Efemérides de Juan Manzanares García del 14 de agosto

Juan Manzanares

14 AGOSTO

Incorporamos a las Efemérides de hoy una somera explicación de algún hecho, algún personaje, alguna institución o, alguna construcción, siempre relativa a Cartagena. Hoy: Miguel Lobo y Malagamba.

 

EFEMÉRIDES DE CARTAGENA DEL 14 DE AGOSTO

©Juan Manzanares García

-1562. Acuerda el Cabildo de Cartagena que se establezca un libro de privilegios y escrituras (un libro de registro de documentos) para tener constancia de todo ya que, la mayoría de los documentos y escrituras estaban en posesión de particulares y escribanos.

-1586. Se acuerda por el Ayuntamiento sancionar penalmente a los vecinos que dejen sueltos a los puercos por las calles de la ciudad, con la pérdida del animal y un ducado de multa por cada animal suelto.

 

 

-1600. Se recibe en Cartagena una Orden Real para que el capitán de infantería Don Luis Ortiz del Río establezca una milicia. Contesta el Ayuntamiento a Su Majestad que, en esta ciudad no era necesaria tal milicia porque sus vecinos estaban todos armados y dispuestos para defender, no sólo a su ciudad, sino también a sus costas. 

-1602. Por cuenta del Ayuntamiento se envía a la gente que hay en el Estacio vigilando para que no desembarquen los piratas argelinos, dos mil panes, vino, queso, arroz, aceite, ajos y cebada.

-1611. A petición de los frailes del convento de San Ginés, se empieza a preparar el camino que va de Cartagena a dicho convento para evitar los muchos vuelcos que ocurren todos los días de carros, que no llegaban a su destino.

Convento de San Ginés.

-1759. El Ayuntamiento de Cartagena, teniendo en cuenta las molestias que ocasiona a los vecinos el transporte de yeso al descubierto, acuerda que, en adelante lo lleven en sacos.

-1821. Se amotina el pueblo, juntamente con los trabajadores de la Maestranza del Arsenal, oponiéndose que vuelvan a ocupar sus destinos algunos sujetos que habían sido desterrados por sospechosos. Los amotinados recorren las calles cantando canciones patrióticas ante las casas de las autoridades, viéndose obligadas a suspender la orden del Gobierno ante la actitud del pueblo.

-1873. El contralmirante centralista Lobo y Malagamba se presenta en la bocana del puerto con los vapores Cádiz, Colón y Lepanto ondeando su insignia en el primero e intentando entrar en la dársena de Cartagena. Las baterías del Castillo de Galeras sólo tuvieron que hacer dos disparos que dieron de lleno en el puente del vapor Cádiz. Ordenó el contralmirante virar y marchar a toda máquina en dirección a Alicante teniendo que ser remolcado el vapor Cádiz por el Colón y el Lepanto.

Lobo y Malagamba.

Miguel Lobo y Malagamba nació en San Fernando el 26 de noviembre de 1821, falleciendo el 5 de abril de 1876. Contraalmirante de la Armada.

Hijo de Manuel Lobo y Campo, brigadier de la Armada, caballero de la Orden de Alcántara y director del Colegio Naval de Guardias Marinas, y de Juana Malagamba Guarderas, de ilustre familia andaluza, pronto sintió la atracción de la carrera de la mar, en la que servían o habían servido tantos miembros de su familia. Después de aprobar los exámenes en el departamento de Cádiz, fue nombrado guardia marina (26 de mayo de 1835), cinco años después que su hermano Ramón José.

