LA FROLA DEL LAGO Lorenzo Vergara Pagán (Loren) ¡¡SOLERA!!
05 de junio de 2026 (11:57 h.)
LA FROLA DEL LAGO
Lorenzo Vergara Pagán (Loren)
¡¡SOLERA!!
Me he sentado esta tarde frente al papel, recopilando datos con el pensamiento, y con el alma dispuesta a desgranar un sentimiento que lleva días rondándome el corazón. Quienes me leen desde hace tiempo en esta humilde Farola del Lago saben bien que soy un nostálgico incorregible, un enamorado de las cosas auténticas que... el tiempo, lejos de marchitar, se encarga de consagrar. Pensaba en nuestra Cartagena de España, en sus calles repletas de una historia trimilenaria, y de repente, como un eco inconfundible de domingos de radio y aroma a césped, me vino a la mente una palabra que encierra un misterio maravilloso, "SOLERA". La solera, amigos míos, es un término bellísimo que heredamos de la sabiduría de las bodegas andaluzas. Allá donde los barriles se apilan con paciencia infinita, la hilera que descansa pegada al suelo recibe el nombre de solera porque guarda el vino más antiguo, el más madurado, aquel que le da cuerpo y alma a todo lo demás.
Tener solera no es simplemente acumular años de manera descuidada; viejo puede ser cualquiera. Tener solera es poseer un carácter inconfundible, un señorío que se adquiere únicamente habiendo superado mil batallas, manteniendo la cabeza alta y la identidad intacta frente a los vientos de la modernidad. Fue en ese instante de lucidez cuando todo cobró sentido en mi cabeza. Si hay una institución en nuestra bendita tierra que puede presumir con orgullo de tener una solera indestructible, ese es nuestro Fútbol Club Cartagena España. Parece que lo estoy viviendo ahora mismo. Me vienen a la memoria las imágenes nítidas de aquellos tiempos pasados, las tardes de transistores pegados a la oreja, el rumor del gentío, y las tertulias apasionadas saboreando un asiático en los rincones más castizos de la ciudad. El fútbol actual, devorado por los millones de euros de fondos de inversión extranjeros, y estadios ultramodernos que parecen centros comerciales fríos, ha perdido el norte. Hoy en día se compran títulos y se fabrican clubes de la noche a la mañana a base de talonario. Pero hay algo que el dinero jamás podrá comprar, por muchos ceros que tenga el cheque: el arraigo y la solera de un club como el "Efesé". Porque el blanquinegrismo no es una moda pasajera, de esas que se evaporan cuando vienen mal dadas. En Cartagena sabemos muy bien lo que es sufrir. La historia de nuestro fútbol es una crónica de resistencia pura, de caídas dolorosas, y de refundaciones milagrosas, donde parecía que todo se perdía. Sin embargo, cuando el viento soplaba en contra y el panorama se teñía de gris, aparecía siempre lo más valioso que tiene este club: su masa social. Esa afición inquebrantable que... empujada por el orgullo marítimo y el amor propio de los nacidos en esta esquina del Mediterráneo, rescataba el escudo del fango para devolverlo al lugar que le corresponde. Eso, es tener solera. Saber recomponerse manteniendo los mismos colores, el mismo escudo y los mismos valores intactos. Cuando uno se acerca en la actualidad a los aledaños del Cartagonova un día de partido, puede respirar esa atmósfera especial que solo los estadios con solera poseen. Es un legado familiar bellísimo. Ver al abuelo, con los ojos entornados y el paso pausado, llevando de la mano al nieto que viste una camiseta impecablemente blanquinegra. En ese gesto sencillo se condensa más de un siglo de pasión. El abuelo le transmite al pequeño las hazañas de los héroes de antaño, las noches gloriosas de Copa del Rey y aquellos ascensos dramáticos que nos hicieron llorar de alegría. Le está enseñando, sin pretenderlo, que ser del Efesé es una forma de entender la vida: con humildad, con nobleza y con una fidelidad a prueba de bombas.
Nuestra camiseta impone un respeto que se ha ganado a pulso a lo largo de las décadas. No somos un equipo de plástico artificial. Somos el equipo de una ciudad marinera, industrial, sufridora y profundamente orgullosa de su pasado. Cada vez que los jugadores saltan al terreno de juego y el himno ruge en las gradas, no solo juegan once profesionales; detrás de ellos empuja la fuerza de generaciones enteras de cartageneros que amaron estos colores antes que nosotros. Por eso, cuando escucho hablar de los grandes trasatlánticos del fútbol moderno, sonrío para mis adentros. Ellos tendrán vitrinas repletas de trofeos brillantes y presupuestos astronómicos, pero carecen de esa pátina insustituible que da el tiempo. El F.C. Cartagena, con su sabor a fútbol de verdad, a épica en la categoría de plata, y a tardes de coraje, en la de bronce, posee el aroma de los grandes caldos. Es un club madurado al calor de su gente, un sentimiento que se saborea despacio y que nos llena el pecho de un orgullo sano.
Afronto el tramo final de este artículo con la esperanza de que...pase lo que pase en los terrenos de juego, la solera de nuestro Efesé está a buen recaudo, porque... estoy seguro de que mientras quede un solo cartagenero dispuesto a emocionarse, con el balón rodando sobre el césped del Cartagonova, el hilo invisible de nuestra historia seguirá tejiéndose con letras de oro. Brindo hoy desde mi Farola por el fútbol de siempre, por la memoria de los que ya no están, y por el futuro blanquinegro que está por venir. Porque hay cosas que el tiempo desgasta, pero a nuestro querido club, al igual que a los buenos vinos de solera, los años solo se encargan de hacerlo cada vez más grande.¡Hasta la próxima FAROLA, queridos lectores, y que el alma se nos siga serenando con las cosas auténticas de nuestra querida CARTAGENA DE ESPAÑA.
