Cartagena y sus barrios: la deuda pendiente con el pequeño comercio que sostiene la ciudad

Daniel Collado

Cartagena y sus barrios: la deuda pendiente con el pequeño comercio que sostiene la ciudad

Cartagena siempre ha presumido de puerto, de historia y de patrimonio. Pero mientras se invierten recursos enintentar proyectar una imagen de la ciudad, hay una realidad mucho menos visible que lleva años deteriorándose: el abandono progresivo de sus barrios.

Porque la verdadera Cartagena nunca estuvo únicamente en el centro histórico. Ha estado siempre en barrios como Los Barreros, San Antón, Media Sala o Urbanización Mediterráneo. Barrios levantados por generaciones de trabajadores y comerciantes que dieron vida a la ciudad mucho antes de cualquier campaña de marketing.

Hoy, sin embargo, basta pasear por muchas de sus calles para comprobar que algo se está perdiendo.

Locales cerrados, persianas bajadas y calles con menos vida que hace apenas unas décadas. Mientras unas zonas reciben atención constante, muchos barrios sobreviven con una sensación clara de abandono institucional y falta de apuesta real por el comercio de proximidad.

Y aun así, todavía quedan quienes resisten.

En Los Barreros continúan abiertos negocios que forman parte de la memoria colectiva de Cartagena. Ahí siguen Marber, Cafetería Chiqui, Peluquería Tripiana, Floristería Matas, Panadería El Porche, Carnicería Fran, Peluquería Matías o Pescados Jumar. Comercios familiares que sostienen mucho más que una actividad económica: mantienen la vida del barrio.

Pero el problema es evidente. Cada vez quedan menos.

Donde antes había tiendas de ropa, mercerías, talleres o ultramarinos, hoy aparecen locales vacíos y calles más apagadas. El pequeño comercio lleva años desapareciendo sin que exista una estrategia clara para protegerlo.

En Media Sala todavía sobreviven negocios comoRestaurante El Caporal, Ferretería Fagi o Pinturas Diuzen. En Urbanización Mediterráneo siguen resistiendo Calzados Diana, Artyurba, Panadería Montoro, Panadería Cavite, Pinceladas o Librería Amatista. Negocios que continúan abiertos gracias al esfuerzo personal de familias enteras que llevan décadas sosteniendo sus barrios.

Y si hay un ejemplo especialmente doloroso, ese es San Antón.

San Antón fue durante años uno de los barrios con más vida social y comercial de Cartagena. Hoy el deterioro urbano, la pérdida de actividad y la falta de atención resultan evidentes. Y aun así, negocios como El Paso de los Elefantes, Peluquería Fabián o Bar Casablanca siguen resistiendo prácticamente solos, manteniendo la dignidad de un barrio al que institucionalmente se ha dejado de mirar.

A ver si tenemos claro que cuando desaparece el pequeño comercio no solo cierra una tienda. También desaparece seguridad, convivencia y vida en la calle. Se pierde comunidad. Y eso tiene consecuencias mucho más profundas de lo que algunos parecen querer reconocer.

Mientras tanto, las administraciones siguen hablando de proyectos en el centro de la ciudad, pero olvidan que ninguna ciudad puede sostenerse si abandona a los barrios que la hicieron crecer.

Y viendo la situación actual de muchos de ellos, resulta inevitable recordar aquella frase de Nicolás Maquiavelo: “No hay medio más seguro para conservar el poder en semejantes estados que arruinarlos”. Una reflexión escrita hace siglos, pero que muchos vecinos sienten hoy completamente vigente.

Cartagena tiene una deuda enorme con sus barrios. Con los comerciantes que siguen resistiendo pese a todo. Y con una generación entera que observa cómo la ciudad avanza en unas zonas mientras otras sobreviven cada día un poco más olvidadas.