Rincón Literario de Paco Marín: "Siete cadáveres"
TÍTULO: Siete cadáveres
AUTOR: Nicolás Benítez
EDITA: RBA (2025, marzo) -Serie Negra-
Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 15,5 x 23,2 cm. Número de páginas: 288. PVP: 20,90 €. ISBN: 978-84-1132-889-0
He de confesar que es la primera novela que leo una novela en la que se trate el tema del ‘narco tráfico’ de una forma tan clara y próxima. La historia presenta un ritmo ágil y de intensidad creciente, que capta la atención del lector desde la primera a la última página. Con un personaje, Carlos, muy realista.
Muy buen debut en este mundo literario. Pasen y lean. Y les recomiendo encarecidamente la entrevista a Nicolás, más abajo. Aclara muchas dudas.
Carlos cumple condena por narcotráfico en la cárcel de Botafuegos, en Cádiz. Es un tipo reservado y endurecido por un pasado de miseria. También alberga en su interior una ira que es incontrolable cuando se despierta.
Aún en prisión recibe la noticia de la muerte de la persona que más quiere en este mundo. Ha sido asesinada en circunstancias trágicas. Y Carlos no va a detenerse ante nada hasta que paguen los responsables. Aunque pertenezcan al poderoso clan de los Arcángeles.
Nicolás Benítez (Barcelona). Tras el seudónimo NICOLÁS BENÍTEZ se esconde un apasionado de la literatura, interés que le llevó a cursar estudios de Filología Hispánica. Más tarde se especializó en Criminología y Psicología Criminal, ámbitos a los que se ha dedicado profesionalmente durante más de veinticinco años. En Siete cadáveres, su primera novela, logra aunar esa pasión literaria y un amplio conocimiento de primera mano sobre la delincuencia, sus múltiples perspectivas y, en ocasiones, terribles consecuencias.
Bienvenido al Rincón Literario… Gracias…
P.- Por favor, presente a Nicolás Benítez.
R.- Podría recurrir a un ardid literario y presentarle como un conocido de quien tengo una información privilegiada. Al fin y al cabo, «Nicolás Benítez» es un seudónimo y podría referirme a él como mi alter ego. Sin embargo, alguien dijo que para detectar a un imbécil bastaba con oírle hablar de sí mismo en tercera persona. Estoy de acuerdo con esa afirmación, de modo que trataré de evitar, al menos, ese tipo de cretinismo.
Aunque reconozco que soy, desde cualquier punto de vista, un escritor novel, en la vida y en el conocimiento sobre el mundo, en especial el de la delincuencia, me puedo atribuir sin mucho rubor la consideración de veterano. Esto me parece importante, no por los años vividos, que si no se aprovechan no son otra cosa más que tiempo acumulado sin que te alcance aún la muerte, sino porque la mayor parte de ese tiempo he tenido la oportunidad de estar en contacto directo con la delincuencia y sus protagonistas. Esto me parece relevante para presentar a Nicolás Benítez, porque uno de los retos que me impongo al escribir es intentar contar historias en las que sucedan cosas interesantes para el lector y que se desarrollen con un ritmo estimulante que le invite a seguir leyendo. Historias en las que la trama y los personajes sean verosímiles y puedan resultar creíbles. Por esa razón, sin convertirme por ello en una especie de fedatario de lo sucedido, como si en lugar de historias de ficción escribiera informes policiales o sentencias judiciales, trato de ser muy fiel a la realidad de los escenarios físicos y emocionales donde se desarrollan las historias.
Me interesa la literatura. La disfruto mucho como lector. Me interesa también entender la conducta humana y, especialmente, la más problemática y violenta. A eso me he estado dedicando durante casi treinta años. Por esa razón escribo sobre delincuentes y sobre los márgenes donde casi siempre se mueven.
P.- ¿Desde cuándo escribe y por qué?
R.- Siempre he sentido la necesidad de expresarme mediante la escritura y, como muchos otros, de adolescente escribía pequeñas historias. Deseaba ser escritor y por eso cuando llegué a la universidad escogí seguir los estudios de Filología. Sin embargo, me interesaban también muchas otras cosas y tenía una gran curiosidad por comprender la conducta y la psicología humanas. En ese momento se cruzó en mi camino la Criminología y abandoné los estudios de Filología. Después, ya como profesional, durante años escribí mucho, pero únicamente documentos formales: trabajos académicos, informes técnicos… Siempre tratando de que fueran tan formalmente correctos y atractivos para los lectores a los que iban dirigidos como fuera posible. Hace unos años, un cambio laboral me dio la oportunidad de poder disponer de más tiempo y de una relativa liberación de la carga intelectual. Fue ahí cuando volvió a aflorar la antigua pulsión creativa y recuperé esa necesidad que se había mantenido latente.