-Los empleos subalternos los pasó navegando por todos los mares, lo que contribuyó al desarrollo de sus notables cualidades innatas. En el bergantín Jasón, marchó a la costa del Cantábrico, donde la Primera Guerra Carlista estaba en todo su apogeo, y se encontró en diversas operaciones de guerra: en la toma del puerto de Pasajes, en el levantamiento del sitio de Bilbao, cooperando al transporte del ejército del Norte a San Sebastián y Santander, guarneciendo la torre del convento de la Antigua con un destacamento de la dotación y en un reconocimiento nocturno del puerto de Pasajes; todo ello con gran celo y actividad. Después de estar un mes en aquellas tierras, volvió al Jasón, ahora mandado por José María Bustillo, y una vez terminado el tercer sitio de Bilbao y tomados Hernani, Irún y Fuenterrabía, regresó en él a Cádiz. Salió de este puerto para La Habana al año siguiente y en este apostadero embarcó en la fragata Esperanza y luego trasbordó al navío Soberano, que le restituyó a la Península, fondeando en la ría de Ferrol el 2 de abril de 1838. A bordo del vapor Isabel II, que mandaba Baltasar Vallarino, volvió a la costa cántabra interviniendo en las operaciones de Ondárroa y Motrico; en el apresamiento de varias lanchas sobre Bermeo y en otros puntos ocupados por los carlistas, hasta que, firmado el Convenio de Vergara, y por desarme de aquellas fuerzas navales, regresó a Cádiz a fines de año, ya ascendido a guardia marina de 1.ª Clase (1839). Al año siguiente, pasó destinado al apostadero de La Habana y allí, después del examen reglamentario, fue promovido a alférez de navío (1841). Embarcó sucesivamente en la fragata Isabel II, bergantines Marte y Laborde y, tras un mes de licencia por enfermedad, mandó la goleta Clarita, navegando por aguas del Caribe.

-Al ascender a teniente de navío (1845), regresó a la Península y embarcó en la fragata Isabel II, con la que hizo varias navegaciones frente a las costas de Galicia y Portugal en unión de las corbetas Colón y Villa de Bilbao, que formaban la división del brigadier José María de la Cruz y Moya, del que fue oficial de órdenes. Una vez pacificado el reino lusitano, volvió a Cádiz a mediados de septiembre de 1846. Embarcado en el vapor Reina de Castilla, pasó a Filipinas nombrado para mandar el vapor de ruedas Magallanes, que se encontraba en Manila (1847), con el que recorrió aquel vasto territorio y participó en el asalto y toma del muy bien fortificado fuerte Sipac y de otros tres fuertes más que tenían los piratas en la isla de Balanguingui, centro y madriguera de la piratería malaya, integrado en la división naval del brigadier Juan José Ruiz de Apodaca. Rescataron en esta operación sesenta y seis cañones y un inmenso botín. Obtuvo por su actuación la Cruz de Marina de la Diadema Real.

-En febrero de 1850, tras un breve permiso en Madrid por enfermedad, se le destinó de nuevo a La Habana, donde, de dotación de la fragata Cortés, navegó por el mar de las Antillas. Regresó a Cádiz en diciembre de ese año y durante dos meses se encargó de los guardias marinas del arsenal; el resto de 1851 fue comandante del bergantín Patriota, que pasó largo tiempo de estación en el puerto de Lisboa. Al año siguiente embarcó en el navío Soberano y fue nombrado oficial de órdenes de la división naval del Mediterráneo, que mandaba el brigadier Joaquín Gutiérrez de Rubalcava, hasta que, disuelta la división, fue nombrado comandante de la corbeta Mazarredo (1854), con la que navegó por el Mediterráneo los años siguientes, siéndole agradecidos los servicios prestados durante los lamentables sucesos que tuvieron lugar en Barcelona del 18 al 22 de julio de 1856. Al ser nombrado 2.º ayudante de la Mayoría General de la Armada (13 de diciembre de 1856), entregó el mando y se trasladó a Madrid.