Lorenzo Vergara Pagán (Loren)
¡¡SOLERA!!
Me he sentado esta tarde frente al papel, recopilando datos con el pensamiento, y con el alma dispuesta a desgranar un sentimiento que lleva días rondándome el corazón. Quienes me leen desde hace tiempo en esta humilde Farola del Lago saben bien que soy un nostálgico incorregible, un enamorado de las cosas auténticas que... el tiempo, lejos de marchitar, se encarga de consagrar. Pensaba en nuestra Cartagena de España, en sus calles repletas de una historia trimilenaria, y de repente, como un eco inconfundible de domingos de radio y aroma a césped, me vino a la mente una palabra que encierra un misterio maravilloso, "SOLERA". La solera, amigos míos, es un término bellísimo que heredamos de la sabiduría de las bodegas andaluzas. Allá donde los barriles se apilan con paciencia infinita, la hilera que descansa pegada al suelo recibe el nombre de solera porque guarda el vino más antiguo, el más madurado, aquel que le da cuerpo y alma a todo lo demás.
Tener solera no es simplemente acumular años de manera descuidada; viejo puede ser cualquiera. Tener solera es poseer un carácter inconfundible, un señorío que se adquiere únicamente habiendo superado mil batallas, manteniendo la cabeza alta y la identidad intacta frente a los vientos de la modernidad. Fue en ese instante de lucidez cuando todo cobró sentido en mi cabeza. Si hay una institución en nuestra bendita tierra que puede presumir con orgullo de tener una solera indestructible, ese es nuestro Fútbol Club Cartagena España. Parece que lo estoy viviendo ahora mismo. Me vienen a la memoria las imágenes nítidas de aquellos tiempos pasados, las tardes de transistores pegados a la oreja, el rumor del gentío, y las tertulias apasionadas saboreando un asiático en los rincones más castizos de la ciudad. El fútbol actual, devorado por los millones de euros de fondos de inversión extranjeros, y estadios ultramodernos que parecen centros comerciales fríos, ha perdido el norte. Hoy en día se compran títulos y se fabrican clubes de la noche a la mañana a base de talonario. Pero hay algo que el dinero jamás podrá comprar, por muchos ceros que tenga el cheque: el arraigo y la solera de un club como el "Efesé". Porque el blanquinegrismo no es una moda pasajera, de esas que se evaporan cuando vienen mal dadas. En Cartagena sabemos muy bien lo que es sufrir. La historia de nuestro fútbol es una crónica de resistencia pura, de caídas dolorosas, y de refundaciones milagrosas, donde parecía que todo se perdía. Sin embargo, cuando el viento soplaba en contra y el panorama se teñía de gris, aparecía siempre lo más valioso que tiene este club: su masa social. Esa afición inquebrantable que... empujada por el orgullo marítimo y el amor propio de los nacidos en esta esquina del Mediterráneo, rescataba el escudo del fango para devolverlo al lugar que le corresponde. Eso, es tener solera. Saber recomponerse manteniendo los mismos colores, el mismo escudo y los mismos valores intactos. Cuando uno se acerca en la actualidad a los aledaños del Cartagonova un día de partido, puede respirar esa atmósfera especial que solo los estadios con solera poseen. Es un legado familiar bellísimo. Ver al abuelo, con los ojos entornados y el paso pausado, llevando de la mano al nieto que viste una camiseta impecablemente blanquinegra. En ese gesto sencillo se condensa más de un siglo de pasión. El abuelo le transmite al pequeño las hazañas de los héroes de antaño, las noches gloriosas de Copa del Rey y aquellos ascensos dramáticos que nos hicieron llorar de alegría. Le está enseñando, sin pretenderlo, que ser del Efesé es una forma de entender la vida: con humildad, con nobleza y con una fidelidad a prueba de bombas.
Nuestra camiseta impone un respeto que se ha ganado a pulso a lo largo de las décadas. No somos un equipo de plástico artificial. Somos el equipo de una ciudad marinera, industrial, sufridora y profundamente orgullosa de su pasado. Cada vez que los jugadores saltan al terreno de juego y el himno ruge en las gradas, no solo juegan once profesionales; detrás de ellos empuja la fuerza de generaciones enteras de cartageneros que amaron estos colores antes que nosotros. Por eso, cuando escucho hablar de los grandes trasatlánticos del fútbol moderno, sonrío para mis adentros. Ellos tendrán vitrinas repletas de trofeos brillantes y presupuestos astronómicos, pero carecen de esa pátina insustituible que da el tiempo. El F.C. Cartagena, con su sabor a fútbol de verdad, a épica en la categoría de plata, y a tardes de coraje, en la de bronce, posee el aroma de los grandes caldos. Es un club madurado al calor de su gente, un sentimiento que se saborea despacio y que nos llena el pecho de un orgullo sano.
Afronto el tramo final de este artículo con la esperanza de que...pase lo que pase en los terrenos de juego, la solera de nuestro Efesé está a buen recaudo, porque... estoy seguro de que mientras quede un solo cartagenero dispuesto a emocionarse, con el balón rodando sobre el césped del Cartagonova, el hilo invisible de nuestra historia seguirá tejiéndose con letras de oro. Brindo hoy desde mi Farola por el fútbol de siempre, por la memoria de los que ya no están, y por el futuro blanquinegro que está por venir. Porque hay cosas que el tiempo desgasta, pero a nuestro querido club, al igual que a los buenos vinos de solera, los años solo se encargan de hacerlo cada vez más grande.¡Hasta la próxima FAROLA, queridos lectores, y que el alma se nos siga serenando con las cosas auténticas de nuestra querida CARTAGENA DE ESPAÑA.