Montanaro: NÓMINA Y POWERPOINT. ANATOMÍA DE UNA SEDACIÓN MIENTRAS EL PÉNDULO TE DA EN LA CARA
NÓMINA Y POWERPOINT. ANATOMÍA DE UNA SEDACIÓN MIENTRAS EL PÉNDULO TE DA EN LA CARA
Hay dos documentos que definen al ciudadano español contemporáneo: la nómina y el parte de criminalidad. El primero te dice cuánto vales, el segundo, cuán seguro estás. Ambos comparten virtud estética, el diseño importa más que el contenido y ambos descansan sobre la misma técnica nacional de alto rendimiento, fragmentar para que no duela, contextualizar para que no asuste y, si todo falla, activar el péndulo con música épica y relato inventado.
“Primero se niega el problema, después se relativiza y más tarde se contextualiza para finalmente convertirlo en imprescindible para la democracia, ya no hay líneas rojas, son imaginarias y tenues”
La Ley del Péndulo, callar, cobrar, colapsar. «Tiene que seguir adelante, haga lo que haga o, aunque no haga nada…», escribió John Steinbeck. Si hubiera conocido nuestra versión institucional, habría añadido: “pero hágalo con relato”. La Ley del Péndulo emocional es sencilla, si no expresas límites a tiempo, acumulas tensión. En política funciona igual que en la cena de Navidad. Nadie dice nada incómodo, o sí, se habla del tiempo, ni de política ni de fútbol y se brinda. Hasta que el tío reprimido recuerda la herencia de 1998 y lanza el primer plato. Eso, en versión BOE, se llama decreto urgente. Primero se niega el problema, después se relativiza y más tarde se contextualiza para finalmente convertirlo en imprescindible para la democracia, ya no hay líneas rojas, son imaginarias y tenues. El péndulo sigue en movimiento y no solo gobierna las decisiones, también gobierna el bolsillo.
“En el sector público, la metáfora roza el surrealismo contable, detraer IRPF de una nómina financiada con presupuesto es mover dinero del bolsillo derecho del Estado al izquierdo”
La Nómina aparece como una suerte de anestesia con membrete. Dicen que la nómina es un documento informativo, pero es una mentira piadosa. La nómina no informa, administra la anestesia, además es adictiva ya que te enseña a amar tu salario bruto como si fuera tuyo pero el coste real incluye cotizaciones empresariales que jamás protagonizan la conversación. Tú discutes el neto, escueto y adelgazado mientras la tubería fiscal hace su trabajo en silencio quirúrgico. En el sector privado eres el generador de valor y paradójicamente, el único convencido de que el problema es tu empleador y no la arquitectura del drenaje. En el sector público, la metáfora roza el surrealismo contable, detraer IRPF de una nómina financiada con presupuesto es mover dinero del bolsillo derecho del Estado al izquierdo y celebrar que “cuadra”, como un acuario fiscal donde el pez paga por el agua que ya era suya.
“El dato incómodo sobre la implicación de extranjeros en delitos exige rigor y política pública inteligente, enmascarar el origen excepto en Cataluña y vascos, en el resto mejor el eslogan al diagnóstico”
Luego la Seguridad, el PowerPoint de la tranquilidad, dicen que España tiene las calles más seguras, no del mundo, pero casi. La seguridad es la otra nómina, el parte médico redactado en optimismo clínico donde las cifras reales cuentan historias menos épicas. Las violaciones han pasado de 1.382 en 2017 a 5.363 en 2025. Los homicidios dolosos y asesinatos en tentativa han saltado de 799 a 1.413. Los delitos contra la libertad sexual casi se han duplicado. En 2025 se registraron más de 2,4 millones de infracciones penales. Pero si bajan los hurtos, el promedio sonríe y te engañan con panfletos pragmáticos y el titular también. Es el mismo truco que en el salario o pensión, fragmentar para suavizar y engañar. La estadística cosmética es hermana gemela de la nómina fragmentada.
