aquí no pasas, por mis muertos, kabrón». In illo tempore el dorsal 7 Simarro de la UD Cartagenera de Manuel Alfaro Manolete o de Rubio Meliá, conocido por el Bicicleta,  corría sorteando a quien pillara por el camino. Entonces, cuando también jugaba el portero heladero Paco Verdú, el abuelo de Gonzalo Verdú (hoy en el Elche)   se saltaba por la pelota, a comérsela,  con ímpetu y marcialidad de legionario  de Gador y pocos futbolistas morían en el intento de llevarse el balón. Hoy cualquier choque con los codos en alto es castigado con severidad y si nos descuidamos llaman al 061. El juego se interrumpe una barbaridad. Se lo tienen que pensar los lumbreras de las nuevas normas para cambiarlas cuanto antes y hacerlas asumirlas.

El fútbol novedoso y acaramelado,  tecnificado y de precisos y preciosos controles de pelota, de magreo de hoy, de triangulaciones a cuatro por dos segundos, cambios de orientaciones, desmarques y apoyos es otra cosa; el juego de pizarra, de tele-tele y más tele-tele a todas horas, donde el futbolista se engomina la cabellera o el que no se la rapa a la altura de las orejas o se hace tatu ar hasta las uñas de los pies. Son cosas que hay que admitir, como también que Borja aprobó en Vallecas el examen de salir a por el partido y no se lo trajo de milagro para el Rayo, un equipo agarrado con chinchetas  a un puesto de playoff para el ascenso a Primera, un paraiso  en el que ha estado dieciocho años, una mayoría de edad.  Borjita sumó un punto de platino y el único debate por dirimir es si Marc Martínez jugará el 16 de diciembre la Copa en el Pasarón de Pontevedra ante el equipo de Mariano RajoyBreis (primo lejano de nuestro Breis). El ex presidente, que ya ha apuntado en su agenda presenciar el duelo (en el palco, como distinguido recaudador de la Propiedad) animará a los granate con una pancarta con la gaviota pintada. No creo que haya que organizar un referéndum popular para saber si Burka es ya titular fijo de obra o si Marc puede reivindicarse.

De momento, Burka confirma que es más que un mero portero (21 años) larguirucho que atesora serenidad y frialdad con el balón en los pies, y además se coloca bajo palos como la Pilar se colocó como una de las trescientas asesoras del cínico Ábalos en un Ministerio en el que dice lo que dice y nadie sabe lo que ha querido decir de lo que ha dicho. Me expreso. Pero, bueno  ¡bendita diatriba tener la puerta del Efesé muy bien cubierta!

UN RAYO CON MUCHA CHISPA EN VALLECAS

Los del Rayo no eran, ni son, ni va a ser unos piernas en la Liga, son prácticos, eficaces por lo general y poco circenses aunque tienen su sede y el estadio en calle Payaso Fofó. Sepamos que de 18 puntos disputados en casa, antes del 0-0 frente al Cartagena, sumaron doce. Triunfos ante Sabadell (2-1), Málaga (4-0), 1-0, Espagnol, cuando el visitante era líder; 2-0 al Fuenlabrada, y solo perdieron contra el Almería (0-1). Así que el tal Borja, masacrado por sus salidas estratégicas y rotaciones de pata de banco, pecado de juventud, puede sacar pecho como lo saca ufano un día sí y otro también el míster murcianista Adrián Hernández, un producto de puro marketing promocionado generosamente  por La7. Sale más el huertano que el jefe supremo Mendoza en Popular TV que ya es un decir.

Y si el Efesé pudo hasta vencer al Rayo, y mojarle la oreja con hidroalcológico de 70, y también perder) el empate en este caso es un marcador motivante para que todo el mundo piense que si los mosqueteros de la defensa manejan bien el florete y la flor del sosito y tímido Borja, buenísimo chaval,  el de las manos frías que siempre las tiene metidas en los bolsillos,  pone el resto con una táctica certera (letal para los otros) con objeto de que los periquitos, con carrerón de ochenta y cinco campañas en Primera, no puedan piar a su antojo en el estadio Cartagonova y se queden sin alpiste, se les puede ganar.

¿Por qué he escrito líneas arriba que Borja es tímido? Porque este fue el saludo lacónico a su colega del Rayo el otro día, justo antes del partido: «Hola, Iraola». 

Y del VAR, bueno, es que ya no quiero hablar.

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