P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace "Siete cadáveres"?
R.- Nace de la necesidad reprimida durante años a la que he hecho mención antes: la del adolescente que aspira a convertirse en escritor. Del joven que admira a los grandes autores. Nace al poder encontrar el tiempo y la oportunidad, después de que la necesidad se impusiera y desplazara esos sueños, de haber empleado el tiempo y el esfuerzo en cosas más “prácticas”. En salir adelante, como suele decirse.
No escribí esta novela pensando en publicarla. De hecho, ni siquiera era inicialmente una novela. Únicamente una historia que iba desarrollándose, evolucionando a medida que crecía de forma casi orgánica. Disfrutaba con el proceso de la escritura y no fue hasta haber escrito algo más de la mitad del texto cuando, empujado por mi pareja, empecé a tomar conciencia de que aquello que poco a poco iba surgiendo podría tener un público interesado en leerlo.
P.- ¿Por qué siete cadáveres y no seis u ocho, por ejemplo?
R.- Siete me parece un buen número, con numerosas reminiscencias simbólicas. En este caso, siete es el número de muertes que, de forma más o menos directa, se le pueden atribuir a Carlos, el protagonista, en el transcurso de la novela. No obstante, como se han ocupado de demostrarme algunos lectores, a Carlos se le podrían atribuir algunas otras muertes. Es, en definitiva, un pequeño juego que planteo a los lectores, que no condiciona en modo alguna la novela y con el que espero que, si deciden jugar, disfruten como un añadido a su lectura.
P.- ¿De dónde parte para trazar el perfil de Carlos, el protagonista?
R.- Como se encargó de destacar la editorial, mi formación es en ciencias de la conducta y llevo ya casi treinta años dedicado profesionalmente a ello en diferentes ámbitos. Mi interés inicial era construir un personaje tan complejo como lo somos cualquiera de los seres humanos reales que podemos sostener un libro entre nuestras manos, saltarnos un semáforo en rojo o cometer un asesinato. No todo el mundo lee, no todos incumplen las normas de tráfico, aunque esto es bastante más frecuente, y por fortuna son pocos los que matan a un vecino. Carlos es un personaje complejo con el que se puede llegar a empatizar. Pero es también un asesino que actúa para darse el gusto de hacerlo, por pura satisfacción, para su disfrute. Por el camino, además, ejecuta una venganza que, justificada o no, solo pueden llevar a cabo personas que pocos querrían tener cerca, con un perfil de personalidad peculiar y muy problemático. En resumen, me interesaba crear un personaje con ese perfil de personalidad y de ahí nació Carlos.
P.- ¿Se ha inspirado en alguna organización criminal para crear los 'Arcángeles'?
R.- No me he inspirado en ninguna en concreto, pero he tenido en mente a algunas. Casi todas las organizaciones criminales suelen nutrirse de personas de confianza, con las que se tiene una historia previa en común. Con eso tratan de garantizar la confianza, la complicidad y el secreto necesarios para desarrollar sus actividades.
Hace unos años era más frecuente encontrar organizaciones de tipo familiar o integradas por delincuentes con vínculos y orígenes muy próximos, como los ‘Arcángeles’. Sin embargo, los grupos criminales dedicados al narcotráfico en el Estrecho son cada vez más variados en composición y origen.
La historia de los 'Arcángeles' en esta novela es, en cierto modo, un trasunto del cambio de la realidad delictiva en esa zona y de la evolución del narcotráfico en el Estrecho.
P.- En los hechos relatados ¿la realidad supera a la ficción?
R.- Esta frase no es solo un lugar común, es absolutamente cierta y aplicable a muchos de los hechos que leemos a diario en las noticias, pero a los que, transformados en una novela, difícilmente se les daría credibilidad.
