Encuentro con Claudio Cañabate. Un memorable del secano cartagenero
Encuentro con Claudio Cañabate. Un memorable del secano cartagenero
Claudio, presidente de la asociación de vecinos de Los Puertos de Santa Bárbara de Abajo y alma mater del Museo Etnográfico, recibió un homenaje de Campoder en forma de documental
José Sánchez Conesa
Cronista Oficial de Cartagena
Me acerco hasta el Museo Etnográfico del Campo de Cartagena donde me espera Claudio Cañabate Mendoza, protagonista del tercer capítulo de la serie documental 'Memorables. Murcia Rural' en territorio Campoder, presentado hace unos días en el salón de actos del Museo del Teatro Romano. El acto tuvo éxito de crítica y público y remate trovero a cargo de los repentistas Juan Diego Celdrán y Natalia Martín `Niña de la Magdalena´, quienes le dedicaron a Claudio dos décimas de categoría.
`Memorables´da visibilidad a los territorios rurales, poniendo en valor a las personas que los lideran social y culturalmente. En el caso que nos ocupa se trata de Claudio, hombre de gran bonhomía, acogedor y servicial. Es presidente de la asociación de vecinos de Los Puertos de Santa Bárbara de Abajo y referente del tejido vecinal de todo el secano cartagenero. Por hacer posible este homenaje felicitamos a la asociación Campoder, grupo de acción local que promueve el desarrollo del medio rural de todo o parte de los municipios de Águilas, Cartagena, Fuente Álamo, Lorca, Mazarrón, Murcia y Puerto Lumbreras.
En nuestra conversación me expone Claudio algunos de los logros conseguidos a lo largo de los años como arreglos de caminos, alumbrado público, la consecución de espacios para el ocio y la puesta en marcha del museo. En los primeros años 70 los propios vecinos pusieron dinero, 5000 pts por familia, para arreglar el camino principal con riego asfáltico. Lamentable abandono por parte del Ayuntamiento de los moradores de sus diputaciones rurales, situación que posibilitó el auge del movimiento vecinal en todas las poblaciones como respuesta organizada a tales desmanes. Estaba todo por hacer. Con razón el gerente de Campoder, Miguel Buendía, resaltó de Claudio `el trabajo por mejorar la calidad de vida del medio rural y la lucha por preservar su cultura, sus tradiciones, su memoria.´ También tomó la palabra Manuel Cristobal Rodríguez, director de la serie documental, quien realizó un magnífico retrato de nuestro personaje.
Movimiento vecinal
No lo tenía fácil pues al poseer una vaquería familiar era un auténtico esclavo del negocio. Luego ejerció como taxista, otro trabajo que acepta todas las horas posibles y alguna más. Labores que le impedían llevar una vida socialmente activa en la comunidad local. Aun así fue invitado a asistir a una asamblea vecinal de elección de junta directiva que fue celebrada en octubre de 1998 y de la que Claudio salió coronado como presidente, hasta el momento presente. El cambio de profesión le supuso ganar más tiempo libre al obtener una plaza como funcionario público del transporte sanitario. Desde hace unos años disfruta de la jubilación.
Se muestra satisfecho con el impulso cultural y reivindicativo de la zona oeste en los últimos tiempos, mencionando la constitución de la asociación de defensa del patrimonio cultural que lidera Pilar Juarez y la asociación La Pedrisa, presidida por Antonio Bernal, empeñada en preservar e incrementar las construcciones de piedra seca mediante talleres y jornadas de estudio y divulgación.
Rememora nuestro entrevistado como el concejal Enrique Pérez Abellán destacaba en los equipos de gobierno en cuanto a la dedicación y apuesta por el medio rural. No en vano había sido vicepresidente de la asociación de vecinos de Pozo Estrecho y sabía el terreno que pisaba. Se pusieron manos a la obra para conseguir el ansiado local social y para ello lo más conveniente era conseguir el apoyo de los fondos europeos Leader Plus. La iniciativa Leader es una metodología de trabajo de la Unión Europea orientada al desarrollo de las zonas rurales en cuanto que promueve la formación de sus habitantes, el apoyo a las pequeñas empresas y a aquellas iniciativas que procuran el desarrollo económico y medioambiental. En este proceso, la participación de la ciudadanía del territorio es piedra angular, que en nuestro caso se vertebra a través de la asociación Campoder, con sede en Lobosillo.
