Efemérides

Efemérides de Juan Manzanares García del 9 de julio

9 JULIO

La frase de hoy.

Ninguna persona merece tus lágrimas, y quien se las merezca no te hará llorar.

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Personajes del santoral del día.

NICOLÁS PIECK Y COMPAÑEROS

La primera página de la historia de la nacionalidad holandesa está manchada de sangre. Hoy quisieran borrarla todos los holandeses, aun los protestantes más reaccionarios. Fueron jornadas inexplicables en un pueblo que pasa como prototipo de cordura y de sentido de tolerancia.

Para comprender lo que entonces sucedió precisa trasladarse al clima político y religioso, también social, de los Países Bajos de la segunda mitad del siglo XVI, ricos y superpoblados, invadidos por los predicantes calvinistas y alzados en guerra sin cuartel contra el dominio español.

El año 1566, con la aparición en escena del partido de los gueux o «mendigos», señala el comienzo de una serie de devastaciones iconoclastas en todo el Flandes español, no sin connivencia de la nobleza. Felipe II envía al duque de Alba. La sola presencia del gran estratega, alma recta y mano dura, impone el orden y el silencio. Silencio rencoroso, precursor de las grandes catástrofes. Guillermo de Nassau saca partido de la situación para levantar la bandera de la independencia. El de Alba le derrota en todos los frentes. Pero allí queda la pesadilla de los «mendigos del mar», guarecidos en las islas que ciñen la costa. Gente desgarrada, rebotada de todos los países, sin otro vínculo que el odio a los papistas y la sed del pillaje. Desde 1571 los manda el conde de la Marck, que ha jurado no raparse la barba ni cortarse las uñas hasta el día en que haya vengado, en los sacerdotes y religiosos, la muerte de los condes de Egmont y de Hornes, ajusticiados por los españoles. Un golpe audaz le ha puesto en posesión de la importante plaza fuerte de Brielle, en la desembocadura del Mosa. Iglesias y conventos son saqueados, quemadas las imágenes, asesinados con crueldad refinada los eclesiásticos que no logran ponerse a salvo.

El 25 de junio de 1572 una flotilla, mandada por el capitán Marino Brant, atacaba la pequeña ciudad de Gorkum. Las fuerzas fieles al rey hubieron de hacerse fuertes en la ciudadela, donde fueron a refugiarse todos los sacerdotes y religiosos.

El grupo más importante de los refugiados estaba formado por trece franciscanos que componían, con algunos más, la comunidad existente en la ciudad. Les dirigía como guardián un religioso de dotes excepcionales, el padre Nicolás Pieck, de treinta y ocho años, en cuyo semblante se espejaban a la par la penetración de la mente y la limpidez serena del espíritu. Estaba acompañado por: Jerónimo de Weert, Nicasio de Heeze, Teodoro van der Eem, Willehald de Dinamarca, Godofredo de Melveren, Antonio de Weer, Antonio de Hoornaert, Francisco van Rooy, y un franciscano llamado Guillermo. Completaban la comunidad los hermanos legos fray Pedro de Assche, fray Cornelio de Wyk-by-Duurnstende y el novicio de dieciocho años fray Enrique.

Había también un religioso agustino, el padre Juan de Oosterwyk.

En la noche del 27 de junio la guarnición tuvo que capitular. Brant juró respetar la vida y la libertad de todos los defensores y refugiados. Pero ¿podía confiarse en la palabra de aquella gente? Como primera precaución todos se confesaron y se aprestaron para la inmolación.

Las escenas que siguieron vinieron a confirmar plenamente los presentimientos. Primero el saqueo general. Después el despojo de los detenidos uno a uno. Los gueuxquerían dinero, y como los franciscanos, fieles cumplidores de su regla, no lo llevaban, fueron maltratados sin piedad. El hallazgo de los cálices y demás vasos sagrados, ocultados en la torre, dio pie para una orgía sacrílega. Durante ocho días tuvieron que soportar cuantas burlas y crueldades es capaz de inventar una soldadesca ebria: parodias litúrgicas, simulacros de ejecución, torturas inauditas. Al padre Pieck le suspendieron con su propio cordón; éste se rompió, y cayó al suelo sin sentido. Los verdugos, para comprobar si había muerto, le aplicaron una llama a los oídos, a la nariz y en el interior de la boca.

Para curarle fue preciso llamar un cirujano, que resultó ser su propio cuñado, ardid de que se sirvieron los familiares para ver de libertarlo, como ya se había conseguido con otros dos sacerdotes. El padre Pieck, en efecto, era natural de Gorkum, donde tenía parientes y amigos de influencia. Merced a ellos tuvo desde el primer momento la libertad en su mano. Su respuesta, sin embargo, fue invariablemente la del superior fiel a su puesto: -No aceptaré la libertad si no es juntamente con mis religiosos.

