SUSPIROS DE ESPAÑA

Eva

SUSPIROS DE ESPAÑA

 

Esta mañana he salido a pasear. Desde mi ventana he visto un amanecer de esos que se tiñen de rosas y anaranjados y no podía dejarlo pasar. Y recorriendo las calles menos transitadas me he escuchando medio cantando, media tarareando, un pasodoble. Más de tres veces he notado que se repetía esta situación, pero no era casual.

Hace unos días, caminando hacia el puerto, me paré delante de un busto frente al Arsenal de mi ciudad de mar. Un señor de pelo escaso y bigote bien cuidado parecía que me miraba con más interés que yo a él. Y eso creo que se debió a  que llevo años callejeando por la zona y me había pasado desapercibido.

¡El compositor del pasodoble, Suspiros de España, me canturreaba con los labios sellados y yo no le había escuchado en todo este tiempo!

¡No tengo remedio! ¡No tengo perdón!

Maestro Álvarez, ahora sí. Entonemos ese pasodoble juntos, por favor- le dije poniéndole ojitos.

Cuando descubro algo que ha estado delante de mí y no he sido capaz de verlo, primero me doy una buena reprimenda, pero después me ilusiono. Mucho, muchísimo, por haberme encontrado con una historia increíble para disfrutar de lo lindo.

 

 

Y sí, seguramente supongáis que comencé a investigar y que llegué a un lugar con unas personas increíbles que me abrieron su casa y su generosidad. Así fue. Porque cuando yo leí, que Estrellita Castro le puso su voz a la letra de ese pasodoble que se cantó en 1939 en la película Suspiros de España, pensé que mi amigo Alfonso Santos, uno de los últimos proyeccionistas que ha tenido este país, seguro que tenía información sobre el estreno de la película, aquí en Cartagena. Así que cuando  llegué a su casa, me encontré con un universo de pequeñas grandes cosas. La gramola brillaba, el disco de pizarra de Suspiros de España cobraba vida, los recortes de periódico amarilleaban, las fotografías, los homenajes al maestro Álvarez, y por supuesto el cartel del estreno en el Teatro Circo de Cartagena de la película, Suspiros de España.

 

 

 

Alfonso, ordenado, me iba dosificando poco a poco el material. Yo, emocionada y con los mofletes colorados por la ilusión, me impacientaba como la niña que espera un regalo.

Vimos hasta un documental que se proyectó entre las actividades del primer centenario de Suspiros de España en Cartagena.

Pero, ¿y si comenzamos por el principio?

Antonio Álvarez Alonso nació para la música. En su Jaén natal ya disfrutaba de ella, así que se lanzó de lleno a estudiar en Madrid. Fue un gran concertista de piano, y un gran escritor de zarzuela. Nació en marzo de 1867, y viajaría por cada rincón disfrutando de lo que mejor sabía hacer.

Cartagena le recibió con los brazos abiertos en 1897, donde llegó dirigiendo la orquesta de una compañía de zarzuela, y pasaría poco tiempo hasta que comenzó a dirigir un sexteto en el Café de España.

Y vais a alucinar. ¡Tengo fotografías del sexteto!

 

¿Qué dónde estaba el Café de España? En los bajos de la Casa Cervantes de la calle Mayor. Sí, donde ahora tenemos el Aula de Cultura de la Fundación Mediterráneo, estuvo el Café de España. Y si pasáis a las horas punta por allí, vais a escuchar gracias a un mecanismo sonoro, ese pasodoble que muchos ya estáis cantando.

¡También tengo fotografías del salón del Café de España!

 

Cuentan que fue justo en ese café, donde un día alguien retó al maestro a escribir una partitura diferente, extraordinaria, en un tiempo récord. Y así fue cómo Cartagena vio nacer un pasodoble excepcional.

Pero dicen que el maestro no estaría contento hasta tener un título inolvidable. Así que salió a caminar, observador de calles tranquilas, cuando se quedó  mirando el escaparate de una pastelería que mostraba unos dulces típicos de la ciudad trimilenaria. Los suspiros. Me encantan esos dulces que comía de niña y que me están entrando ganas de tener uno en mis manos.

Los suspiros, para quien no lo sepa, es un dulce que se hace con clara de huevo, azúcar y almendras. Si se hacen con cariño, quedan duritos y crujientes por fuera, y con una textura muy agradable por dentro.

 

 

 

¡Se me hace la boca agua! E imagino que lo mismo le pasaría al maestro Álvarez, que con verlos supo que su pasodoble llevaría por nombre, SUSPIROS DE ESPAÑA.