-Ya con el empleo de capitán de fragata (1857), se trasladó a Francia para comprar las dragas de vapor que iban a utilizarse en la limpieza de los caños del arsenal de La Carraca. Entre tanto, se le concedió la Cruz de San Hermenegildo. Después, en 1859, marchó a Londres para establecer la Comisión de Marina que debía adquirir buques de hélice para la flota española. Propuso también al Gobierno la compra del Great Eastern. Este año, el gobierno del general O’Donnell adquirió nueve transportes; eran los años de la Unión Liberal, que dio a la política cierta estabilidad. A su regreso a España consiguió impulsar un programa de salvamento en algunos puntos del litoral y se le nombró comandante de las fuerzas sutiles de la división de operaciones fondeada en Algeciras, al mando del almirante Díaz Herrera; participó con ella en la guerra de África (1860) y en el bloqueo y vigilancia de costas; y su brillante participación en aquella campaña no sólo fue naval, sino que en la batalla de los Castillejos estuvo al mando de las fuerzas de desembarco de Marina que tomaron parte muy activa en ella, distinguiéndose por su arrojo. Por estas acciones fue premiado con la Cruz de San Fernando de 1.ª Clase y obtuvo el grado de coronel de Infantería del Ejército de Tierra.

-A mediados de 1860, pasó Lobo a Madrid, tras disfrutar de una licencia de dos meses por enfermo, y poco después, con motivo de las construcciones que se proyectaban, dio a la imprenta un folleto que tuvo mucha difusión, titulado La Marina española tal como ella es. Ascendió a capitán de navío (1863) y continuó en Madrid como miembro de la Comisión que proyectó la organización para el gobierno de la isla de Mindanao, hasta que en junio de 1864 fue nombrado mayor general de la escuadra del Pacífico a bordo de la fragata Numancia; con ella participó en la guerra contra Perú y Chile (1865-1866). Después de la muerte del general Pareja, tomó el mando de la escuadra Casto Méndez Núñez, quien, después de bombardear Valparaíso, decidió hacer lo mismo en Callao. Miguel Lobo, tras vacilar, apoyó sin reservas la acción. Y cuando cayó herido en sus brazos el comandante general, de acuerdo con Antequera, se hizo cargo del mando, interinamente, continuando el combate hasta dejar el fuego del enemigo reducido a tres cañones, sin comunicar a los demás buques esta importante baja, y, por tanto, sin arriar o cambiar su insignia, retirándose a la isla de San Lorenzo.

A los pocos días, se dividió la escuadra en dos agrupaciones para volver a la Península; una, a las órdenes de Manuel de la Pezuela, puso rumbo a las islas Filipinas. La otra (Blanca, Villa de Madrid, Resolución y Almansa), con Lobo como mayor general, dobló el cabo de Hornos y se dirigió al Río de la Plata, llegando a Montevideo con las tripulaciones diezmadas por las penalidades y el escorbuto. Recibió por ello de Su Majestad el ascenso a brigadier (1866), la Cruz del Mérito Naval de 2.ª Clase y la Medalla de Callao; las Cortes lo declararon Benemérito de la Patria. Al poco, marchó a las Malvinas en comisión por haber arribado a aquellas islas la fragata Resolución, que había perdido el timón a causa de un fuerte temporal. Por su buen servicio se le otorgó la Cruz del Mérito Naval de 3.ª Clase. Pasó después a Río de Janeiro, y en 1867 hizo con la escuadra varios cruceros por el mar de las Antillas y costas de Cuba realizando trabajos cartográficos. En la estación del Río de La Plata, en noviembre de 1868, relevó a Méndez Núñez en el mando de la escuadra, y al poco se le otorgó la insignia de preferencia. Fue entonces (1869) cuando a bordo de la fragata Blanca escribió desde Río de Janeiro un detallado estudio titulado El Brasil. Por sus merecimientos se le recompensó con la Real Orden Americana de Isabel la Católica.

