Rincón Literario de Paco Marín: "Islandia"

Islandia

TÍTULO:     Islandia

AUTOR:      Manuel Vilas

EDITA:       Destino (2026, febrero)

 

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 14 x 23 cm. Número de páginas: 400. PVP: 21,90 €. ISBN: 978-84-233-6985-0

 

Vilas, el Gran Vilas otra vez. Y ya no es su poesía completa, que me parece brutal y que está situada en un sitio privilegiado de mi biblioteca, ni siquiera es Ordesa, que me pareció una novela brutal y que está situada en un sitio privilegiado de mi biblioteca, sino que ahora se trata de Islandia, donde tras unos trabajos donde yo particularmente lo echaba de menos, regresa el Gran Vilas. Y es que se ve que cuando a este barbastrense le toca un tema de cerca, lo borda. Y lo que toca bordar ahora es el desamor. De forma que con una frase inicial como “Ya no estoy enamorada de ti”, se abre una onda expansiva que es como se podría calificar este libro: una onda expansiva del desamor contado por Manuel Vilas.

 

El escritor no se ve venir el golpe, o sí, pero el caso es que en estas páginas no. Y enseguida los lectores empatizamos con él, sobre todos los lectores que alguna vez nos han dejado de querer y nos hemos sentido hechos polvo por el desamor. Y esto que parece una tontería y que nos pilla retirado, es una gran putada cuando nos toca.

 

Islandia entonces es el receptáculo de ese desamor y se hace libro para iluminarnos sobre la manera de sufrir de Vilas, porque Vilas es un escritor enamorado, porque Vilas quiere echar el tiempo para atrás con el fin de poder enmendar su relación con Ada, la otra gran protagonista del libro. Y es que Vilas no se lo puede creer, no se puede creer que fracase también su segundo matrimonio. Él, que lo había apostado todo por Ada, dejando atrás a su primera mujer y a sus hijos, él que se había casado en los Estados Unidos, él que había hecho incontables veces el amor con Ada, que había recorrido medio mundo con ella, que vivía en casa de ella, que se había hecho a ella y que incluso había previsto un viaje a Islandia con Ada y con sus propios hijos, en lo que parecía una situación idílica, va y de pronto se ve sometido a esa frase que lo trastorna todo, que es como una cuchillada en mitad de la calle y por sorpresa.

 

Y Vilas dice no. Y Vilas tendrá que pasar por el aro como todo hijo de vecino. Y Vilas está en plena fase de negación, y menos mal que ha elegido escribir una novela con ese argumento para poder canalizar toda esa miseria humana. Para que luego digan que la literatura no es sanadora. La literatura cura, suspende el tiempo durante el momento de escribir y cicatriza heridas conforme se lee lo escrito. Islandia es un claro ejemplo de esto.

 

Así pues, esta novela nos sirve, es útil porque empatiza. Y lo mejor de todo está al final, donde se proponen varias soluciones con visión de futuro, una especie de qué es lo que hubiera pasado si tomáramos esta decisión o esta otra. Vilas está de vuelta, así que rock and roll.

                                                                        Ignacio Borgoñós

 

«Ya no estoy enamorada de ti.» Con esta frase, Ada acaba de manera inesperada una relación de más de once años. Este es el arranque de la historia de un amor que llega a su final y que cambia el rumbo de los acontecimientos en la vida del protagonista de Islandia. La novela aborda desde una perspectiva única e inédita hasta la fecha en nuestra literatura uno de los grandes temas: el fin del amor.

Con su estilo de alto voltaje emocional, en el que combina la experiencia personal, el tono autobiográfico, la nostalgia, el desgarro, la lucidez y el humor, Vilas nos muestra su talento en un libro que no dejará indiferente a nadie.

Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es poeta y su obra lírica se ha compilado en Una sola vida (2022). Su obra narrativa la inicia “España”, a la que le siguen novelas como “Aire Nuestro” y libros de relatos como “Setecientos millones de rinocerontes”. Es autor del libro de viajes “América”. Su novela “Ordesa” (2018) fue traducida a más de veinte lenguas, elegida libro del año por Babelia, obtuvo el Premio Femina, concedido en Francia a la mejor novela extranjera, y Le Monde dijo que «leer a Manuel Vilas es caminar por un lugar magnífico con los ojos vendados». “Alegría” (2019), traducida a varias lenguas, fue finalista del Premio Planeta. En 2021 publicó “Los besos”. Su novela “Nosotros” fue galardonada con el Premio Nadal de Novela 2023, y en 2024 publicó “El mejor libro del mundo”. Colabora con El País, La Vanguardia, RNE y la Cadena SER.