Mientras tanto, se proclama liderazgo feminista, protección integral y pedagogía social y cuando la ley se corrige o fallan las pulseras de control, el PowerPoint y la estadística del gobierno no acompaña a la víctima al portal. El dato incómodo sobre la implicación de extranjeros en delitos exige rigor y política pública inteligente, enmascarar el origen excepto en Cataluña y vascos, en el resto mejor el eslogan al diagnóstico. Si el diagnóstico incomoda, mejor cambiar el foco, sin narrativa, el péndulo pierde glamour.
El péndulo vuelve a moverse y se niega el problema salarial, luego se celebra el crecimiento macroeconómico obviando el real práctico del día a día, después se presume de seguridad comparada y con estadística pecaminosa. Finalmente se acusa de alarmismo a quien suma y cada salto extremo se vende como madurez, cada bandazo como pragmatismo, cada contradicción como evolución mientras la coherencia descansa en un cajón rotulado como “contexto cambiante”.
“Pedro Sánchez desclasifica los papeles del 23-F y, antes de que nos dé tiempo a desempolvar el transistor, se saca de la manga el blindaje constitucional del aborto, sin anestesia ni transición.”
La nómina es el tranquilizante mensual para que el burro no descubra que la zanahoria que persigue fue comprada con el cuero de su propia espalda. El balance de criminalidad es la música ambiental que suena para que no se oiga el crujido. Quizá el acto verdaderamente revolucionario sería aburrido, sumar costes totales, reconocer límites, explicar cifras sin maquillaje y hablar sin dramatismo preventivo.
Aparecen la prestidigitación, los toros y las bombas amigas de repente. Hay días en que uno sospecha que en Moncloa han contratado a un mago. Pedro Sánchez desclasifica los papeles del 23-F y, antes de que nos dé tiempo a desempolvar el transistor, se saca de la manga el blindaje constitucional del aborto, sin anestesia ni transición. Timing perfecto. Porque seguro que no tiene nada que ver con esa pequeña minucia de limitar al 35% la publicidad institucional en los medios o con que AENA, esa humilde empresa pública dedicada a despegar aviones haya decidido fomentar la literatura con un premio de un millón de euros. Cultura aeroportuaria. Cervantes en la puerta de embarque, Gongora y Quevedo de azafatos...
“Mientras el Gobierno practica la prestidigitación y la oposición ensaya auto demoliciones, la sensación es que todo es urgente y nada es serio. Aquí no hay estrategia, hay péndulo. No hay relato, hay sobresalto”
La agenda política española se improvisa con efectos especiales. Cuando el foco apunta donde no conviene, se enciende otro más potente, ¿Irán? Pues a protagonizar la estupidez supina. Y así vamos pasando pantalla, en la oposición, por un instante, pareció que alguien encontraba el manual, pero Feijóo agarró el toro por los cuernos y trazó líneas rojas frente a Vox, otro estúpido de manual y serie televisiva. “Ahora sí”, murmuraban los optimistas, pero duró lo que tarda una bomba atómica en caer dentro del propio Vox o dos piezas de hielo en un whisky on the rock…, Ortega Smith despedido en versión eremita político. La directiva murciana en rebelión contra Antelo, Espinosa de los Monteros desahogándose en la radio, un festival de fuegos amigos que convierte la negociación en terapia de grupo y desde la butaca, solo podemos preguntarnos ante las payasadas de los Goya y los amancebados a las subvenciones, ¿quién escribe este guión? ¿Es una sátira, un drama, una comedia involuntaria, un esperpento o el absurdo?
Mientras el Gobierno practica la prestidigitación y la oposición ensaya auto demoliciones, la sensación es que todo es urgente y nada es serio. Aquí no hay estrategia, hay péndulo. No hay relato, hay sobresalto. Y así seguimos, entre blindajes exprés y bombas internas, convencidos de que el caos es en realidad una forma superior de planificación. Lo mismo hasta nos dan un premio literario por contarlo. Así que seguiremos oscilando y la moraleja es que cobrarás menos de lo que crees y te sentirás más seguro de lo que eres. Cuando el péndulo golpee, alguien dirá que siempre fue el movimiento natural de la historia, aunque en realidad solo fuera una cosa mucho más simple y mucho menos épica, falta de asertividad.
