LA FAROLA DEL LAGO LORENZO VERGARA PAGÁN (LOREN) Y… ¡SE TIRÓ POR LA CALLE GISBERT!

Lorenzo Vergara

LA FAROLA DEL LAGO
LORENZO VERGARA PAGÁN (LOREN)
Y… ¡SE TIRÓ POR LA CALLE GISBERT!

Suena fuerte el titulo de este artículo ¿verdad?, pues…así de fuerte resuena en mi cerebro esa terrible exclamación.
Estoy delante de mi ordenador, quería proseguir con la historia de mis paseos por nuestra querida Cartagena de España. Recordareis… como os contaba en mis últimos artículos el placer que me producía en mi etapa juvenil “arreglarme” los sábados por la tarde y pasear por nuestra ciudad, descubriendo nuevos rincones, nuevos colores, y nuevos olores, caminaba hasta el puerto, y me impregnaba de ese olor inconfundible a…Cartagena, que sale de nuestro precioso puerto, y se expande por toda nuestra querida ciudad. En aquellos años 50-55 siempre estaban en el puerto (frente a los Héroes de Cavite) los cinco destructores que cedieron los Estados Unidos a la Armada Española y que los conocimos con el nombre de “los cinco Latinos”, que era el grupo musical Argentino que triunfaba en España, los destructores, eran  el Lepanto, el Almirante Ferrándiz, el Almirante Valdés, el Alcalá Galiano y el Jorge Juan. Nuestra Cartagena España fue el hogar de ellos durante décadas.
Era un espectáculo, que formaba parte (como si de una visita turística se tratara) del camino que… inexorablemente te llevaba a los “caballitos” en el paseo del puerto. Los Caballitos, eran el remanso de paz y de divertimiento de niños y mayores de toda la posguerra, con sus casetas de tiro, sus voladores, su noria, sus casetas de magia y fantasmas, sus “caballitos”, los coches de choque, los coches de niño diciéndole adiós a sus papás en cada vuelta, también estaba el “martillo” para que el mas fuerte demostrara su musculatura… eran la ilusión de los niños, el paseo de los mozos y mozas para encontrarse, el paseo de los marineros y los infantes, a ver si “pescaban” algo. Su estancia en Cartagena España fue larga, duraron casi cuatro décadas, pues creo recordar que estuvieron hasta principio de los años 90.

Que ilusión me produce recordar todas esa cosas, pero…no lo hago con nostalgia, pues soy pragmático, lo hago, para recrear mi mente, y también para recordar la etapa en la que llevaba a mis hijos de la mano para que se divirtieran, como lo hizo su padre en su niñez.
Como sé que mis lectores son muy inteligentes, y también se que… conforme vayáis leyendo os estaréis preguntando ¿que tendrá que ver todo esto que cuenta Loren con el título de este artículo? os diré que…he querido “endulzar” un poco la lectura de mi Farola del Lago, antes de explicaros el ¿por qué? de este título tan tenebroso. Veréis…
Siempre os cuento cosas retrospectivas de nuestra querida ciudad, esto que escribo y que… trataré de explicaros, también forma parte de mis recuerdos, aunque…este concretamente  “martillea” mi cerebro, y aparece en mis recuerdos como una nube negra producto de aquel pasado triste tormentoso de la posguerra.
Mi niñez caminaba “casi” feliz, pues… pese a la falta de mis padres (por distintas razones) mi carácter alegre, me proporcionaba muy buenos amigos, que…unidos a mi querida abuela Mamá Concha, y a mis tíos, lograban que el tiempo fuera pasando sin ningún “trauma”, todo lo contrario, cada día era una nueva ilusión, hasta que… en una de las conversaciones que yo escuchaba de mi abuela con las vecinas, les escuché comentar… ¿te has enterado que fulano de tal se ha tirado por la Calle Gisbert, ¿Cómo ha sido eso? le preguntó a mi abuela la vecina, y mi abuela, en voz muy baja, le contestó que le habían dicho que el pobre hombre (padre de tres hijos) estaba sin trabajo y se había visto tan desesperado que optó por lo más drástico. Estoy tratando de contaros unos hechos muy difíciles de relatar por su dramatismo, por ello, antes de entrar en este tema tan doloroso, he tratado de endulzaros y endulzarme este articulo, escribiendo de cosas mucho más agradables, que transcurrieron paralelos al principal argumento de este trabajo.   

Aquello fue muy fuerte para un niño, y estuvo martilleándome la cabeza muchísimo tiempo, pues yo, recordaba la Calle Gisbert de nuestra Cartagena España, como algo casi anecdótico, puesto que mi abuela siempre que hablaba de esa Calle se refería a ella como el “agujero”, pues ella presenció siendo una niña la inauguración de la entrada al puerto, perforando el monte de la Concepción y con los escombros de aquel enorme desmonte, realizar lo que después fue el Paseo Alfonso XII.
Producto de aquel enorme desmonte, en la parte del Castillo quedó (y continúa) una enorme “cima” de casi 70 metros en el centro de esa “cima” hay un “pinacho” blanco que indica la máxima altura. Ese pinacho “maléfico” me aterrorizaba, y aún sigue causándome horror, cuando miro hacia arriba y lo veo. Mil veces lo he visto, pues paso todos los días por la Calle Gisbert, en mi camino hacia mi querida UPCT, y mil veces me vienen a la cabeza sus tristes historias. Cartagena (nuestra querida y preciosa ciudad) como todas las ciudades de España, pasó una triste y miserable “posguerra”, nuestro país, atravesaba unos años dificilísimos (1939-1950) precisamente los años de mi niñez, donde todo (menos el cariño familiar) era escasez, todo racionado, nosotros (los niños), no éramos ajenos a aquellos tiempo tan difíciles, pero…eran nuestros padres o madres los que tenían que superar esos años tremendos, los que debían de alimentar a sus hijos, y…los que debían encontrar un trabajo que les ayudara con sus escasas “pesetas” a mantener los hogares debilitados y divididos, por una cruel guerra que dejó unas secuelas horribles.
Todos nuestros padres, madres, e incluso abuelas, lucharon con denuedo para poder superar aquellos tiempos tan terribles, pero… algunos no lograron superarlos, y…presos de la desesperación y la desesperanza, caminaron hacia aquel maldito “pinacho” para…(cerrando los ojos) decir adiós a sus penas.
Hubo un tiempo (afortunadamente olvidados) donde la frase…se ha tirado por la Calle Gisbert resonaba por la ciudad dejando a su paso un hilo de tristeza.

Afortunadamente, aquellos tiempos pasaron hace muchas décadas, solo quedamos unos pocos que, sin rencor (en mi caso) porque… mi abuela nos enseñó a no tenerlo, recordamos aquellos tristes y dantescos momentos. Hoy, la Calle Gisbert es un precioso acceso a nuestro maravilloso puerto, y…al lado de los refugios (mudos testigos de aquellos infames tiempos) brilla con luz propia, un precioso ascensor panorámico, que indica que los Cartageneros (y todos los Españoles) hemos superado con nota de Sobresaliente, todos esos tremendos obstáculos, y disfrutamos de una ciudad preciosa, libre de traumas, y llena de esperanza en nuestro futuro, y con una Universidad Politécnica que ocupa edificios emblemáticos que estaban semidestruidos, y que hoy, provocan la admiración de otras ciudades. He querido hablar del pasado, de forma alegre. Pero…al final, debo dejar constancia de unos tiempos que, ¡jamás de los jamases! volverán.
Hasta otra queridos amigos y…perdonar que dé libertad a mis recuerdos.
Lorenzo Vergara Pagán (loren)