-Mientras tanto en España las cosas habían cambiado: la Revolución septembrina provocó el destierro de la Reina; se formó un Gobierno provisional presidido por Serrano; Topete, uno de los líderes de la Revolución, fue nombrado ministro de Marina y pidió a Méndez Núñez que regresara a España para ponerlo al frente del Almirantazgo y que “entregase el mando de esas importantes fuerzas a nuestro amigo Lobo”, quien habría de permanecer allí dos largos años más. Al ascender a contralmirante (1869), continuó al frente de la escuadra, y en 1871, al ser relevado por el brigadier Polo de Bernabé volvió a España en la Blanca y se le dio el mando del departamento de Ferrol. Allí, por efecto de sus disposiciones, evitó un alzamiento republicano, que tuvo lugar más adelante en el arsenal. “Sin saber por qué, dice el vicealmirante Pavía, se le relevó del mando de dicho departamento en el mes de julio de 1872, sustituyéndole por el contralmirante Valentín de Castro. Bien pronto sintió el Gobierno esta precipitada disposición, pues el 11 de noviembre se sublevó el Arsenal a favor de la República, y aunque el movimiento, que dirigía el brigadier Bartolomé Pozas, fue sofocado en pocos días, ocasionó empero algunas víctimas, estragos en el Arsenal y males sin cuento a los intereses de la Marina y del país”. Por estar así prescrito, en 1872 se le concedió la Gran Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco.

-En julio de 1873, al estallar la sublevación cantonalista, se hallaba en Cádiz, sin mando, disfrutando de una licencia en Chiclana. Amadeo I había abdicado en febrero y la Primera República hacía agua por todas partes. Se trasladó a Algeciras y embarcó en un vapor, el Alerta, que se encontraba allí, arbolando en él su insignia; reunió en torno a sí todos los buques que pudo situándolos en la desembocadura del Guadalquivir, y con gran lealtad pudo ofrecer al Gobierno constituido una escuadrilla organizada. Entró en la bahía de Cádiz con sus buques, desembarcó y se hizo cargo del mando interino de aquella ciudad, impidiendo que fuera víctima de la anarquía de los cantonales.

-Por esas fechas estalló también la insurrección cantonal en el levante de la Península, con más virulencia en la capital departamental, Cartagena, en la que ondeaba la bandera roja del cantonalismo en todas las fortalezas. Los buques surtos en ese puerto hicieron causa común con el cantón (las fragatas blindadas Numancia, Vitoria, Tetuán, Méndez Núñez, y las de madera fragata Almansa, corbeta Ferrolana y el vapor de ruedas Fernando el Católico; además de otras unidades menores) apoyando la sublevación cantonal. El día 12 fue proclamado el Cantón de Cartagena dentro de la República Federal Española. Las fragatas Almansa y Vitoria, al mando del general del Ejército Contreras, se presentaron ante Almería (29 de julio) para solicitar una contribución económica a la guerra, petición que al ser rechazada provocó el bombardeo de la ciudad. A continuación, ambas fragatas emprendieron la marcha hacia Málaga, momento en que fueron apresadas por la alemana Friedrich Carl y la británica Swiftsure y conducidas a Cartagena, cuando ya el Gobierno de Madrid, ante la rebelión consumada, había declarado piratas a los buques cantonales y, siendo ministro de Marina Jacobo Oreyro, reconoció el mando de Lobo y le nombró comandante general de la llamada escuadra del Mediterráneo (9 de agosto). Así pudo éste reunir en Alicante los vapores de ruedas Ciudad de Cádiz, Ulloa, Lepanto y Colón y la goleta Prosperidad, venciendo dificultades sin cuento para atender sus necesidades. Con estos medios inició el bloqueo de Cartagena. El 1 de septiembre salieron las dos fragatas apresadas con dotaciones inglesas, escoltadas por la fragata HMS Lord Warden, insignia del vicealmirante sir Hastings R. Yelverton, quien las condujo a Gibraltar. Retirada la flotilla de Lobo a Gibraltar, pudo éste incorporar allí las fragatas Navas de Tolosa y Carmen y las apresadas Vitoria y Almansa, que fueron devueltas al Gobierno español gracias a su intervención decisiva en las deliberaciones.