Sánchez no está loco ni es tonto, es maquiavélico, está sobreactuando, como en cualquier mala película, se detecta en el exceso de gestos, en la pausa impostada, en la metafórica lágrima milimétrica y victimista que cae justo cuando la cámara enfoca. Se aferra al poder como actor que teme el cierre de cartelera y prolonga el monólogo, aunque el público ya esté mirando el móvil y el hartazgo sea evidente. Cada polémica es un final expectante y abierto, cada rueda de prensa es un avance exclusivo del escándalo de la próxima temporada. Las crisis llegan con banda sonora, los pactos, como escenas grabadas que nadie pidió, pero todos deben comentar al día siguiente. La política convertida en telenovela de sobremesa con tensión psicológica dosificada, antagonistas intercambiables y un guión que siempre promete el giro definitivo… pero en el capítulo siguiente.
Y ahora, con la guerra de Irán ocupando titulares y cancillerías alineándose en bloque, España ensaya su propio plano secuencia, ligeramente desenfocada, cuidadosamente apartada del encuadre común. Mientras otros hablan de estrategia, alianzas y equilibrios geopolíticos, aquí se ensaya el arte del matíz infinito, esa disciplina en la que uno parece decirlo todo sin terminar de decir nada. Europa discute en voz alta mientras España opta por el susurro calculado, no vaya a ser que el micrófono capte una frase demasiado nítida. La ironía es que, en medio del ruido internacional, el discurso doméstico se vuelve aún más teatral. La distancia respecto al resto se vende como prudencia estratégica, cuanto más aislado, más protagonismo, como si apartarse medio paso fuese una coreografía sofisticada y no, simplemente, la necesidad de no tropezar con el propio guión. Se invoca la responsabilidad histórica mientras se mide cada sílaba como si fuera pólvora.
“Porque nada proyecta más liderazgo que convertirte en espectador premium de tu propia irrelevancia estratégica”
Hay que reconocerle a Pedro Sánchez un talento de ilusionista avanzado, soltarse del paraguas de Estados Unidos como héroe de Marvel y desengancharse del núcleo de defensa de la Unión Europea con la elegancia de quien cree que la red es opcional, mientras, los aviones cisterna recogen cable en la Base Aérea de Morón y, la Base Naval de Rota practica mindfulness o meditación mirando al Atlántico. Desde Israel llegan reproches, desde Irán, elogios con posdata marcial a modo de amenaza. Diplomacia gourmet, te aplauden mientras afilan el cuchillo. Y ya puestos, datos…, qué maravilla de pulpo cultural, cinco centros chiíes, un colegio en Madrid, una tele y una oficina dedicada a difundir las enseñanzas de Ali Jamenei con permiso comunista. Intercambio académico, dirán, tentáculos pedagógicos, susurrarán otros. Globalización espiritual con wifi propio. Ex altos mandos alertan de que “hemos dejado de contar”. Pero quizá ese sea el plan maestro, no contar para nadie… y que otros cuenten contigo. Porque nada proyecta más liderazgo que convertirte en espectador premium de tu propia irrelevancia estratégica.
“No está loco, sí sobreactuado. Sabe que la política contemporánea ya no se juega solo en el Consejo de "Ministres", sino en el prime time emocional y en esa lógica”
No está loco, sí sobreactuado. Sabe que la política contemporánea ya no se juega solo en el Consejo de "Ministres", sino en el prime time emocional y en esa lógica, la guerra es un decorado incómodo pero útil, permite elevar el tono, tensar la escena, ensayar la gravedad. España, mientras tanto, mira desde el lateral del escenario, convencida de que la equidistancia también puede aplaudirse. El problema es que, fuera del teatro, el mundo no admite ensayos eternos ni aplausos enlatados y cuando caiga el telón, porque siempre cae, no habrá montaje que oculte si la función fue tragedia, farsa o simplemente una temporada más alargada por miedo a la cancelación.
Andrés Hernández Martínez