¡QUEDAMOS EN EL ICUE!

¡QUEDAMOS EN EL ICUE!

Desde que en 1969 se inauguró en la ciudad de Cartagena esta escultura de bronce del maestro Manuel Ardil, me atrevo a afirmar que todos los que hoy estáis asomados a La Ventana de Eva, habéis elegido el ICUE como punto de encuentro para vuestros paseos por la ciudad, ese café olvidado o tomar unas cañas con una marinera.

“¿Dónde quedamos?”. “En el Icue”. ¡Yo soy una de ellas!

Y a mí me enternece. Seguramente, los artistas que han ido dejando sus obras a nuestro paso, jamás podrían llegar a imaginar que en ese lugar, se producirían tantos y tantos encuentros. Que se convertiría en un punto emblemático de la ciudad. Y su obra, en un icono, el de nuestras vidas.

Y hoy tengo la certeza de que si el ICUE hablara.... Pero tranquilos, vuestros secretos compartidos junto a él, mientras esperabais al más tardón del grupo, están sellados en sus labios de bronce.

Quizá, a nuestro ICUE tampoco le interesa que se descubran todas y cada una de sus travesuras, pillerías y aventuras que durante años compartió con aquellos chiquillos alegres y de buen corazón. Hoy, esta escultura, es el reflejo de la niñez del siglo XX en nuestra ciudad trimilenaria.

Y yo, que sabéis que soy una curiosa empedernida, he querido conocer alguna de aquellas historias de primera mano. Así que algunos icues se han atrevido a contarme que salían sin hacer ruido de sus clases en el Patronato, llegaban a los bloques del rompeolas del Faro de Curra, se despojaban de sus ropas y se zambullían a lo loco, disfrutando del mar, la libertad, las risas y el bullicio.

Parte de esa historia habría influido en que el ICUE lleve un pantaloncito corto o unos calzones. Puede que acabara de salir del agua, en una de sus escapadas en horario escolar, en el puerto de la ciudad, en cala cortina o en uno de los rompeolas que arropan a nuestros faros.