MONTANARO: VOTA A GUNDISALVO, O CÓMO TE SALVAN, AUNQUE NO QUIERAS

Andrés Hernández

VOTA A GUNDISALVO, O CÓMO TE SALVAN, AUNQUE NO QUIERAS.

En marzo de 1977, cuando España aún aprendía a pronunciar la palabra democracia sin atragantarse con ella, la dirección de “Concordia Democrática del Estado Español” nombre ampuloso para un partido recién salido del laboratorio de la transición de entonces y contrario a la discordia actual, se apoyó en Madrid con un objetivo sencillo, elegir candidatos, ni ideas, ni principios, ni proyecto de país. Candidatos. El orden nunca es casual y menos en las saunas dónde se podrían elegir a los candidatos hoy.

“La política española, incluso entonces, ya intuía que lo moldeable siempre es preferible a lo honesto.”

La broma sigue. Para el Senado por Málaga eligieron a Gundisalvo García, empresario inmobiliario de éxito, fortuna veloz y currículo político inmaculado. Inmaculado porque estaba vacío. Aquello no era un defecto, sino una virtud cuidadosamente ponderada. No había hemeroteca que revisar, no había contradicciones que explicar, no había pensamiento previo que estorbara. Gundisalvo era moldeable. La política española, incluso entonces, ya intuía que lo moldeable siempre es preferible a lo honesto.

“Nunca hay que hacer demasiadas preguntas cuando el poder promete salvarte del esfuerzo de pensar...”

En la “tertulia” donde se acepta el encargo, los dirigentes fueron sinceros hasta el descuido, no tenían programa ni futuro ideológico. Pero no importaba ya que, lo irían disponiendo “a medida que al comité ideológico se le fueran ocurriendo cosas”, entonces en fascículos coleccionables como las fotonovelas, como quien distribuye una enciclopedia por entregas o una moral por capítulos, algo parecido a hoy en el socialismo, tienen la moral adaptada al momento. Gundisalvo asintió y no preguntó. Nunca hay que hacer demasiadas preguntas cuando el poder promete salvarte del esfuerzo de pensar...

“Estoy dispuesto a salvar a todos los españoles, incluso a los que no quieran o no se dejen.”

Para dirigir la campaña contrataron a un creativo publicitario, Julio Pedraza, que se instaló en la mansión del candidato, le cambió los muebles, el tono y hasta el vocabulario, obligándole a memorizar discursos de Emilio Castelar. Da igual quién escriba los discursos si el candidato no va a entenderlos. Da igual lo qué se diga si se dice con solemnidad. La política moderna nació ahí: cuando el contenido dejó de importar y todo pasó a ser escenografía. Las primeras palabras de Gundisalvo a la prensa fueron ya, una verdadera declaración de principios, o más bien de ausencia de ellos, algo parecido a nuestro sin par déspota autoritario Sánchez el miserable, “Estoy dispuesto a salvar a todos los españoles, incluso a los que no quieran o no se dejen.”

“Justo lo que hoy se exige para prosperar en la política nacional, un cerebro obtuso, deficiente e incompleto, una hoja en blanco donde el poder pueda escribir lo que quiera sobre él”

España es ese país donde la ficción siempre llega tarde a la realidad. Gundisalvo no era un personaje, era una advertencia y por eso lo sacó al ruedo irónicamente. Aquí nunca hemos sido de leer las letras pequeñas, salvo cuando se trata de indultos, amnistías o contratos de mascarillas, pero siempre a toro pasado. Gundisalvo García, constructor, empresario, patriota de sobremesa y estadista por aclamación se presentaba a senador sin programa, sin ideas y sin pasado político. Justo lo que hoy se exige para prosperar en la política nacional, un cerebro obtuso, deficiente e incompleto, una hoja en blanco donde el poder pueda escribir lo que quiera sobre él. Entonces se llamaba “amplio espectro” para disimular la herrumbre moral, hoy se llama “progresismo”. La diferencia es puramente estética, ahora el traje es más ajustado “tailored” y la moral mucho más elástica “overside”.

“Y si muere gente por negligencia, siempre habrá un ministro diciendo que “las cosas están calentitas” o que “se ha hecho todo bien”, lo de robar, claro...”

