DUNCAN DHU, CON MIKEL ERENTXU, SE ASOMAN A LA VENTANA DE EVA EN MARES DE PAPEL

Eva

 

DUNCAN DHU, CON MIKEL ERENTXU, SE ASOMAN A LA VENTANA DE EVA EN MARES DE PAPEL

 

Puerto de Mazarrón, verano del 86. He terminado el curso. Nada menos que séptimo de EGB, y pronto llegará agosto. Lo tengo todo preparado. He metido en mi maleta más ropa de la que me voy a poner, muchas ganas de lucir mi nuevo bañador amarillo con un montón de dibujos veraniegos y las cintas de casetes de mis grupos favoritos.

Llevo tiempo tarareando eso de Cien gaviotas dónde irán. Y no, no es porque en mi puerto bonito de playa infinita haya muchas gaviotas, que las hay, sino porque hace algunos meses que se ha cruzado en mi camino un grupo fresco, y siento que llega para quedarse.

Se llaman Duncan Dhu, y aunque cantan aquello de Esos ojos negros no los quiero ver llorar, yo, que soy una romántica empedernida, me emociono al escucharlos.

Así que cojo mi walkman con mis cascos talla XL, abro la caja de mi cinta, le meto un boli Bic para enrollar la parte que se ha salido, de tanto usarla, y salgo hacia Mares de Papel como si fuera caminando a Una calle de París.

Puerto de Mazarrón, verano del 2026.

He llegado puntual, como siempre. Jorge Durán, concejal de Cultura de Mazarrón, siempre me avisa a la hora que tengo que estar allí. Es impresionante el cartel de este año. Cada verano se superan más, y eso se ve en los ojos de alegría de las personas que trabajan cada día para que el público que viene de aquí y de allá se vayan a casa con una sonrisa. Eso vale oro. Porque yo, que llevo ya cinco años asistiendo a este festival de Mares de Papel, soy testigo de cómo esas personas bonitas que a veces no están en su mejor momento, disfrutan durante dos horas de espectáculos que les hacen viajar a ese mundo de Peter Pan y Campanilla.

Disculpad, me avisan de que ya puedo pasar. Tengo un montón de cosas que preguntarle a Mikel Erentxu. Pero tranquilos, soy rápida y concisa, y consigo exprimir esos minutos con la esencia más bonita del artista y de lo que allí se respira.

Buenas noches, Mikel. Hoy vuelves a la Región de Murcia, un lugar en el que has tocado muchas veces a lo largo de estas décadas. ¿Hay algún lugar en el que percibes que el público siente las canciones diferentes, que es más especial que otros?

 

Responda lo que responda, voy a quedar mal (risas). Sí que es verdad que en Murcia, desde que empezamos, siempre nos han tratado muy bien y en esta gira, hemos y vamos a tocar tres veces, cosa que no nos ha pasado en el resto de España. Lo que quiere decir que aquí nos quieren mucho (risas).

En unos minutos estarás arriba, en el escenario, y sonará esa primera canción. ¿Sigues teniendo ese momento de vértigo que tenías hace décadas, cuando vas a salir?

Sí, sí, sí. Falta media hora. Cuando falten cinco minutos empieza esto como a removerse un poquito…(se toca el estómago)

Es fundamental, subo al escenario y si todo está guay, ya me relajo. Pero ese momento pre concierto siempre es un poquito… Afortunadamente.

 

 

Si hoy tuvieras que escribir una canción sobre el Mikel de los años 80, ¿serías con él exigente, le alabarías…?

Cuando empezamos éramos muy jóvenes y lo que primaba era la frescura. Ahora mismo hacemos otro tipo de canciones, pero, respondiendo a tu pregunta, me encanta el Mikel de hace 40 años, no le diría nada.

¿Ha cambiado mucho con el de ahora?

Ha cambiado un huevo, ha pasado una vida entera donde han ocurrido muchas cosas. Dos matrimonios, cinco hijos, un millón de canciones…

¿Pero queda esa esencia?

La esencia es la misma. Afortunadamente mi oficio es seguir cantando, la música es fundamental y esa esencia sigue ahí.

Esos ojos negros no los quiero ver llorar… ¿qué sientes cuándo ves esos ojos de emoción en el público, varias generaciones cantando esos himnos…?

Es un poco un himno, es lo que tú dices. Hay varias canciones de Duncan que se han convertido en himnos, que es algo muy bonito. No sé muy bien por qué, pero imagino que ha sido por el tiempo… Esa pequeña contradicción. Son canciones que he cantado mil veces y en principio no me apetece tocar, pero de repente empiezas y vives esa emoción, la reacción del público y dices, guauuuu.

Eso dice mi amigo David Summers, que no se siente ridículo cantando Sufre Mamón después de cuatro décadas.

Exactamente, así es.

¿Y qué canción de las actuales te encantaría colar en un concierto como el de hoy, que recoge las canciones de Duncan Dhu?

Las vamos a colar, Eva. Llevamos dos años con el repertorio de Duncan y nos apetece tocar, como esta noche, tres canciones de Mikel.

Muchas gracias, Mikel, no te quiero robar más tiempo…

No, Eva, tranquila, he estado fenomenal contigo.

Gracias, me ha encantado compartir este momento, y decirte que estás fenomenal, muy guapo, te conservas genial.

Ja, ja, gracias guapa.

 

 

Mikel se pone nervioso, sonríe, se mueve para otro lado y se toca el pelo. Lo siento, he dicho lo que sentía. Otros de aquella época no se conservan tan bien, y él tiene la piel estiradita. Ja, ja. Esto no es profesional. Es lo que tiene ser auténtica, que no reprimes las cosas que sientes y se te pasan por la cabeza.

Nos hacemos una foto y salgo a esperarle en el escenario. Un concierto mágico, para soñar, recordar y disfrutar. Porque celebramos que estamos vivos, no lo olvidéis. Cada momento de estos cuenta, mucho.

 

 

 

Gracias por dejarme ser parte de este proyecto especial, y abrir La ventana de Eva y veros a todos asomados, sumando momentos inolvidables.

 

 

 

Fotografías de Diego Garnés

 

LA VENTANA DE EVA

EVA GARCÍA AGUILERA