Por poner solo unos ejemplos: los tremendos abusos a Gisèlle Pelicot, orquestados por su marido durante años, o la trama sexual organizada por Jeffrey Epstein y en la que están implicadas decenas de personas entre las que es difícil no encontrar al menos a una a la que en algún momento no hayamos admirado. También, por mencionar hechos más próximos a "Siete cadáveres", la detención del inspector jefe de la UDEF, que ocultaba millones de euros procedentes del narcotráfico emparedados en su chalet, o el triste asesinato de dos guardias civiles en el puerto de Barbate.
Sin embargo, aunque todo lo que se cuenta en esta novela es ficticio, he procurado que no haya nada inverosímil. Todo podría suceder de esta forma.
P.- A su juicio ¿qué importancia tiene el Estrecho de Gibraltar en el tráfico de droga?
R.- No pretendo estigmatizar una región ni es mi intención con esta novela focalizar el problema del narcotráfico en esta zona. De hecho, buena parte de la trama se desarrolla en Barcelona, en algunas de sus espacios más desfavorecidos y en los que se concentra en mayor medida la delincuencia. Desde el menudeo y los pequeños delitos de raterillos de tres al cuarto, hasta las grandes operaciones criminales en las que se hacen transacciones de millones de euros y en las que participan organizaciones y grupos delictivos internacionales. Es precisamente en la parte barcelonesa de la novela donde aparecen algunos de los personajes más siniestros y peligrosos.
Volviendo al Estrecho y a tu pregunta: déjame decir antes que a menudo se recurre a argumentos frívolos y simplificadores para tratar de explicar fenómenos complejos y de difícil solución. No pretendo hacer eso con este tema. Sin embargo, creo que es bastante obvio que, entre otras razones, a causa de su ubicación, a la proximidad del Peñón y su singularidad política y económica, a una situación claramente desfavorable y a la muy evidente desigualdad social que hay entre poblaciones muy próximas entre sí, incluso entre barrios de una misma ciudad, el Campo de Gibraltar tiene un papel cada vez más destacado en esta realidad delictiva. No se puede decir sin embargo que toda la droga que entra en España circule por el Estrecho. Eso no es cierto. Pero sí lo es que esta ruta está siendo utilizada de forma creciente por grupos criminales cada vez mejor organizados, más profesionalizados y violentos, que ya hace tiempo que no solo trafican con hachís. Además, se están produciendo fenómenos que agravan el problema: la especialización, el aumento de la violencia, la creciente presencia de armas de guerra y su uso efectivo, los ajustes de cuentas entre grupos rivales o circunstancialmente enfrentados…
No tengo ninguna duda de que la literatura puede servir para denunciar y señalar ese tipo de problemas, lo que ya no tengo tan claro es que hacerlo sirva para resolverlos. No obstante, en ocasiones se atribuye a algunas obras una capacidad de denuncia, incluso de activismo político, y crítica social que creo que, más allá de la voluntad más o menos manifiesta de sus autores, forma parte consustancial de este tipo de literatura. En mi opinión, esa es una gran virtud de una parte de este género que puede ser tan negro como social y, en ocasiones, se convierte en una estupenda herramienta para mostrar las zonas oscuras que a menudo hay junto a nuestras viviendas, de nuestros lugares de trabajo y de los colegios en los que cada mañana dejamos a nuestros hijos. La novela negra puede ponernos frente a una realidad que suele esconderse, porque sus protagonistas buscan la penumbra, y que tampoco quiere ser vista por el resto de la sociedad, porque es triste y desagradable, pero también tan compleja que no admite soluciones fáciles.
P.- ¿Cuáles son sus géneros y autores favoritos?
R.- Soy bastante eclético. Disfruto tanto de la novela negra, con autores como Don Winslow, Gillian Flynn, S. A. Cosby o Lorenzo Silva, como de otros que no pueden ser calificados estrictamente como autores de este género pero que han escrito grandes novelas negras, como Liz Moore. En la literatura en sentido más general, entre mis autores preferidos están Landero, Cercas, Marías y Muñoz Molina.
En general, me interesan los autores y las novelas que cuentan historias con las que me siento implicado, en las que suceden cosas que me sorprenden o motivan. También me interesa comprender la realidad y las obras que me ayuden a hacerlo me atraen, sean del género que sean. Sin embargo, como he dicho antes, me interesan los márgenes y las personas que los habitan o se mueven en ellos y en el género negro siempre encuentro autores y obras que me ayudan a entender al ser humano.