El lema de Gundisalvo era insuperable: “¿A usted qué más le da, hombre?”. Cincuenta años después, el sanchismo ha logrado perfeccionarlo sin cambiar una coma: qué más te da la deuda, qué más te da la ley, qué más te da la Constitución, qué más te da España. Total, si todo puede reinterpretarse desde La Moncloa con una sonrisa, una rueda de prensa sin preguntas, un presidente del Constitucional afín al desprecio de la ética y un o una fiscal general convenientemente domesticados. Gundisalvo prometía salvar a todos los españoles, incluso a los que no quisieran ser salvados. Ahí está el ADN del autoritarismo moderno, no hace falta camisa azul ni correaje tan manido por la izquierda, hoy tampoco, de momento una checa, peor al paso que vamos llegarán de nuevo, basta con un PowerPoint, una consigna moral muy repetida, aunque sea mentira y un enemigo bien definido. Si no aplaudes, es que odias. Si preguntas, es que conspiras. Si investigas, haces política basura. Y si muere gente por negligencia, siempre habrá un ministro diciendo que “las cosas están calentitas” o que “se ha hecho todo bien”, lo de robar, claro...

“Los actuales Gundisalvos presumen de superioridad moral mientras vacían el Estado como quien vacía una caja registradora antes de que llegue la policía”

El sanchismo no gobierna, administra un relato, donde los trenes no descarrilan por desidia, sino por bulos, donde los incendios no matan, sino que incomodan, donde la corrupción no existe si se hace con perspectiva de género o en nombre del progreso. Gundisalvo, al menos, tenía la decencia de no ocultar su vacío. Los actuales Gundisalvos presumen de superioridad moral mientras vacían el Estado como quien vacía una caja registradora antes de que llegue la policía. Ya no huele a torpeza, la criminalidad desbordada que ejercen parece más una estrategia política que un fallo de gestión. Mientras la inseguridad se hace endémica, a quien pide orden y eficacia no se le responde con soluciones, sino con etiquetas de ultras y fascistas para disparar la polarización, ejemplo franco en Navarra, donde un informe de la Policía Foral señala que los extranjeros cometieron el 63 % de delitos sexuales, 73 % de homicidios y 72 % de robos pese a ser minoría demográfica, no se discute el dato, se discute al denunciante.

“El miedo ya hizo su truco y se alejó del trato”

El truco es viejo: si hablas de hechos, te lanzan juicios morales y, si exiges orden, te convierten en enemigo de la convivencia. Así, el caos se presenta como tolerancia, la pasividad como humanidad y la dejación como progreso. Que la cifra joda la narrativa oficial no importa, mejor insultar que rendir cuentas. ¿No es más fácil decir “racista” que explicar por qué el Estado no hace su trabajo? El miedo ya hizo su truco y se alejó del trato.

“La diferencia es que todos menos Sánchez, no se envolvían en la Constitución para luego prenderle fuego con una sonrisa institucional.”

Decía Nietzsche que el político divide a las personas en instrumentos y enemigos. Sánchez ha perfeccionado la fórmula, los instrumentos cobran cargos mientras los enemigos pagan impuestos. El resto es literatura barata subvencionada y periodismo prostibulario, ese que confunde militancia con información y sectarismo con ética profesional. La derecha roba por debilidad humana y la izquierda roba por redención ideológica, ese es un buen robo. Es decir, roba mejor, con causa y con aplauso.  Jesús Gil fue Gundisalvo con chándal. Zapatero fue Gundisalvo con excelsa cualidad de tontuna, Rajoy también fue un Gundisalvo con doloso absentismo disfuncional. Sánchez es Gundisalvo con Falcon. Ambos comparten lo esencial, la convicción de que el país es suyo y los ciudadanos, figurantes. La diferencia es que todos menos Sánchez, no se envolvían en la Constitución para luego prenderle fuego con una sonrisa institucional.

La caída del sanchismo no será elegante. No puede serlo. Será una implosión, una reacción en cadena, una explosión nuclear política que arrastre a asesores, periodistas, ministros y cómplices del Peugeot rumbo a Soto del Real, ese retiro espiritual donde el socialismo español medita sobre la igualdad entre rejas. Cuando llegue ese día, y llegará, alguien volverá a preguntar, como Mingote en su guion, “¿A usted qué más le da, hombre?” Y por primera vez en mucho tiempo, la respuesta será clara: nos lo daba todo. Porque Gundisalvo era una sátira. El sanchismo es una tragedia.

