Montanaro: Un mundo feliz

Andrés Hernández
Andrés Hernández

UN MUNDO FELIZ

"Un mundo feliz" de Aldous Huxley imagina una sociedad controlada por el Estado donde la libertad individual ha sido sacrificada a cambio de una aparente seguridad y bienestar, era ficción y se está convirtiendo en realidad. Desaparece la razón y la ciencia, sustituida por la sociedad de las emociones y en muchos casos del absentismo laboral y el subsidio paniaguado, mientras una generación es reacia al retiro y la pensión, otra con 20 años de diferencia solo aspira a eso. Ahí están algunos mensajes buenistas, "Queremos reducir la jornada laboral para que seas más feliz", y una mierda.

“Esta tendencia, busca bloquear con el tiempo los mensajes disidentes y eliminar la libertad de expresión”

Decía que, aunque el libro es ficción, cada vez son más los analistas que ven paralelismos entre aquella distopía y los intentos contemporáneos de controlar la sociedad, la economía doméstica, la comunicación, Internet y la vida del ciudadano en general. Los gobiernos afirman que quieren proteger a la sociedad o luchar contra la delincuencia, pero sus proyectos de ley imponen verificaciones de identidad, facilitan la vigilancia masiva y erosionan el anonimato, discriminando el secreto, o simplemente, prohibiendo. Esta tendencia, busca bloquear con el tiempo los mensajes disidentes y eliminar la libertad de expresión.

“en España no hay derecha, solo distintos grados de socialismo”

Yo creo que la única derecha conservador que hay en España es la que representa VOX, y no es que lo defienda, es la realidad. No quiero ser político, aunque me encanta la política limpia porque estaría en una suerte de mafia corrupta indiscriminada anegada de espurios intereses, no hay limpieza, la contaminación es inherente al cargo. Con lo fácil que es absorber lo mejor de cada sistema y cada ideología despreciando lo recesivo. Cuando analizas las ideas con calma, sin consignas ni etiquetas mediáticas, descubres algo incómodo, en España no hay derecha, solo distintos grados de socialismo.

 He tenido la suerte de tener unas ordenanzas, un código deontológico y unos modelos de trabajo en equipo que me han ayudado a tener un trabajo honrado sin lidiar con cargos políticos directamente o a través de jefes interpuestos. La política de hoy miente, humilla, roba, manipula, rebaña, corrompe y arruina la vida social.

“El ciudadano vota convencido de elegir, cuando en realidad solo selecciona el tono del mismo mensaje”

Necesitamos la política y los políticos. No quiero perder lo que se ha conseguido. Pero hay que reformar lo que haya que reformar y cribar lo que nos llega a dirigirnos. No podemos seguir este camino porque podemos perderlo todo por culpa de la inherente corrupción que en la actualidad alcanza cimas insospechadas en esta democracia de cómic barato. Una coreografía electoral donde cambia la música, pero no el director. Se discute el color de las banderas mientras el poder sigue concentrándose, planificando y alejándose del individuo. El ciudadano vota convencido de elegir, cuando en realidad solo selecciona el tono del mismo mensaje.

En España nos han vendido durante años que existe una derecha, una ultraderecha y una izquierda a pesar de haber una ultraizquierda radical y nociva, y ¿por qué es buena cuando es mortal?, la representa el comunismo sectario poemita y del resto de habitantes y “habitantas” de las cloacas nacionales…

Conservadores, soberanistas y partidos de derechas comparten algo fundamental con la izquierda, la defensa de decisiones centralizadas, la planificación estatal y, sobre todo, el control sobre la vida del individuo. Cambian la oratoria, cambian los gallardetes y los logos, los mensajes electorales… pero el Estado sigue mandando y ese es el objetivo. La derecha histórica siempre intenta limitar el poder del Estado, ahora no. Hay un matiz clave, defender al individuo o defender al Estado, donde el verdadero liberalismo rompe de verdad con el socialismo y nos hemos preguntado cuando votamos a la derecha como es mi caso, por qué a las élites les conviene que creamos que votamos “derecha” cuando votamos una suerte de socialismo menos radical que representa el PP. Así, analizando las actuaciones y la trazabilidad de hechos, lo que la mayoría entiende como izquierda y derecha es lo mismo: distintos tipos de colectivismos.

“La fragmentación siempre ha sido más rentable que la cohesión, como vemos con el sanchismo mortífero y patibulario”

Un ejemplo claro fue la retirada de la “Mili” en España. Hacer desaparecer el servicio militar obligatorio fue un pacto independentista con el gobierno de España y lo hizo Aznar y el sacrosanto cartagenero Federico Trillo, acto político no estructural de la sociedad. La eliminación de la mili fue presentada como avance histórico, cuando fue, en realidad, una decisión política sin proyecto social. Se rompieron vínculos, se disolvió el contacto entre territorios y se debilitó la idea de nación compartida. Tal vez convenía que dejáramos de conocernos, de mezclarnos, de reconocernos como iguales. La fragmentación siempre ha sido más rentable que la cohesión, como vemos con el sanchismo mortífero y patibulario.

