La Comunidad Autónoma restaura ‘El Lavatorio’, una de las obras maestras del escultor Juan González Moreno

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La Comunidad Autónoma restaura ‘El Lavatorio’, una de las obras maestras del escultor Juan González Moreno

La Comunidad Autónoma restaura ‘El Lavatorio’, una de las obras maestras del escultor Juan González Moreno

El grupo de 13 esculturas, realizado por el artista murciano entre 1949 y 1952 y que desfila en la procesión del Miércoles Santo murciano, ha requerido de seis meses de trabajos en el Centro de Restauración 

‘El Lavatorio’, una de las obras maestras del escultor murciano Juan González Moreno (1908-1996) y paso emblemático de la Archicofradía de la Sangre, los populares ‘coloraos’ de la Semana Santa murciana, lucirá el próximo Miércoles Santo con todo su esplendor tras el proceso de rehabilitación al que ha sido sometido el conjunto de 13 imágenes en el Centro de Restauración de la Comunidad Autónoma.   

La consejera de Turismo, Cultura, Juventud y Deportes, Carmen Conesa, que hizo entrega del conjunto al presidente de la Archicofradía, Carlos Valcárcel, destacó que se trata “de una de las máximas realizaciones de González Moreno a lo largo de su brillante trayectoria artística, y la primera de las grandes obras de su ‘década prodigiosa’, la de los años 50 del siglo pasado, en la que alcanza los momentos cenitales de su producción”.

“No podemos olvidar que es durante esos años cuando realiza los pasos del Lavatorio y las Hijas de Jerusalén para Murcia, el Descendimiento de Burgos y el Santo Enterramiento de Cartagena, además de dos monumentos tan conocidos como el de la Inmaculada Concepción de la plaza de Santa Catalina y el Cardenal Belluga de la Glorieta, sin olvidar que recibe el encargo y comienza a ejecutar los once relieves del Santuario de la Fuensanta. Es un tiempo de una creatividad y una altura artística excepcionales, y el Lavatorio es una buena muestra de ello”, subrayó la consejera.

En consecuencia, la Comunidad Autónoma, según manifestó Carmen Conesa, “se siente muy satisfecha, no sólo de los resultados del riguroso, minucioso y complejo trabajo realizado, sino de que sirva para recuperar en plenitud la extraordinaria belleza y perfección escultórica y compositiva de este impresionante conjunto, que volverá a ser admirado por murcianos y visitantes en el Museo de la Archicofradía y en la célebre procesión del Miércoles Santo”.

El Lavatorio fue realizado por González Moreno entre 1949 y 1952, tal y como indica una inscripción que lleva la imagen de Jesús, en madera tallada, policromada, dorada y estofada y en tamaño natural.

Este grupo fue encargado para sustituir la pérdida de otro de la misma temática que la cofradía poseía, realizado por el escultor valenciano Juan Dorado Brisa (1904), y destruido desgraciadamente en el verano de 1936, pocos días después del inicio de la Guerra Civil, que a su vez ya había ocupado el lugar de otro anterior, del escultor genovés Santiago Baglietto (1840). El paso actual está compuesto por trece esculturas distribuidas en torno a una mesa y representan el momento previo a la Santa Cena, cuando Jesús lavó los pies a sus apóstoles.

Restauración de gran complejidad

La intervención ha durado seis meses, partiendo de un estado de conservación deficiente, pues pese a haber sido restaurado el grupo hace aproximadamente veinte años, el envejecimiento de los materiales aplicados en aquella intervención, el uso procesional, así como los daños intrínsecos derivados de la propia técnica constructiva del escultor, habían derivado en la aparición de diversas patologías, tales como grietas, roces, pequeños desprendimientos, alteraciones cromáticas, abrasiones de la policromía o manchas de humedad.

Así lo puso de manifestó el estudio científico previo realizado a las trece esculturas, empleando distintas técnicas como la microfotografía, la luz ultravioleta o los rayos X. 

La restauración ha revestido gran complejidad, por tratarse la intervención de trece obras al unísono, manteniendo unos mismos acabados en cuanto al nivel de limpieza, reintegración cromática y barnizado final.

El proceso ha servido para localizar otras patologías que habían pasado desapercibidas hasta el momento y que se encontraban ocultas bajo repintes, como la presencia de múltiples manchas provocadas por una antigua filtración de agua que el grupo procesional debió sufrir en la iglesia o en los almacenes y que dejó una serie de pequeñas manchas distribuidas por múltiples zonas de la policromía, que ahora han podido ser tratadas. 

En líneas generales, la restauración del grupo ha consistido en una consolidación de estratos, una limpieza físico-química, la reconstrucción de la capa de preparación, una reintegración cromática diferenciada y un barnizado final de protección.