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Montanaro: ANSIEDAD Y ZOZOBRA

ANSIEDAD Y ZOZOBRA

Una roca polvorienta servía de aposento a dos figuras extenuadas, arrugadas e incluso, algo surrealistas…, un montículo donde se dominaba un mar de polvo resquebrajado donde hacia décadas emanaba vida. A pesar de lo difícil que era establecer una edad, la estatura sobresaliente determinaba al orador, éste relataba una historia con la mirada lánguidamente perdida, el más pequeño observaba la calva y arrugada figura con una mueca de incredulidad.

¿Que era eso tan extraño que a pesar de verlo en antiguas fotografías nunca había visto?

Había parques circundados por árboles, las casas se rodeaban de hermosos jardines y.…-esbozaba una triste sonrisa el anciano- disfrutábamos del refrigerante baño por largos periodos de tiempo. Nuestro baño hoy se limita a un desalado paño húmedo. La frágil higiene nos ha hecho abandonar aquellos cabellos que adornaban los bellos rostros femeninos, salpicados por el viento de fresca hermosura.

El baño en las presas era una delicada actividad para los del interior, los de la costa disfrutaban de largos periodos veraniegos, cada vez más largos…, que dicha…, aquí me he bañado hace escasas décadas, esa alta pared aguantaba las toneladas de agua fresca y azul…-remarcaba- que engalanaban nuestra vida, llovía a veces con furia y se transformaba en tragedias naturales…, aquí fueron numerosas y caóticas.

Ignorábamos entonces a aquellos estúpidos mensajes que nos bombardeaban con sus anuncios alarmantes de la falta de agua, del tenebroso futuro que el Medio Ambiente nos deparaba, aquel que generaciones anteriores cuidaron y las ultimas esquilmaron.

En esta inmensa tierra desértica que forman nuestro paisaje se extendía una inmensa laguna natural salada al que veníamos a pasar los domingos. La irresponsabilidad de mis adultos y luego la mía me depara este impensable relato digno del más fantasioso guión de cine. La muerte nos ataca desde lugares insospechados, las enfermedades rutinarias que un simple ungüento detenía y sanaba ayer, hoy nos produce hasta la propia muerte si ésta… no se encuentra en plena calle o cerca de algún trasnochado charquerío que la autoridad defiende como ultimo signo de vida. Vienen a la memoria, ansiadas hoy, campañas nutrirías sobre alimentos frescos, los chistes que se hacían por beber dos litros de agua al día.

Decían que la ficción superaba a la realidad, representada en esas películas que hoy podían ser de esta década, 2055, que estúpidos, solo el hombre es capaz de vivir en su propia majadería, en su propia ignorancia, creíamos que podíamos fabricar agua…, el más joven curioseó, papa ¿Por que no la guardasteis para nosotros? Decía el anciano de no más de 50. Porque éramos soberbios y a pesar de ser muy inteligentes éramos puros ignorantes, y gracias a esa ignorancia elegimos a los más abrupto de nuestra clase política para que nos dirigieran y gestionaran allá, hace 30 años, en esta región de levante gobernaba lo mas inútil e inepto de la clase política española, y así perdieron una entrañable laguna única en Europa, fue el inicio de lo que hoy vivimos, el Mar Menor, su incompetencia hacia que solamente se insultaran y hacían dejación de funciones entre la región, el país y la ciudad, en Cartagena la incompetencia tampoco era menuda, un partido apátrida ideológicamente y otro derivado de la especulación del virreinato murciano del PP dejaron que un cantamañanas los usara en su beneficio y todos querían chupar del bote, los que estuvieron la jodieron, los que vinieron lo destrozaron y los que no terminaban de irse lo asolaron, por si esto fuera poco, el carácter dictatorial bolivariano de un gobierno central déspota, soberbio y hasta demagógicamente dictatorial formado por un grupo de parásitos oscarizados terminaron de acabar con nuestras esperanzas, eran tiempos convulsos que no supimos gestionar.

-Andrés Hernández Martínez-

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