 "Mañana, antes del amanecer, tomaremos Granada", dijo la Reina Isabel… Y así fue. El rey musulmán se acercó al rey Fernando, y dijo: "Tomad, Señor, las llaves de vuestra ciudad". Así sucedió el 2 de enero de 1492 pero el pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla. En aquel entonces había un proyecto de país y de unidad, ahora es todo lo contrario van a tirar por tierra los que nos costó reconquistar España durante 8 siglos y los 500 años de grandeza del Imperio español. Estamos a punto de devolverles las llaves de España entera. Se ceden competencias, símbolos, territorios, historia y memoria a cambio de supervivencia política. Las llaves ya no se entregan al amanecer, sino en despachos alfombrados y sin testigos, como delincuentes. Y mientras tanto, se nos pide que no exageremos, que todo es diálogo y que rendirse es convivir. El mundo al revés..., saco esto a colación porque, en la vida hemos sido tan ruinmente cobardes, entregamos España a Marruecos convirtiéndonos en una provincia más alauita, las Vascongadas o País Vasco, como queráis se le entrega a los terroristas miserables y Cataluña a los independentistas golpistas, ¿quién paga la fiesta? El resto de España

  El liberalismo libertario es la única ideología individualista, así es la filosofía que promueve una sociedad que garantice la libertad del individuo, los derechos de propiedad privada y la asignación de los recursos a través de la economía de mercado y por tanto, la más cercana a la realidad y la más acertada en varios aspectos como el moral, el económico o el político. Sin embargo, en el momento actual cabe englobar libertarios soberanistas y conservadores por el enemigo común que nos aprisiona, el socialismo y el marxismo en todas sus facetas. No son iguales, pero sí afines, "el enemigo de mi enemigo es mi amigo" y en política se trata de juntar los similares, no los iguales o los que por interés sumen como el caso actual del Parlamento de España, golpistas, terroristas, poligoneras vascas y comunistas unidos a un socialismo de pancarta autoritaria y rótulo dictatorial y fomentando la corrupción, el nepotismo y el interés de la elite.

Aunque Sócrates, Platón y Aristóteles analizan la corrupción desde perspectivas distintas, comparten una idea central: la corrupción no es un fenómeno externo ni accidental, sino un proceso que se origina en el individuo y termina afectando a toda la estructura social. No aparece de forma súbita, se gesta lentamente en la degradación moral y en la pérdida del sentido del bien común, directamente proporcional a la situación actual de España.

Para Sócrates, el origen del problema está en la ignorancia moral. Quien no conoce el bien no puede obrar correctamente, y esa ignorancia, trasladada a la vida pública, se convierte en injusticia. Platón profundiza en esta idea al advertir que la corrupción surge cuando el poder se separa de la justicia y se ejerce en beneficio propio. Aristóteles, por su parte, ofrece una mirada institucional, así la corrupción se consolida cuando las instituciones dejan de cumplir su finalidad natural y se transforman en instrumentos de intereses particulares.

“La corrupción continúa debilitando Estados, profundizando desigualdades y erosionando la confianza social”

Desde esta lectura, la corrupción no es inevitable ni inherente a la política. Es el resultado de decisiones humanas concretas: una educación moral deficiente, la ausencia de virtud cívica y sistemas políticos mal diseñados o mal administrados. Allí donde fallan estos elementos, la corrupción encuentra un terreno fértil para expandirse.

Más de dos mil años después, estas reflexiones conservan plena vigencia. La corrupción continúa debilitando Estados, profundizando desigualdades y erosionando la confianza social. Frente a ello, Sócrates nos recuerda la necesidad de examinarnos a nosotros mismos y de educarnos moralmente. Platón nos advierte sobre los riesgos del poder sin control y la importancia de la vigilancia ciudadana. Aristóteles nos enseña que las instituciones deben ser evaluadas constantemente según su servicio al bien común.

La corrupción no es solo responsabilidad de gobernantes o funcionarios. Es un problema social que involucra a toda la comunidad. Combatirla requiere algo más profundo que leyes y castigos: exige una transformación en la forma de pensar, de participar en la vida pública y de comprender qué significa vivir en comunidad.

En última instancia, como señalaron estos tres pensadores, la corrupción no se reduce al robo de recursos públicos. Es una traición a aquello que nos define como seres humanos, la búsqueda del bien, la justicia y la convivencia orientada al bien común. Así y como epilogo literario, se suele comparar constantemente la obra de George Orwell y Aldous Huxley, ambos imaginaron cómo sería una sociedad distópica carente de libertades individuales hace ya décadas. Orwell lo plasmaba en su libro 1984 con una distopía donde los ciudadanos eran vigilados a todas horas y la censura estaba a la orden del día; Huxley optó por crear una falsa utopía donde no haría falta censura, ya que los ciudadanos no querrían culturizarse, informarse ni cuestionar nada. Irónicamente, un mundo feliz se ha acabado acercando más a nuestra realidad.

“Me gusta ser yo mismo. Yo mismo y desagradable”. La tempestad, Shakespeare.

 

Andrés Hernández Martíne

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