-El día 11 de octubre, la escuadra del Mediterráneo, con estas cuatro fragatas, más los vapores de ruedas Ciudad de Cádiz y Colón y las goletas de hélice Diana y Prosperidad, a la altura de Portman, a la vista de Cartagena, hacía frente a la escuadra cantonal que intentaba una salida protegida por las baterías de tierra, en presencia de buques extranjeros. Un combate entre fragatas de madera y fragatas acorazadas, en el que estas últimas eran superiores en potencia de fuego y tenían una base logística detrás, pero que fueron obligadas a retirarse, después de dos horas y cuarto de combate. La intención de Lobo era bloquear el puerto, y así lo hizo, batiendo a los buques cantonalistas, entre ellos a la fragata blindada Numancia, la mejor española, para imponer el orden y la disciplina, pero sin infligirles daños graves deliberadamente para no destruirlos, y apoyando al ejército poner fin a la intentona secesionista. Fue el éxito de la disciplina. Lobo pudo hundir a la fragata Tetuán, pero no lo hizo. Ante la falta de base de apoyo y por la imposibilidad de hacer un bloqueo efectivo, decidió levantar el bloqueo y retirarse a Gibraltar; la presión de la prensa provocó su relevo por el contralmirante Nicolás Chicarro. Marchó Lobo a Madrid, donde permaneció algunos meses y aprovechó para redactar el folleto de 74 páginas titulado Un hijo de Inglaterra a quien ha dado por viajar a las regiones americanas que fueron de España y por escribir sendos dislates sobre ellas y sus antiguos dominadores. Durante este período republicano, uno de los momentos más tormentosos y difíciles de la historia de España, la Armada española, que siempre se había mantenido apartada de la política de partidos, se vio también arrastrada por este torbellino. Las propagandas subversivas, favorecidas por el ambiente y el caos, no dejaron libre de sus influencias a ningún sector español.

-Capitulada Cartagena, Lobo fue nombrado capitán general de ese departamento por el poder ejecutivo presidido por el general Serrano. En esta ciudad no quedaba nada en pie tras el violento sitio sostenido durante los casi seis meses que duró la existencia del Cantón: la destrucción reinaba por doquier, casas derruidas, cañones tirados por las defensas, almacenes vacíos, personal huido y un barco hundido en medio del puerto, la fragata Tetuán incendiada por un saboteador. En pocos meses, con su inteligencia, su celo y, sobre todo, su incansable actividad, logró recomponer el arsenal. En abril de 1875 se le concedió la Placa y Gran Cruz de San Hermenegildo, con antigüedad de abril de 1873. En Cartagena escribió una obra importante, Historia general de las antiguas colonias hispanoamericanas. Con ella mostró su nivel intelectual y su merecida ejecutoria de historiador.

-Miguel Lobo y Malagamba murió en París (5 de abril de 1876), adonde había ido en busca de remedio para una enfermedad mortal que sufría, a la edad de algo más de cincuenta y cuatro años y cuarenta de servicios. Estaba casado con Elena Ravina y Quiroga y no tuvo descendencia. El Gobierno dispuso enseguida su embalsamamiento y traslado de sus restos a España, para lo cual se mandó el vapor León a Marsella, que los llevó a Cádiz, donde fue enterrado en el cementerio de San Fernando, mientras transcurría el plazo sanitario para su inhumación en el Panteón de Marinos Ilustres sito en esta ciudad, panteón tan elogiado por él y a la vez analizado y criticado como relicario de la Marina Militar. Su tumba ocupa la segunda capilla de la derecha (oeste) y tiene las siguientes inscripciones: “Aquí yacen los restos mortales del contralmirante Don Miguel Lobo Malagamba, mayor general de la Escuadra del Pacífico en 1866, capitán general del Departamento de Cartagena y su reorganizador en 1874. Militar bizarro, publicista distinguido, marino eminente. Consagró a la Patria espada y pluma en honrosa vida que terminó en París el 5 de abril de año 1876, a los 54 años. R. I. P. A.”. Laudemus viros gloriosos et parentes nostros, corpora eorum in pace sepulta sunt; et nomem eorum vivit in generationem et generationem (ex libro eclesiastici cap. 44).