Y aunque se interpretó en el Café España, este pasodoble que sé que seguís tarareando, se estrenó de manera oficial el día del Corpus Christi de 1902, en la plaza de San Sebastián, interpretado por la Banda de Música de tercer regimiento de Infantería de Marina.

¡Tengo la fotografía de la banda al completo! Ya os dije que soy muy afortunada.

 

 

Y no lo fue tanto Antonio Álvarez. Poco le duró la alegría a este gran artista, el éxito, el disfrutar de nuestro puerto y del cariño de la gente, porque sufrió una angina de pecho y falleció el 22 de junio de 1903. Había quedado como siempre con sus amigos la tarde anterior, marchó a su casa, la que le dio cobijo en la calle del Carmen sus últimos años, y allí dio su último suspiro. Y me da pena, porque me cuentan, que justo después de darle sepultura, vino a Cartagena el Rey Alfonso XIII. ¡Cómo hubiera disfrutado con este gran acontecimiento!

 

***

Cartagena, 8 de noviembre de 1939.

 

La ciudad huele a esperanza, es el Año de la Victoria. Los bombardeos han dado paso a la música, a las nuevas ilusiones. Y en el Teatro Circo, se estrena la película Suspiros de España. Estrellita Castro canta el pasodoble, interpreta desde lo más profundo ese himno de emigrantes, esa nostalgia por un país perdido. La acompaña el actor Miguel Ligero en una película que tenéis que ver.

Y en las butacas del cine, ya no se tararea el pasodoble, se canta. Surge la magia.

 

 

 

Quiso Dios con su poder

fundir cuatro rayitos de sol

y hacer con ellos una mujer

Y al cumplir su voluntad

en un rincón de España nací

como la flor en su rosal.

***

 

Pasaron los años, y los cartageneros anhelaban un homenaje especial a este gran hombre. Pasaron los años, sí. Demasiados. Se creó una comisión y se abrió una cuenta para donativos en la Caja de Ahorros del Sureste de España, con el número 847. Y el primer donativo, de 1000 pesetas, cuentan que fue de José Casaú, fotógrafo y empresario querido y conocido en la ciudad, que tomó la iniciativa para hacer realidad el homenaje al gran maestro.

 

 

Se encargó de realizar el busto, otro grande, el escultor José Sánchez Lozano, al que mi amigo Quirós lo define como un artista extraordinario, capaz de mostrar no solo el exterior, sino el interior del maestro Álvarez.

¡Y tengo un recorte de periódico de mayo de 1966! Y dice que el busto de Antonio Álvarez se hallaba expuesto en uno de los escaparates del comercio de José Casaú en la calle Mayor. Y que su emplazamiento definitivo sería en la Plaza del Rey.

 

 

Y así  fue, el 11 de diciembre del mismo año, Cartagena rindió homenaje al maestro Álvarez, como decía el titular en El Noticiero, periódico que ahora mismo tengo en mis manos.

 

¡Qué queréis que os diga!, estoy ilusionada con esta historia. Y contenta, porque no  ha caído en el olvido. En el año 2002 se celebró el centenario de la composición de Suspiros de España, y como os dije al principio, con documentales incluidos.

 

 

Y tengo una fotografía donde aparece Casimiro Bonmatí Limorte interpretando el papel del maestro Álvarez, con las partituras en la mano, recreando aquel momento de inspiración.

Y es una pasada.

 

 

Igual que lo es, que después de Estrellita Castro, este pasodoble fuera cantado por más artistas, como Carmen Maura en ¡Ay Carmela!, o uno de los más actuales, Diego el Cigala, en la película Soldados de Salamina.

Por eso he ido esta mañana a la Plaza del Rey, sonriente, con ganas de contarle cosas al maestro. De lejos ya parecía que me sonreía. A ver, que los bustos no sonríen. Bueno, igual… Ja, ja. A mí me ha sonreído, qué queréis que os diga. Y me he acercado a su oído y le he dicho flojito, menuda historia tenía usted detrás.

Y después le he contado que iba a hacer algunas cosas que llevaba tiempo con ganas de hacer, y que siempre dejo para después. Pero ya no, porque usted mejor que nadie sabe, que la vida se va en un suspiro.

 

Tierra bendita de mi querer

tierra bendita de perfume y flor

España en cada flor a tus pies

suspira un corazón.

 

LA VENTANA DE EVA

Eva García Aguilera