Una familia de Cartagena denuncia ocho meses sin ascensor para dos personas dependientes: "Están prácticamente atrapadas en su casa"
Una familia denuncia ocho meses sin ascensor para dos personas dependientes: "Están prácticamente atrapadas en su casa"
Una familia ha querido hacer pública la situación que lleva sufriendo desde hace ya ocho meses debido a la avería del ascensor exterior de la comunidad donde residen sus padres, una circunstancia que está afectando gravemente a la calidad de vida de dos personas mayores y dependientes.
El ascensor, cuya empresa de mantenimiento es Orona Pecrés, permanece fuera de servicio desde el 25 de diciembre de 2025. Desde entonces, según denuncia la familia, todas las gestiones realizadas para solucionar el problema han resultado infructuosas.
La situación reviste una especial gravedad por el estado de salud de los afectados. El padre tiene reconocido el Grado III de Dependencia y padece Alzheimer, demencia y una importante limitación de movilidad en las piernas. Su madre también presenta dificultades para desplazarse y necesita ayuda diaria para bajar las escaleras con un andador.
"Cada vez que tienen que salir de casa supone un enorme esfuerzo físico y un riesgo que no deberían verse obligados a asumir", explica la familia.
Según relatan, durante estos ocho meses varios técnicos de la empresa han acudido al edificio para revisar la instalación, pero la respuesta ha sido siempre la misma: "Falta una pieza y hay que pedirla".
La familia asegura que ha agotado prácticamente todas las vías para intentar resolver la situación. Han presentado reclamaciones ante Consumo, se han dirigido al administrador de la finca y han trasladado numerosas quejas a la empresa de mantenimiento. Sin embargo, afirman que la respuesta no ha variado y el ascensor continúa sin funcionar.
"Lo que no logramos comprender es cómo es posible que, después de ocho meses, nadie haya sido capaz de identificar definitivamente qué necesita el ascensor para volver a funcionar. Nos cuesta creer que una avería pueda prolongarse tanto tiempo sin que un técnico especializado o un ingeniero encuentre una solución", señalan.
Mientras tanto, los dos ancianos permanecen prácticamente confinados en su vivienda, dependiendo constantemente de familiares o terceras personas para realizar algo tan cotidiano como salir de casa para acudir a una consulta médica, realizar gestiones o simplemente dar un paseo.
La familia insiste en que su objetivo no es perjudicar a nadie, sino conseguir que la situación se resuelva de manera urgente.
"Escribimos movidos por la desesperación. Solo queremos que el ascensor vuelva a funcionar y que nuestros padres recuperen una mínima calidad de vida y la autonomía que hoy les ha sido arrebatada por una avería que dura ya más de ocho meses", concluyen.
Los afectados aseguran disponer de toda la documentación que acredita los hechos, incluidas reclamaciones presentadas, comunicaciones mantenidas con la empresa, informes y fotografías, y se muestran dispuestos a aportarla para demostrar la situación que vienen denunciando.
Carta abierta de la familia afectada
Nunca imaginé que el mayor problema de mis padres, con 86 y 81 años, sería no poder salir de su propia casa»
Ocho meses sin ascensor: la historia de una familia que solo pide recuperar la normalidad
Cartagena, agosto de 2026
Una carta abierta
Mi nombre es Antonio y escribo estas líneas no movido por el enfado, sino por la desesperación.
Nunca imaginé que el mayor problema de mis padres, con 86 y 81 años, sería no poder salir de su propia casa.
Para la mayoría de las personas, un ascensor es simplemente una comodidad.
Para mis padres, es su única forma de entrar y salir de casa con seguridad.
Por eso he decidido contar nuestra historia.
No para buscar culpables.
No para generar polémica.
Simplemente porque, después de ocho meses, sentimos que ya no nos queda otra opción que pedir ayuda para que alguien escuche lo que estamos viviendo.
El comienzo de un calvario
Todo comenzó el 25 de diciembre de 2025.
Mientras la mayoría de las familias celebraban la Navidad, el ascensor exterior del edificio donde viven mis padres dejó de funcionar.
Aquel día pensamos que sería una avería puntual.
Que en unos días todo volvería a la normalidad.
Jamás imaginamos que esa avería acabaría prolongándose durante meses.
El pasado 25 de julio de 2026 se cumplieron ocho meses desde aquel día.