“Lo bueno de tener un partido de amplio espectro es que no tienes que decir siempre lo mismo en todos los sitios, no mientes, cambias de opinión. Igual esto les suena”

“Asinque”, el exitoso lema por facilón de, “España estará a salvo si vota a Gundisalvo” ha sido heredado por el sanchismo. Antonio Ferrandis interpretó a este constructor arrastrado por el sentido del deber que se presenta a senador por un partido recién creado (Sánchista) pero con antecedentes centenarios y con una ideología de amplio espectro, que no está de acuerdo con nadie ni con lo bueno de cada uno, igual sirve para clamar contra el aborto y el adulterio y lo contrario que, para sostener que con la democracia, los cuernos no importan, porque los cuernos son solidaridad, participación y el aborto un derecho. Lo bueno de tener un partido de amplio espectro es que no tienes que decir siempre lo mismo en todos los sitios, no mientes, cambias de opinión. Igual esto les suena.

“Quizá los trabajadores que por desespero y resentimiento votaron a Gundisalvo, el del Falcón, se estarán preguntando si votaron bien.”

“Estoy dispuesto a salvar a todos los españoles, incluso a los que no quieran o no se dejen”, que lo mismo podríamos hoy escucharlas a Pedro Sánchez o Yolanda Díaz, y en los mítines playeros se lanza con un “si queréis seguir veraneando, votad a Gundisalvo”, que encaja como un guante en el estilo de Díaz Ayuso. Casi medio siglo después de aquel furor ultraliberal, clasista, racista e insolidario, la Sanidad y los médicos en la UVI, con la que puedes morir esperando una ambulancia que finalmente no vendrá, los agricultores y ganaderos enterrados en barbecho, los pescadores ahogados en piscifactorías y las dos Españas otra vez enfrentadas gracias al sanchismo. Felices están las clases pudientes políticas de la desaparición acelerada de lo estatal y lo público según convenga. Quizá los trabajadores que por desespero y resentimiento votaron a Gundisalvo, el del Falcón, se estarán preguntando si votaron bien. La prensa del régimen les dice que sí, y ya ha empezado a animarlos a saltarse una comida, de momento, pueden ser dos para ahorrar.

El Periodismo, como casi todo lo progre o “woke” está prostituido por un sectarismo ideológico desde la izquierda más despreciable, la derecha roba por un cariz humano, quiero decir que las personas se embriagan de poder y hacen de su caos a modo de capa un sayo, pero la izquierda roba, extorsiona, manipula y engaña entre otras muchas peyorativas cualidades por una suerte de sectarismo ideológico implícito en su sangre. Los periodistas de la izquierda despreciable, son sectarios y solo les importa establecer un relato espurio para convertir en borregos a los seguidores, mientras, los de las derechas argumentan delitos e infracciones impunes.

“No podía despedir a Gundisalvo sin maldecir a Puente y a Sánchez”

 

Retomando al filósofo alemán Nietzsche “Un político divide a las personas en dos grupos: en primer lugar, instrumentos; en segundo, enemigos”. Y lo hemos visto en Adamuz. Resulta tan fácil y maquiavélico hacer política acusando, precisamente, de hacer política a quienes preguntan, indagan y también sacan a la luz los informes y las denuncias de los propios maquinistas que hacían ese trayecto hoy sembrado de muerte y dolor. Esto no va de colores, va de responsabilidades y todas las tiene el gobierno. Va de asumir que la suma de tantos "incidentes" podría acabar dando un resultado que, nunca, nadie quiere y lo ha dado, la muerte. No va de política, va de rigor, va prevención y va servicio público seguro. "Las cosas están calentitas en Castilla León" decía el impresentable Óscar Puente mientras moría gente en los fuegos de este verano, a la sazón ministro responsable del área que afecta a la tragedia del tren en Adamuz, que parece la crónica de una muerte anunciada: la suya política y la del desastre. No podía despedir a Gundisalvo sin maldecir a Puente y a Sánchez.

Andrés Hernández Martínez