LA RESURRECCIÓN DE LA CUADRILLA DE SANTA ANA
LA RESURRECCIÓN DE LA CUADRILLA DE SANTA ANA
José Sánchez Conesa
Cronista Oficial de Cartagena
Me reúno en el Club de los Mayores del pueblo de Santa Ana con José Jiménez Angosto, vicepresidente de la citada entidad y con mi amigo Eleutero Barbero Sanmartín `Lute´. El motivo del encuentro es conocer de primera mano el proceso de recuperación de la cuadrilla santanera y animarlo en la medida de lo posible, proponiendo que Lute, santanero de nacencia, de buena voz y excelente panderetista, se incorpore a la agrupación. Hasta yo estaría dispuesto a cantar. Sería deseable que participaran en el próximo encuentro de cuadrillas que en Cartagena tendrá lugar en la Navidad venidera. Contemplo que Pepe posee ímpetu suficiente para dar y regalar por doquier y me asegura que no faltarán a la cita. Contaba siete años cuando ingresó en la cuadrilla, a pesar de la oposición de su padre, Pepe el de Arturo, líder del grupo. No era usual que los niños se incorporaran tan prontamente.
Nuestro anfitrión, el acordeonista Pepe el Cuco, como lo conocen en el pueblo, cuenta con 82 años, si bien conserva aún una suerte de ilusión infantil por la empresa que ahora acometen al estar tan ligada a su propia historia. Rememora las reuniones familiares en las que su padre sacaba la guitarra y su tía bailaba jotas y malagueñas. Siente gran admiración por su progenitor, el que fue violinista de los aguilanderos en aquel rincón del Campo de Cartagena, a la vez que hacía sonar también la guitarra o el acordeón. Desde su móvil suena presto el canto de Pascua: `Que es aquello que reluce/ en el altar mayor/son los ojos de Santa Ana,/que relucen más que el sol./Digamos todos con gana/ que viva nuestra Patrona/ que es lo mejor de Santa Ana´. La grabación corresponde a un ensayo reciente y realmente nos convencen por su calidad, no en vano ha existido en la localidad una tradición larga de rondalla bajo la batura primera del maestro Paco y posteriormente de Fermín y su hijo.
El poder de la fotografía
La imagen en Antropología Social y Cultural es una herramienta de conocimiento que permite captar la vida cotidiana de antaño y de hoy mismo, los rituales, las creencias, las estructuras sociales, la vida material, las modas. Tanto Lute como Pepe me muestran fotografías de diversos momentos de la cuadrilla en los años 60, una de ellas es muy curiosa al situarse ante el templo parroquial en formación más propia de conjunto de música pop. Salen los nombres de Arturo Jimenez, Miguelín, Eleuterio Sanmartín, José Jiménez Yepes, José Giménez Angosto, Paco Soriano, Pepillo Gálvez, El Pena, el tío Paco Martínez. En otra los vemos rodeados de mozas acompañantes en el ritual petitorio, de casa en casa, a favor de la parroquia y con el estandarte en el que se exhibe la imagen de la patrona, la abuela del Niño Jesús, con su nietecico. Disponían de acordeón, castañeta, platillos, sonajas, pandereta y la típica instrumentación de rondalla (guitarra, laúd y bandurria), aunque nos llama la atención la trompeta, nada usual en estos menesteres. Sin duda que este instrumento de viento era un préstamo debido a que estos instrumentistas formaban también bandas para tocar en los bailes del pueblo y en el de otras poblaciones colindantes. Eso hacía el padre de Pepe y eso hizo él mismo, llegando a actuar en buena parte de las pedanías de Fuente Álamo. Para conformar una orquestina en los años 50 bastaba con juntar un jaz o batería, una trompeta, un saxofón y poco más. Otra imagen congela el momento en que las muchachas del pueblo bailaban jotas y malagueñas que les fueron enseñadas por las instructoras de la Sección Femenina, en los años finales de la década de los 70, cuando periclitaba dicha institución de Falange. Los músicos que formaron la cuadrilla son los en aquella ocasión pusieron a disposición de la fiesta sus guitarras, laudes y bandurrias.
Aguilandos de casa en casa
El aguilando, aguinaldo o canto de Pascua, que las tres formas de decirlo son válidas comenzaba a ensayarse pero su estreno tenía lugar en la misa de Nochebuena, a la que seguía el día de Navidad, Año Nuevo y Reyes. Más algún domingo que cayera en medio de esas jornadas festivas. Salían a pedir el aguilando por las casas del pueblo tras la misa de Gallo, a lo largo y ancho de la noche hasta la amanecida. Proseguían así hasta cuatro o cinco días después, pero sin tanto exceso. Un día festivo podían iniciar el itinerario a las nueve de la mañana, hasta la hora de la comida que compartían todos juntos, reanudando la marcha a las cuatro de la tarde hasta que anochecía. Una tarde la reservaban para el barrio de Los Dolores, dónde eran muy solicitados. Y otra cantaban en la finca de don Francisco Albaladejo, consignatario de buques. Allí, amenizaban un baile para la familia y amigos con un repertorio de pasodobles, rumbas, tangos o vals cuando los llamados bailes sueltos de jotas y malagueñas caían en desuso. Cita obligada igualmente era pasar por la finca El Cortijo, propiedad de la familia Celdrán, dedicándoles una tarde entera. Todos ellos eran extraordinariamente generosos con el donativo que quedaba a buen recaudo en una caja metálica niquelada, siendo entregadas al párroco las dádivas recogidas al final de la campaña. Comprobamos con satisfacción como reverdecen brotes de la tradición, una puerta para conocernos mejor y celebrar reunidos la vida.