Y hoy el ascensor continúa sin funcionar.
Con la llegada del mes de agosto y el periodo vacacional, nuestro temor es que esta situación siga alargándose todavía más.
Detrás del ascensor hay dos personas
Mi padre tiene 86 años.
Tiene reconocido oficialmente un grado de dependencia 3 ( gran dependiente): alzheimer y demencia) y necesita una silla de ruedas para desplazarse.
Mi madre tiene 81 años y también padece diversos problemas de salud que limitan considerablemente su movilidad.
Cuando uno es joven, subir unas escaleras puede ser un esfuerzo.
Cuando se tienen 86 años, dependencia y una silla de ruedas, esas mismas escaleras pueden convertirse en un obstáculo casi imposible.
Eso es exactamente lo que llevamos viviendo desde hace más de ocho meses.
Lo que ha cambiado en sus vidas
Desde que el ascensor dejó de funcionar, cosas tan normales como bajar a la calle, acudir a una consulta médica o simplemente salir a tomar el aire han dejado de ser gestos cotidianos.
Cada salida requiere planificación.
Cada desplazamiento supone una preocupación.
Cada escalón se convierte en un riesgo.
Lo más duro no ha sido únicamente la avería.
Lo más duro ha sido ver cómo mis padres han ido perdiendo poco a poco una parte de su autonomía.
Y comprobar la impotencia de no poder ofrecerles una solución.
Febrero: los días más difíciles
El mes de febrero fue especialmente duro.
Mi padre tuvo que acudir en varias ocasiones al Servicio de Urgencias.
Cada vez que había que bajarlo del edificio comenzaba una auténtica angustia para toda la familia.
No era únicamente el esfuerzo físico.
Era el miedo constante a que pudiera sufrir una caída.
A hacerle daño.
A que ocurriera una desgracia.
En esos momentos uno deja de pensar en averías.
Solo piensa en proteger a sus padres.
Ocho meses esperando
Durante todo este tiempo no hemos permanecido de brazos cruzados.
Hemos realizado llamadas.
Hemos enviado correos electrónicos.
Hemos mantenido numerosas conversaciones con la empresa encargada del ascensor.
Hemos presentado reclamaciones.
Hemos esperado pacientemente.
Confiando siempre en que la siguiente llamada sería la definitiva.
Sin embargo, la solución nunca terminaba de llegar.
Mientras tanto, la comunidad de propietarios ha continuado pagando puntualmente una importante derrama destinada a la reparación del ascensor.
Los vecinos han cumplido con sus obligaciones.
Nosotros únicamente esperábamos que la reparación también llegara a buen término.
¿Por qué hacemos pública esta situación?
Porque creemos que ocho meses es un tiempo excesivo para que dos personas mayores continúen viviendo esta situación.
Porque sentimos que ya hemos agotado todas las vías a nuestro alcance.
Porque no queremos que ninguna otra familia tenga que pasar por lo mismo.
Y porque detrás de una avería no hay únicamente un ascensor parado.
Hay personas.
Hay mayores.
Hay familias.
Y hay una dignidad que merece ser protegida.
Lo único que pedimos
No pedimos un trato especial.
No pedimos privilegios.
No buscamos enfrentamientos.
Solo queremos que mis padres recuperen algo que la mayoría damos por hecho:
Poder entrar y salir de su casa con normalidad.
Poder acudir al médico sin miedo.
Poder vivir con la tranquilidad que merecen a su edad.
Eso es todo.
Cronología de los hechos
25 de diciembre de 2025
El ascensor exterior del edificio deja de funcionar.
Enero de 2026
Comienzan las comunicaciones con la empresa y las primeras gestiones para intentar solucionar la avería.
Se presenta una reclamación ante la Oficina Municipal de Información al Consumidor.
Febrero de 2026
Mi padre tiene que acudir en varias ocasiones al Servicio de Urgencias.
Las dificultades para trasladarlo por las escaleras agravan enormemente la situación.
Marzo – Julio de 2026
Se suceden llamadas, correos electrónicos y conversaciones con la empresa, mientras la comunidad continúa abonando la derrama aprobada para la reparación.
25 de julio de 2026
Se cumplen ocho meses desde la avería.
El ascensor continúa fuera de servicio.
Agosto de 2026
La preocupación aumenta ante la posibilidad de que las vacaciones retrasen aún más una solución que ya llega demasiado tarde.