El 7 de julio eran conducidos a Brielle. Los reclamaba el conde de la Marck desde su cuartel general. Y el emisario de confianza fue el canónigo apóstata Juan de Omal, auténtica estampa de renegado. Las befas y malos tratos se multiplicaron durante el trayecto y a la llegada al puerto de Brielle. Medio desnudos y atados de dos en dos fueron conducidos a la ciudad, entre los insultos soeces del populacho, y obligados a parodiar una procesión. El canto escogido por los confesores de la fe fue el Te Deum.

En la inmunda cárcel donde fueron hacinados hallaron a los párrocos Andrés Wouters y Andrés Bonders. Aquel mismo día se les unieron dos religiosos: Jacobo Lacops, y Adrián de Hilvarenbeek. Sumaban en total veintitrés los prisioneros.

Era demasiado hermoso. El conde de la Marck y su satélite Juan de Omal buscaban la apostasía. Y se iniciaron taimados interrogatorios, proposiciones, disputas sobre puntos de fe.

Hubo defecciones dolorosas. Pontus van Huyter y Andrés Bonders lograron la libertad claudicando.

A la una de la mañana del día 9 fue la ejecución. Pieck subió el primero a la horca, sin dejar de animar a los demás. Ante el patíbulo hubo aún otras dos deserciones: la del padre Guillermo, tibio hasta el final, y la del novicio imberbe fray Enrique. Los demás afrontaron la muerte con serenidad, resistiendo hasta el final las insinuaciones de los ministros calvinistas.

Los diecinueve fueron canonizados por Pío IX el 29 de junio de 1867.

EFEMÉRIDES DEL 9 DE JULIO

©Juan Manzanares García

-1560. Con motivo de que gran número de navíos enemigos navegaban cautelosamente frente a las costas de Cartagena, se ordena por el Ayuntamiento que hagan señales los guardias de costas desde sus atalayas con fogatas o humaredas, según sea de noche o de día, a fin de que pueda prevenirse la defensa con la oportunidad debida.

-1802. Se publica una Real Orden por la que se ordena que en los uniformes de los marinos de la Armada española, en las botonaduras visibles, se use el “Botón de Ancla”.

-1810. En el muelle se han comenzado a hacer las barracas para los baños, como habitualmente se viene haciendo cada año antes del inicio de la temporada de verano.

-1823. Ha sido fusilado en Cartagena un espía de los franceses.
Asimismo, hoy ha quedado colocada en el Castillo de la Concepción la campana mayor del convento de San Francisco, destinada a avisar al vecindario de los ataques de los enemigos.

-1844. Acuerda el Ayuntamiento que se coloque el escudo de la ciudad en los dos palcos que posee en el Teatro Principal.

-1880. Es bendecido de nuevo el templo del extinguido convento de Santo Domingo en Cartagena, destinado a parroquia castrense, siendo ministro en este acto el teniente vicario general castrense Don Vicente Alcayde, celebrando la primera misa el cura párroco Don Francisco Mellado.

-1923. Se declara un horroroso incendio en la fábrica de esparto de la Palma, de Don Bernardo Hernández. 

-1935. Fallece José Jiménez Blechmit, fundador de la Hospitalidad de Santa Teresa en el Barrio de San Antón.

-1985. En las proximidades de El Algar se inauguró un monumento conmemorativo de la llegada de las aguas del Trasvase Tajo-Segura.  Al ser las tierras del campo de Cartagena de secano el trasvase supuso un gran impulso para el campo de Cartagena. Las aguas llegaron a las tierras del Campo de Cartagena, a Torre Pacheco, a San Javier, a El Albujón, a Miranda, a La Palma, al Algar y a tantos terrenos más, sedientos para dar el fruto que da ésta tierra.
Es necesario hacer mención del director de las obras del Trasvase, el ingeniero de caminos, canales y puertos Don Enrique Diaz-Rato Alonso, que además fue Comisario de las Aguas del Tajo. Gran profesional de la ingeniería y padre de una estirpe de grandes ingenieros, diplomáticos y técnicos. Esas personas que calladamente y con toda su profesionalidad hacen su trabajo y no necesitan nada más, que ver que su trabajo ha servido para darle al pueblo un mejor futuro.

Estas efemérides se podrán escuchar a partir de las 12,20 en el programa Hoy por Hoy Cartagena de Radio Cartagena Cadena Ser  (91.8 FM y 1.602 OM) y por Internet en la siguiente dirección: play.cadenaser.com/emisora/radio_cartagena/

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