 

Bienvenido Manuel Vilas a esta Rincón Literario, de la mano de Ignacio Borgoñós… Gracias…

P.- Preséntese a sí mismo, ¿quién es Manuel Vilas?

R.- Soy alguien que intenta comprender su vida escribiéndola. No creo que un escritor sea una suma de libros publicados, sino de preguntas que nunca termina de responder. Escribo porque la realidad siempre me parece insuficiente y porque la memoria, aunque mienta, dice verdades que ningún documento puede demostrar.

P.- ¿Islandia no es un territorio demasiado frío, demasiado aséptico, y por eso es como el divorcio que afronta el protagonista en el libro, que no es un tú a Boston y yo a California de toda la vida?

R.- Los paisajes nunca son solo paisajes. Acaban convirtiéndose en un espejo de lo que uno lleva dentro. El frío de Islandia no me interesaba como temperatura, sino como estado del alma. Hay rupturas que no estallan; simplemente bajan la temperatura de una vida hasta que uno comprende que el calor ya pertenece al pasado.

P.- Parece que escribe todavía mejor cuando el tema le toca de cerca: la pérdida de un padre, un divorcio. ¿Novelar las experiencias personales es una especie de éxito literario asegurado?

R.- No hay ningún éxito asegurado cuando uno escribe sobre sí mismo. Al contrario: existe el peligro de quedarse encerrado en la propia biografía. La literatura empieza cuando la experiencia deja de ser únicamente tuya y alguien desconocido puede reconocer algo de su propia vida en ella.

P.- El personaje de Ada es un ser idealizado, maravilloso, del que se aprende a diario, y, sin embargo, es capaz de decir esa frase que nadie quiere escuchar. ¿Se puede uno divorciar a la nórdica o es una mera fantasía?

R.- La educación nunca elimina el dolor. Puede hacerlo más silencioso, incluso más elegante, pero no menos profundo. Creo que las personas pueden separarse con respeto, aunque el corazón siempre llegue tarde a esa cortesía. El amor tiene unos tiempos que no coinciden con los de la razón.

P.- Al final de la novela aparecen varios futuros posibles. Esa suerte tan frágil de vivir y tener que decidir a la vez, ¿cómo la afronta?

R.- Vivimos rodeados por las vidas que no llegaremos a vivir. Cada decisión es una pequeña despedida de todas las demás. Escribir me permite visitar esos caminos abandonados sin necesidad de recorrerlos. La literatura es el único lugar donde el pasado todavía puede dialogar con lo que nunca ocurrió.

P.- ¿Cómo se puede compartir un viaje con quien acaba de decirte que ya no te quiere? ¿Cómo se convive con ese "no" constante?

R.- Quizá porque el amor no desaparece el mismo día en que se pronuncia una frase definitiva. El cuerpo tarda más que las palabras en aceptar una pérdida. Lo difícil no es compartir un camarote; lo difícil es compartir el mismo recuerdo sabiendo que, a partir de ese momento, ya significará cosas distintas para cada uno.

P.- ¿Dónde está aquel poeta, aquel escritor de los primeros libros? ¿Lo echa de menos?

R.- No creo que haya desaparecido. Todos los libros que escribimos siguen viviendo dentro de los siguientes. Uno cambia porque cambia la vida. La literatura no consiste en repetirse, sino en seguir siendo fiel a una sensibilidad mientras el tiempo nos transforma. Echo de menos a la persona que fui algunas veces, pero también sé que sin perderla no habría podido escribir los libros posteriores.

P.- Siempre está viajando, firmando libros, dando charlas. ¿No resulta agotador? ¿Merece la pena?

R.- Viajar cansa, naturalmente. Pero también es una forma de comprobar que los libros dejan de pertenecerte cuando encuentran lectores. El verdadero oficio sucede en la soledad de la escritura; todo lo demás es una celebración de ese instante íntimo. Y las celebraciones también tienen su fatiga.

P.- ¿Qué manías tiene a la hora de escribir?

R.- Intento escribir todos los días, aunque sea poco. Reescribo mucho más de lo que parece. Y procuro escuchar el ritmo de una frase antes de darla por terminada. Si una frase no respira, el lector tampoco podrá hacerlo mientras la lee.

P.- ¿Qué nos queda por ver en sus próximos libros?

R.- Ojalá queden libros capaces de seguir haciéndome preguntas. No me interesa repetir una fórmula ni convertirme en una versión cómoda de mí mismo. Mientras conserve la curiosidad por la condición humana, por el paso del tiempo y por el misterio del amor y de la memoria, sentiré que todavía tengo algo que escribir.