LA APARECIDA REMEMORA EL CANTE DE PASCUA
LA APARECIDA REMEMORA EL CANTE DE PASCUA
José Sánchez Conesa
Cronista Oficial de Cartagena
Me reuno en la Casa Moruna de La Aparecida con Pascual García Tomás (1936), su mujer Fina y sus hijas María y Fina. Más adelante se suma Anita Martínez (1942). Precisamente los nombres de Pascual y Anita han pasado al callejero del pueblo, a propuesta de la Junta Vecinal Municipal que preside Juan Manuel Ayaso. Otros nombres honrados con tal distinción han sido José García Campos, Luis Martínez `Manzanares´, Jesús Roca, José Martínez Aparicio `Pepe, el rochero´. A los que se sumará próximamente Pedro Arango, vecino de La Aparecida y mítico capitán del Cartagena. Detrás hallamos muchos años de trabajo realizado desde la asociación de vecinos, comisiones de fiestas, asociación de mujeres, junta de la iglesia. Entidades que han sido fundamentales para la consecución de infraestructuras y servicios públicos, desarrollo de actividades culturales y de ocio.
Nos convoca el propósito de saber de la vieja cuadrilla navideña y de cómo era la vida de los vecinos en los años 50 y 60, cuando mis informantes moceaban. Pascual, como otros zagales, acompañaba a la mentada agrupación de músicos y cantores cuando marchaban por las casas pidiendo el aguilando, siendo agasajados con productos de la matanza del cerdo y repostería navideña. Los instrumentos que mejor recuerda son la botella de anís estriada, percutida por una cuchara u otro cubierto, la pandereta, la castañeta y alguna guitarra. Irrumpe en la conversación la figura del palmesano Jesús el Púa, enseñante de los instrumentos de cuerda y animador de la cuadrilla. Otro componente era Luis Martínez `Manzanares´. Ellos no recuerdan que se pidiese un donativo para la parroquia ni que portaran estandarte.
No recuerda que se bailaran unas jotas o malagueñas en los hogares visitados. Fina, su esposa, aprendió del maestro bolero de Fuente Álamo algunas piezas, entre ellas el elegante bolero. Como toda la clientela de estos peculiares enseñantes, recibía las clases en el propio hogar, siendo como eran, maestros itinerantes. Era corriente que casi todo el mundo supieran malagueñas y jotas, no así el repertorio bolero: malagueñas y sevillanas boleras o el bolero. Solo un escogido grupo de muchachos, pero sobre todo muchachas, podían lucirlo en el baile dominical. Fina tuvo un traje regional de lentejuelas, que era empleado en esporádicas actuaciones acaecidas en el Casino de La Palma. Durante esta generación, ahora octogenarios o incipientes nonagenarios, se consolidó en esta zona del Campo de Cartagena el baile agarrado basado en pasodobles, vals, boleros o tangos, arrinconando en el olvido el repertorio anteriormente aludido.
Me cuenta Anita que durante años La Aparecida contaba con las fiestas patronales de septiembre en honor a la Virgen de la Piedad y con la fiesta de San Pedro, en honor de Pedro, el carnicero. Un hecho cuanto menos curioso. En efecto, tenía lugar el dia 29 de junio la verbena en una calle cercana a la Sociedad, el casino de toda la vida. No podían faltar las carreras de cintas a caballo, disputadas también en bicicleta y en moto. Pascual era el gran triunfador. También se le daban muy bien los bolos cartageneros. Idéntico programa se repetía en las patronales, más la misa en honor de la Patrona y la tómbola, cuyas muñecas eran vestidas por las mujeres de la localidad. Estos bailes tenían fama de terminar siempre en pelea.
Durante el resto del año marchaban a bailar al Casino palmesano. Como eran mocicas los padres no las dejaban bailar agarradas con hombres, y por tanto lo hacían entre ellas. El popular Mudo, ayudante de cantinero Mateo, trataba siempre de apartarlas. En el camino utilizaban alpargates que dejaban a la entrada de la población escondidos bajo una mata a la orilla del camino. Allí mismo calzaban los zapatos de gala, que había que conservar a toda costa, evitando estropearlos en aquellas caminatas pedregosas y polvorientas. Algunos muchachos les gastaban la broma de quitarles los abandonados calzados, aunque terminaban por devolverlos. Otras veces no se acordaban ellas mismas dónde los habían dejado.
En la Sociedad de La Aparecida celebraron bailes durante una época, e incluso bailes de piñata. Pero sobre todo lo que ofertaba eran juegos de mesa, cantina y cuando llegó la televisión, un aparato receptor donde poder ver el fútbol. En una de las dependencias contaban con una barbería.
Finalmente me cantan las coplas del aguilando, con una letra muy conocida entre ellos pero para mí inédita: `Bendita sea esta casa/ y el albañil que la hizo/ que por fuera está la gloria/ y por dentro el paraiso´. Continúa el estribillo: `Digamos con alegría/ que viva nuestra Patrona/ Virgen de la Aparecida´. Y siguen: `Qué es aquello que reluce/ encima del campanario/ no son estrellas ni luces/ que es la Virgen del Rosario´ Estribillo: `Digamos con alegría/ las mozas quieren casarse/ y la cosa está jodía´. Otras letras: `En el portal de Belén/ hay una piedra redonda/ dónde Cristo puso el pie/ para subir a la Gloria´.`Por debajo de esta puerta/ hay un cochino rabote/ esta si que es buena casa/ pero nos darán garrote´. Resulta inestimable la ayuda de Fina hija, que es profesora de Música en instituto de enseñanza secundaria.
Sería deseable que estos cantos volvieran a resonar en las misas del ciclo navideño y por las calles de La Aparecida, recuperando una tradición de siglos pues entorno a su ermita se reunían los hermanos de la cofradía de las Ánimas Benditas del Purgatorio, dependiente de la parroquia de La Palma, donde estuvo radicada del año 1703 a 1856. Aquellos cofrades fueron los que constituyeron las cuadrillas de la zona para recaudar fondos destinados a la asociación, orientada a aplicar misas para sacar del purgatorio las almas de los hermanos fallecidos. Estos eran acompañados en su entierro con estandarte y hachotes. Estaba en juego la salvación eterna.