El museo abrió sus puertas el día 26 de abril de 2003, aunque era una musealización muy elemental. El gran salto se produjo en la reinauguración del 17 de julio de 2020, al realizarse, ahora si, con criterios profesionales, entrando en escena Alejandro Aguirre y su empresa Eventi Tutti y el historiador Diego Ortiz. En equipo llevaron a cabo las obras pertinentes y una musealización que causan honda admiración.
Se puede visitar todos los martes por la tarde, siendo el horario de invierno de 16.30 a 19.30. En verano de 17.30 a 20.30. Los sábados de 10:30 a 13.30, coincidiendo con el taller de esparto que allí mismo se realiza. Aunque se atienden peticiones de grupos fuera de esta programación. Hemos de decir que el Ayuntamiento de Cartagena fomenta la visita de los centros escolares, aunque sería conveniente que la experiencia se extendiese a las asociaciones de mayores, colectivos vecinales y culturales. Es frecuentado por los jubilados extranjeros que residen en el entorno, alcanzando un recuento total de algo más de 1000 visitantes al año. Ahora cuenta con un atractivo añadido, el mural de Proyecto Calima que muestra diversos aspectos de la vida rural tradicional.
Museo Etnográfico
Pero ahora junto a él recorro el museo en el que he estado en diversas excursiones organizadas, entre otros por un servidor, como integrante de la Liga Rural. Recientemente volvimos a este centro como acto de cierre del V Congreso Nacional de Etnografía del Campo de Cartagena, con cuadrilla y troveros. Y como siempre, sorprende. En la muestra que contemplamos se exponen las dimensiones fundamentales de la existencia como son el ámbito laboral, reflejado en diversos instrumentos relacionados con la ganadería, la agricultura y el comercio: zoquetas de siega, trillo con dientes de sílex, pala de horno, bicicletas equipadas con cántaros de lechero o con cajones de madera, destinadas a la venta ambulante de productos de alimentación.
Vuelvo a observar diversos enseres del hogar como el hornillo de gas, una fuente con decoración zoomórfica, lebrillos. Me encuentro con piezas del mobiliario: un andador de niño, la trona, la silla de cuna y la cuna. Hace años nos guiaba la visita una señora de la asociación de mujeres, quien señalándola nos dijo: `Esta fue mi cuna, en la que me cantaban las nanas´. En efecto, todo patrimonio material es puerta que nos conduce al patrimonio intangible. Continúo deambulando para situarme ante el ajuar textil: una bolsa con decoración bordada, un bolo de labor de bolillo, el pañuelo del novio, que diría adiós en el aire al despedirse de la amada. El ocio se halla reflejado en bañadores de señoras y una cinta bordada que obtenían los triunfadores en la carrera de cintas, bien fuese a caballo, en bicicleta o en moto. Festejo de galanteo y de pericia que nos viene del Medievo.
El mundo de las creencias se expresa en la Cruz de Caravaca o en el cuadro de la Virgen del Carmen sacando ánimas del purgatorio. En las cofradías de Ánimas, tan presentes en nuestra ruralía a lo largo de los siglos XVIII y XIX, encontramos cuadrillas de músicos que cantaban la Pascua o coplas de aguilando por los hogares con el propósito de obtener donativos para la hermandad. Lo recogido, en dinero o especies (trigo, carne), era destinado al pago de misas por la salvación de los cofrades fallecidos. En algunos casos se hacían obras de caridad destinadas a los más menesterosos del poblado.
El motor de la puesta en marcha del museo fue la inquietud que sintieron los vecinos ante un patrimonio material e inmaterial que se perdía debido a los avances tecnológicos que arrinconaban los instrumentos de trabajo de antaño, el mobiliario y los enseres del hogar. La despoblación rural vaciaba pueblos y caseríos con la consiguiente pérdida de estilos de vida y determinadas cosmovisiones. Los museos deben seguir creciendo y un día no muy lejano quizá veremos como se hace sitio a otros aspectos de la cultura de masas que se han ido instalando en el medio rural. Ningún rincón escapa a los efectos de la globalización. A los que pretendemos ser científicos sociales la cultura tradicional nos interesa por ser un campo en el que interactúan lo culto y lo popular, lo urbano y lo rural, lo oral y lo escrito. Todo un maestro de la Antropología Social española como es Luis Díaz Viana propugna que debe evitarse la idea de un pasado armónico, debiendo señalarse los conflictos sociales, la tensiones entre las clases sociales y las marginaciones del poder. Pienso que este museo pone de manifiesto un deseo esencial de los humanos como es vencer a los dos grandes enemigos esenciales de nuestra especie: el olvido y la muerte.