-Miguel Lobo y Malagamba fue un hombre de la marina romántica que desde muy temprano sintió fuertemente la atracción de la Historia y estaba dotado de raras y brillantes cualidades, que ilustraron su vida, como marino y militar; general notable en su época por su talento, energía y capacidad organizativa. Destacó como publicista e historiador. Bousset dijo de él cuando ya había muerto: “La Patria, siendo tan grandes los servicios prestados por él, aguardaba de él mucho más, considerándolo como la más legítima esperanza para la regeneración de la Marina.

Lobo fue el primer oficial de la Armada española que en aquella época había descendido diez metros en el aparato llamado Nautilus inventado por el norteamericano Alstilt. En abril de 1860, cuando Narciso Monturiol hacía una demostración de su buque sumergible ante el jefe del Gobierno, escribió un elogio del invento en el n.º 45 de la revista El Museo Universal.  Cedió generosamente en su testamento su escogida biblioteca al Ayuntamiento de San Fernando (Cádiz), su ciudad natal, con la condición de que hubiera de servir de base para el establecimiento de una biblioteca pública que se titulase “Biblioteca Lobo”. En el Museo Naval de la Armada en Madrid existe la colección “Lobo Malagamba” de arqueología americana que contiene quince objetos de las culturas andinas y del área del Caribe, donada por él.

 

Miguel Lobo y Malagamba.

-1935. Un hidroavión Dormier choca con la cumbre del monte Carmolí. El aparato se incendia pereciendo sus cuatro tripulantes.

Monte Carmolí.

-1995. Con objeto de dar un gran impulso a las fiestas de Carthagineses y Romanos se organiza un trofeo de fútbol en el que participaron, el Deportivo de la Coruña, campeón de Copa de este año y el Bayern de Múnich.

El primer Presidente de la Federación fue Tomás Martínez Pagán, un cartagenero dinámico, emprendedor y verdadero motor de muy diversas actividades en Cartagena. Aquel Presidente, junto con los componentes de la Federación idearon un sistema para que el nombre de Cartagena sonara por el mundo entero.
El trofeo consistía en una representación en gran tamaño de la moneda representativa de las fiestas que en el anverso presenta el caballo y la palmera y en el reverso una cuadriga romana, elaborada en poliéster chapado en bronce envejecido, estando sujeta por dos columnas de acero inoxidable y apoyado todo en una base de madera policromada con el escudo de Cartagena. El trofeo tenía una altura de 2,28 metros y pesaba 102 kilos. El resultado fue, Deportivo de la Coruña 7; Bayern 0.

Dicho espectáculo fue retransmitido por bastantes cadenas de televisión europea y autonómicas. 

Tomás Martínez Pagán.

 

-2018. Fallece Paco Martín Peñas.

Paco Martin Peñas, natural de Cartagena y funcionario del Ayuntamiento desde 1985, dedicó toda su vida profesional al campo de la Gestión Cultural. Prueba de ello es que, desde hacía 38 años, ha sido director del Cartagena Jazz Festival, evento que creó y dirigió desde sus inicios; también había sido el responsable de la programación teatral del Nuevo Teatro Circo desde hacía 30 años, y estuvo 18 años como programador de la sección “Otras Músicas” del Auditorio Regional de Murcia.

Dirigió también durante cinco años el Festival de Teatro de San Javier.

Pero quizá por lo que más se le recordará es por ser, desde hacía 24 años, director del festival La Mar de Músicas, festival que creó junto a José Luis Cegarra y que cada año se celebra en Cartagena durante el mes de julio en varios de los recintos y espacios urbanos más emblemáticos de la ciudad. Es, sin duda alguna, uno de los eventos con mayor proyección internacional de España, que, a través de su programación musical y otras actividades paralelas, da acceso a una gran diversidad cultural existente en nuestro planeta y generalmente desconocida.

Se ha marchado un gran gestor artístico y cultural. Se ha ido Paquito Martín, tenía 61 años y era cartagenero.

 

Grafiti de Paco Martín Peñas.

 

Estas Efemérides y las del resto del calendario se podrán encontrar recopiladas en el libro EFEMÉRIDES DE CARTAGENA, de reciente publicación.

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efemeridesdecartagena@gmail.com

 

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