Rincón literario de Paco Marín

Rincón Literario de Paco Marín: “La última vez que fue ayer”

TÍTULO:     La última vez que fue ayer

AUTOR:      Agustín Márquez Díaz

EDITA:       Candaya (2019)

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 14 x 21 cm. Número de páginas: 160. PVP: 15,00 €. ISBN: 978-84-15934-64-6

Lo primero que tengo que anotar es que me es muy difícil englobar La última vez que fue ayer en un género concreto. Narrativa…si, ¡pero!

Paseamos por un barrio cualquiera, nos cruzamos con sus moradores, observamos el palpitar de la vida, sus virtudes y sus defectos. Virtudes y defectos que nos hacen reflexionar y que no dejarán indiferente a nadie.

Una pregunta: ¿El progreso, a nivel humano, a nivel personal, a nivel de relaciones vecinales, es siempre bueno?

Muchas y variadas son las preguntas que cada lector se hará… como variada es la trama.

El atropello de Chico B, un acontecimiento demasiado habitual en el entorno hostil donde transcurre la novela, es el detonante de un cambio en los dos protagonistas de esta historia: el narrador y el barrio. Esta dolorosa muerte avivará un recuerdo que el narrador creía tener sepultado y bajo control en lo más hondo de su memoria, y acelerará a la vez la transformación del barrio. En aras de ese dudoso espejismo de la prosperidad y el progreso (que rescató a algunos, pero que también arrolló a muchos), las calles, los negocios y las viviendas empezarán a cambiar, y con ellos los personajes que los frecuentan y habitan.

Narrada en primera persona, con un estilo directo y voluntariamente aséptico, La última vez que fue ayer tiene algo de crónica íntima de unos de esos barrios periféricos de nuestras ciudades, castigados por la miseria, el deterioro y la violencia. Pero es además la historia de unos jóvenes confundidos y olvidados que, entre trapicheos, obsesiones y sueños, intentan sobrevivir y ser felices. Y es también el emocionado retrato de unos cuantos personajes extraños que les proporcionan algo parecido a la ternura: un camello aficionado a los canarios, un chico obsesionado con el fuego o un chucho llamado Mazinger que vagabundea por el barrio.

Tomen La última vez que fue ayer entre sus manos y relájense porque no es una lectura cualquiera. Es una lectura para que vayamos mirando en nuestro interior y reflexionemos tranquilamente volviendo nuestra mirada al pasado, nos situemos en el presente y pensemos en que se convertirá todo lo que nos rodea día a día en un futuro.

Agustín Márquez Díaz (Madrid, 1979). Es ingeniero de Telecomunicaciones y cursa estudios de investigación en Arte, Cultura y Literatura. Ha participado en diversas antologías, entre ellas Versos en el aire (2014), Taxi!!! (2015) o Los 52 golpes (2018). En 2016, creó, con otros dos socios, la editorial La Navaja Suiza. La última vez que fue ayer es su primera novela.

Una auténtica delicia charlar con Agustín Márquez… Gracias…

P.- Por favor, presente a Agustín Márquez. 

R.- Agustín Márquez es una persona que vive de las ciencias, pero que vive para las letras.

P.- ¿Qué es más complicado ser escritor o ser editor? 

R.- La de escritor es una faceta más solitaria, aunque a mí, personalmente, que trabajo cada día con personas y que cuando llego a casa hay dos personillas que no paran de brincar y gritar, es algo que agradezco. Aunque, por otro lado, es más complicado sacar tiempo para escribir, porque, al menos en mi caso, requiere más concentración y más pausa mental. No obstante, lo complicado hoy en día es querer ser parte de la cultura, ya sea literatura, cine, teatro, música…; cada día es más difícil mostrar que la cultura tiene no solo su parte de entretenimiento sino también útil, porque,aunque nos guste o no vivimos en una época en la que si algo no es útil es descartado.

P.- Desde su doble faceta ¿a quién entiende mejor… al editor o al escritor? 

R.- Entiendo a las dos partes, y no lo digo por ser diplomático, sino porque entiendo al escritor que ha estado durante varios años (en la mayoría de los casos) dando forma a un proyecto y que no deja de ser parte de él; pero, por otro lado, el editor es el que invierte no solo su tiempo también su dinero, y editar un libro con la calidad que merece es costoso. 

P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace La última vez que fue ayer

R.- La última vez que fue ayer nace de una mudanza (creo que emigración es una palabra que no se debe usar de manera trivial). Me mude de mi barrio de toda la vida en Leganés a un barrio de otra población. Cuando volvía a mi barrio cada fin de semana, porque toda mi familia continúa viviendo allí, me di cuenta de cómo había cambiado el barrio. Esto puede resultar curioso, pero uno no se da cuenta de los cambios que se producen en su entorno, incluso en uno mismo, con el día a día, porque esos cambios cotidianos impiden que veamos los cambios sustanciales. Por eso, quise escribir cómo había cambiado el barrio, porque esos cambios me causaron no solo anhelo sino también preocupación. Por supuesto, cuando digo el barrio no solo me refiero al espacio físico, sino también a las personas que lo habitan, ya que los espacios impactan en las personas y viceversa.

P.- ¿Contiene vivencias personales? 

R.- No hay vivencias personales de manera premeditada, aunque como hay diversos personajes existen vivencias que coinciden con algunas que me ocurrieron a mí. Pero una de las cosas que tenía clara cuando comencé a escribir la novela es que no quería que fuese una historia autobiográfica. Si existe algo personal no son las vivencias, sino el barrio, no en el sentido como que el barrio de la novela es mi barrio, pero sí lo es ese concepto de barrio de finales de los 80 y principios de los 90.

