‘Blaubeeren’ sacude San Javier en la noche en que el Festival consagra a Sergio Peris-Mencheta
‘Blaubeeren’ sacude San Javier en la noche en que el Festival consagra a Sergio Peris-Mencheta
El Auditorio Parque Almansa inaugura su programación con un lleno absoluto y una obra demoledora antes de entregar el Premio del Festival al actor y director, que recordó que “todo empezó aquí”
San Javier inauguró anoche la programación del Auditorio Parque Almansa con una de esas veladas que explican por qué un festival consigue mantenerse vivo durante más de medio siglo. Teatro, memoria, emoción y reconocimiento se fundieron en una noche protagonizada por Sergio Peris-Mencheta, que regresó al municipio para presentar ‘Blaubeeren’ y recibir el Premio del 56 Festival Internacional de Teatro, Música y Danza de San Javier, máximo reconocimiento del certamen a una trayectoria artística.
El Festival abrió su escenario principal con uno de los montajes más esperados de esta edición: una obra incómoda, necesaria y profundamente humana que demuestra que el teatro sigue siendo capaz de remover conciencias sin recurrir al artificio.
La noche comenzó frente a la escultura de Melpómene, donde el director del Festival, David Martínez, recibió a Sergio Peris-Mencheta antes de colocar la placa con su nombre, que desde ahora permanecerá junto a la de los grandes creadores que han sido distinguidos por el certamen. El galardón consiste en una reproducción escultura, obra del artista Manuel Páez, que representa, en forma de musa, a las artes escénicas.
Ya sobre el escenario, el actor y director confesó que recibir este reconocimiento tenía para él un significado muy especial porque su historia con San Javier comenzó mucho antes de dedicarse profesionalmente al teatro.
“Aquí he estado con vosotros haciendo Julio César, aquí he estado también como director y esta es la cuarta ocasión que vuelvo. Pero, sobre todo, aquí, en una de estas butacas, me senté yo en 1978 viendo La venganza de Don Mendo. Tenía tres años, no me enteraba de nada, pero aquello se me quedó grabado. Para mí, el principio de todo fue aquí, en este teatro.”
Sus palabras arrancaron una de las grandes ovaciones de una noche cargada de simbolismo.
El horror escondido detrás de una sonrisa
A las 22.30 horas comenzó ‘Blaubeeren’, producción de Barco Pirata basada en el texto de Moisés Kaufman y Amanda Gronich, finalista del Premio Pulitzer de Teatro en 2024.
La obra parte del hallazgo real de un álbum fotográfico perteneciente a un oficial nazi en el que aparecen los responsables de Auschwitz sonriendo, descansando, cantando o disfrutando de excursiones a escasos kilómetros del mayor campo de exterminio de la historia.
Ahí reside el golpe más devastador del montaje. En las fotografías no aparecen las cámaras de gas ni los asesinatos. Aparece algo quizá todavía más inquietante: la normalidad. Personas capaces de reír, celebrar y posar ante una cámara mientras millones de seres humanos eran exterminados a pocos metros de distancia.
Peris-Mencheta construye desde ese material una pieza de teatro documental sobria, precisa y absorbente en la que cada imagen abre una pregunta sobre la responsabilidad individual, la memoria y la capacidad del ser humano para convivir con el horror sin mirarlo de frente. Blaubeeren no enseña la barbarie; la deja crecer en la imaginación del espectador hasta hacer imposible apartar la mirada.
El trabajo coral de Clara Alvarado, Víctor Clavijo, Nacho López, Irene Maquieira, Natxo Núñez, María Pascual, Paloma Porcel y Eric de Loizaga sostuvo durante toda la representación una narración de enorme intensidad, perfectamente acompañada por la escenografía de Alessio Meloni, los audiovisuales de Emilio Valenzuela, la música de Joan Miquel Pérez y una iluminación galardonada con el Premio Max 2026, que separa constantemente la aparente calma de las imágenes de la violencia que permanece fuera de plano.
El Auditorio siguió la representación en un silencio casi absoluto. Apenas hubo movimientos entre el público durante una función que atrapó la atención desde el primer minuto y que terminó con una prolongada ovación.
Sin embargo, el aplauso tuvo un significado especial.Habitualmente, Blaubeeren concluye sin saludos finales. Peris-Mencheta explicó que esa decisión responde al deseo de que el espectador abandone el teatro inmerso todavía en la reflexión que plantea la obra, sin romper esa emoción con la celebración habitual del final. Solo anoche, al tratarse de la última función tras dos años de gira, el director decidió hacer una excepción y permitió que todo el elenco regresara al escenario para recibir el reconocimiento del público.
“Nos parecía que salir del teatro pensando en lo que ha pasado, y no con la celebración de los aplausos, daba más sentido a una función como esta. Pero hoy es la última representación y creo que los actores merecen recibir este aplauso. Es la única gloria que han hecho en dos años de gira.”
Un premio con memoria
Con todos los actores sobre las tablas, llegó el momento de la entrega del Premio del Festival Internacional de Teatro, Música y Danza de San Javier.
El reconocimiento, concedido por unanimidad de toda la Corporación municipal, distingue la trayectoria de Sergio Peris-Mencheta, una de las figuras más relevantes de la escena española contemporánea por su trabajo como actor, director, productor y creador escénico, además de por su permanente búsqueda de nuevos lenguajes teatrales y su capacidad para acercar el teatro a nuevos públicos. Su nombre queda desde ahora unido para siempre a la historia del Festival.
Visiblemente emocionado, Peris-Mencheta quiso compartir el reconocimiento con quienes sostienen cada verano el Festival.
“En muy pocos lugares se hace teatro como se hace aquí. Este es uno de los pocos festivales de verano donde cabe cualquier tipo de teatro y donde el público responde siempre. Es maravilloso hacerlo con esta luna, con el mar al lado… incluso con este calor, porque también forma parte de mis recuerdos.”
El director pidió entonces un aplauso para David Martínez y para todo el equipo del Festival.
“Es muy difícil montar un festival de teatro y mucho más mantenerlo durante 56 ediciones. Mi enhorabuena al equipo, a los técnicos y, sobre todo, al público, por seguir viniendo a escuchar historias que creo que siguen siendo necesarias.”
Su discurso terminó con una reivindicación del propio hecho teatral. “El teatro tiene que pasar más en vuestras cabezas que aquí arriba. Nosotros hacemos solo la mitad del trabajo; la otra mitad la hacéis vosotros. Con un poco de suerte, incluso podemos cambiar el mundo de ahí fuera con nuestras pequeñas historias.”
La primera gran noche del Auditorio Parque Almansa terminó así con un lleno absoluto, un creador imprescindible incorporándose a la historia del Festival y una obra que convirtió unas fotografías aparentemente felices en una advertencia brutal contra el olvido.
Porque ‘Blaubeeren’ habla de Auschwitz. Pero, sobre todo, habla del presente. De esa peligrosa capacidad humana para acostumbrarse al horror mientras la vida continúa como si nada. Y cuando el teatro consigue que el público abandone el recinto haciéndose preguntas en lugar de buscando respuestas, probablemente ha cumplido su misión.