P.- ¿Qué está leyendo ahora mismo? Recomiende un par de títulos, por favor.
R.- Suelo leer un par de libros simultáneamente, dependiendo del momento del día escojo uno u otro. Ahora estoy leyendo ”La falsa pista” de Henning Mankell y “Seis problemas que la ciencia no puede resolver”, una obra de divulgación escrita por la catedrática de física Sonia Contera. Entre las lecturas previstas tengo “Jotadé” y “El amo”, de Santiago Díaz.
P.- ¿Qué manías tiene a la hora de escribir?
R.- No soy nada maniático. Aunque si por «manía» se entiende disponer del tiempo suficiente para poder meterme en la historia antes de empezar a escribir y un entorno silencioso en el que evitar distracciones, esas serían mis únicas manías. Eso sí, suelo escribir casi exclusivamente en mi domicilio. He intentado hacerlo en otros lugares y no logro adaptarme.
Por lo demás, aunque soy consciente de que sería conveniente tener rutinas que me ayudaran a desarrollar un hábito, una disciplina que me facilitara la escritura, por el momento soy un escritor de guerrilla: escribo cuando puedo, sin horarios definidos.
P.- ¿Qué opinión le merecen los festivales de novela negra?
R.- Me gustan mucho. Como lector los festivales me sirven para conocer obras y autores a los que de otra forma me resultaría muy difícil haber llegado.
Sin embargo, publicar con seudónimo tiene grandes inconvenientes, limita mucho y no me permite poder participar como autor, formando parte de mesas redondas o acudiendo a firmas de ejemplares. Así que esa perspectiva de los festivales no la puedo disfrutar.
P.- Relate alguna curiosidad literaria personal que le haya ocurrido y no ha desvelado.
R.- Escribí “Siete cadáveres” de forma algo desorganizada, aprovechando casi exclusivamente períodos vacacionales y festivos. Aunque tenía bastante claro de qué quería escribir, al principio no tenía una idea definida de la trama y los personajes. Por eso no seguí ningún guion ni pauta previa y la novela fue creciendo de forma natural.
Poco antes de acabar la novela hice una revisión general de lo que había escrito, para ordenar el texto y corregir las incoherencias y errores, que no eran pocas. En esa lectura descubrí que había escrito dos veces el mismo capítulo. Era uno de los capítulos finales y, pese a haberlos escrito con unos dos años de diferencia, ambos eran prácticamente iguales.
P.- Venda su libro ¿por qué hay que leer "Siete cadáveres"?
R.- Los autores no somos probablemente los mejores vendedores de nuestra obra. No es posible esperar objetividad de un escritor. Por ese motivo trataré de resumir muy brevemente lo que han dicho de esta novela aquellos que ya la han leído y se han tomado la molestia de hacerme llegar sus impresiones.
Según ellos el rasgo más destacado, y del que más orgulloso me siento, para qué negarlo, es el realismo, la verosimilitud del relato. Especialmente la descripción del mundo del narcotráfico y de la vida carcelaria. También han apreciado su carácter social. La trama de venganza lleva al protagonista desde La Línea de la Concepción hasta Barcelona, pasando también por la prisión de Botafuegos, y en esos escenarios los lectores conocen una realidad, un submundo, con el que la mayor parte no han tenido ni tendrán nunca contacto directo, aunque sospechen de su existencia, poblado por personajes potentes, duros, incluso a veces despiadados. Destacan igualmente que el ritmo de la narración es rápido, ágil y atrapa al lector.
A los potenciales lectores únicamente les digo que confíen en los que ya han recorrido los bajos fondos de la mano de Carlos, que se dejen guiar por él, aunque su compañía les atemorice, y le acompañen mientras ejecuta su venganza.
P.- Sus planes a corto y medio plazo ¿son?
R.- Quien escribe sabe que este mal no tiene cura. Por esa razón, si me lo permite, responderé a su pregunta con una cita de Dorothy Parker que deja bien a las claras qué alternativas me esperan:
Si tienes amigos jóvenes que aspiren a convertirse en escritores, el segundo mejor favor que puedes hacer es regalarles un buen libro de gramática. El primero, por supuesto, es pegarles un tiro ahora, mientras aún son felices.
Yo ya no soy joven y tampoco nadie me pegó un tiro a tiempo…