P.- ¿Cómo ha influido las urbanizaciones en la «niñez» y en las «relaciones vecinales»? 

R.- Creo que las urbanizaciones nos han hecho (o nos están haciendo) más asociales. Ahora en las urbanizaciones casi no te cruzas con los vecinos, subes por el ascensor de tu plaza de parking a tu casa. Antiguamente te cruzabas con los vecinos en las escaleras, en el trecho que iba desde el lugar donde habías aparcado el coche a tu casa. Pero creo que ha influido más los centros comerciales, algo que llegó al mismo tiempo que las urbanizaciones (y que también aparece en la novela), ya que antes la gente compraba en los mercados y las tiendas de barrio. Ahora vamos a comprar a centros comerciales donde no conocemos ni a los que están comprando ni al que está vendiendo.
Todo esto hace que como padres seamos más desconfiados con las personas que, cuando vamos al parque por ejemplo, dicen algo a nuestros hijos o intentan jugar con ellos, así que supongo que nuestros hijos serán más asociales y más desconfiados con la gente (sin entrar en temas de la tecnología, que no tiene la culpa de todo, como a veces se quiere hacer ver).

P.- ¿Qué diferencia hay entre normal y común? 

R.- Cuando algo se da de manera frecuente se convierte en común. Y cuando algo es común se da por hecho, se «naturaliza», se convierte en normal, se normaliza. Sin embargo, esto a veces suele tener efectos negativos, porque algo que sea muy común no tiene por qué normalizarse.

P.- ¿En qué género engloba a su novela? 

R.- Siempre he creído que la cultura tiene que tener compromiso con la reflexión, con lo estético, pero también con lo social. Sin embargo, no considero que mi novela sea social, porque el tema principal del libro (que es cómo el barrio y los personajes cambian) no es uno de los grandes temas sociales como tal, sino que el tema de ese compromiso social del que hablo está subterráneo en la novela. Tampoco la considero una novela generacional, simplemente que para contar lo que quería contar tenía que ser en ese periodo de tiempo y en ese espacio. Me gustaría que la novela se vea como una novela reflexiva.

P.- ¿Cuáles son sus géneros y autores favoritos? 

R.- Leo todo tipo de género, aunque es cierto que quizás sea más lector de narrativa realista y de autores que se engloban dentro del posmodernismo (aunque no me gustan las etiquetas). No me gusta dar nombres porque luego siempre me acuerdo no haber nombrado a algún autor o autora y me da rabia.

P.- Como lector, prefiere: ¿libro electrónico, papel o audio libro? 

R.- Papel, me gusta no solo leer libros sino también coleccionarlos, y eso con los libros electrónicos y el audio libro…

P.- ¿Qué está leyendo ahora mismo? 

R.- Ahora mismo estoy releyendo nuestro próximo título, que sale en unos días, El mar indemostrable, de Ce Santiago, una novela que tiene mucho de lo que comentaba anteriormente, de realista y de posmoderna; y El cuaderno perdido, de Evan Dara, una magnífica obra de un autor bastante desconocido, que gracias a la labor de Palido Fuego hoy podemos disfrutar. 

P.- ¿Qué manías tiene a la hora de escribir? 

R.- No soy muy maniático, aunque sí me gusta dejar siempre inacabado aquello que estoy escribiendo ese día, ya que así continúo con lo que estoy escribiendo en la cabeza y alargo mis horas de «escritura».

P.- Relate alguna curiosidad literaria personal que le haya ocurrido y no ha desvelado hasta ahora… si la hubiere. 

R.- A raíz de la presentación de La última vez que fue ayer en Jaraicejo, que es el que considero mi pueblo, surgió la oportunidad de crear un club de lectura que hasta el confinamiento hacíamos cada mes. Hemos leído hasta ahora, aparte de La última vez que fue ayer, Nuestra piel muerta (Natalia García Freire), Los cuerpos partidos (Alex Chico), Matar a un ruiseñor (Harper Lee), y el 29 de agostocomentaremos Campo de amapolas blancas (Gonzalo Hidalgo Bayal). Lo bonito del proyecto no solo es que nunca había imaginado que podría ser partícipe de un club de lectura en Jaraicejo, y por lo que estoy, y estaré, eternamente agradecido, sino que también intentamos contar con los autores para el club, y hasta ahora todo ellos han participado o van a participar. En el caso de Matar a un ruiseñor, que por motivos obvios no podía estar la autora, estuvo con nosotros Eva Boj, que si hay alguien que sepa de la novela y de su autora es ella.

P.- Venda su libro ¿por qué hay que leer La última vez que fue ayer

R.- Me gustaría que la gente lea La última vez que fue ayer porque, aparte de que es una novela de lectura sencilla y amena, cargada de acciones y diálogos, con la que recordar, o conocer, como fueron el final de los 80 y el principio de los 90, me gustaría saber la opinión de las personas que lo lean acerca de la reflexión que puede surgir cuando se llega al final de la novela. Como comentaba, no solo me preocupa la parte estética o social, sino también la parte de reflexión (en este caso social y económica). Para mí es fundamental que una obra haga reflexionar y no que exprese la reflexión de un personaje o, a veces, del autor. Si no consigo que la persona que lo lea disfrute de la lectura, se entretenga, y que además provoque en ella una reflexión, no diré que será un fracaso, porque es una palabra demasiado fuerte, pero sí diré que me quedará una espinita clavada.

P.- Sus planes a corto y medio plazo ¿son? 

R.- Tengo el grueso de un nuevo proyecto escrito. He pasado desde el confinamiento hasta ahora, como la mayoría de las personas, sobreviviendo a la situación, para lo cual he leído mucho. Ahora voy a retomar de nuevo el proyecto, del que todavía no puedo hablar demasiado porque está tomando forma.

 

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