Desde la Repla: CARTAGENA. CARNAVAL, CONFETI Y GOBIERNOS EN MODO FIESTA PERMANENTE
CARTAGENA. CARNAVAL, CONFETI Y GOBIERNOS EN MODO “FIESTA PERMANENTE”
¿Cómo se les pide responsabilidad a figuras de guiñol? Con la misma fe con la que se espera silencio en la plaza de toros en plena faena. En Cartagena, la política se ha convertido en un espectáculo de barrera: mucho paseíllo, mucho gesto grandilocuente y cero intenciones de entrar al ruedo de los problemas reales.
La Repla funciona como coso simbólico: ahí se aplaude, se abuchea y se finge decisión, mientras el toro, embiste sin que nadie tenga el valor de citarlo de frente. Se improvisan pases, se alarga la faena y, cuando todo sale mal, se culpa al animal. Pedirles responsabilidad es como exigirle profundidad a un cartel taurino de feria donde todo es color, ruido y pose. Gobernar exige cabeza; aquí solo hay muñecos movidos por hilos de interés, protagonismo y una vocación trepadora tan evidente que ya ni disimulan.
Cartagena no necesita más figurantes ni más funciones para la grada. Necesita que alguien deje el teatro, baje a la arena y asuma que gobernar no es hacer piruetas para la foto, sino tener el valor y la dignidad de hacerse cargo del desastre cuando se apagan los aplausos.
Cartagena está de fiesta y oficializada, con batucadas, música en la plaza y confeti hasta en los calcetines. El Carnaval ha arrancado con entusiasmo, aunque sin el pregón previsto de Bibiana Fernández por motivos de salud y con la alcaldesa en primera fila asegurando que todo sigue con la misma intensidad. Pero detrás de los disfraces, de la extemporánea música y de los bailes inventados y algunos muy forzados se cuece una realidad mucho menos divertida, la de una ciudad que ríe por fuera y llora por dentro mientras sus dirigentes parecen más dedicados a organizar carrozas que a resolver problemas estructurales. Bienvenidos a Cartagena versión carnaval político, tan soez y grotesco como las caretas que alquilan de elecciones en elecciones, aquí todo se celebra y se anuncia, pero nada cambia de verdad.
Mientras las batucadas suenan y las fotos oficiales salen estupendas, los informes de vulnerabilidad social en el municipio han crecido cerca de un 50 % en el último año, más problemas de vivienda y más familias en riesgo de exclusión, y la respuesta institucional es un cruce de acusaciones entre el PSOE y el gobierno municipal con la sordina de fondo de MC, la de un tambor que llora, que acaba pareciendo una versión local del “y tú más” sanchista en lugar de una política social eficaz, por ejemplo.
“En el tema de SABIC, ha de ser en equipo, gobierno central, gobierno regional, el ayuntamiento si tuviera algún elemento capaz, que no lo hay, si hay pasividad, y junto con la empresa preparar un plan de acción operativo y óptimo bajo las premisas de los nuevos propietarios para hacerlo viable y el PSOE que rebuzne menos y que actúe más ante el cacareo del PP”
¿Hay soluciones? Bueno…, en el comunicado oficial del Ayuntamiento indica que detecta más casos y por eso los informes crecen, lo cual suena más a excusa que a estrategia o programa o plan, mientras los socialistas piden más vivienda pública y el equipo de gobierno local responde defendiendo su gestión. Así, la pobreza general del sanchismo que crece en España, donde la cifra de personas que no pueden permitirse carne, pollo o pescado ha subido un 50% desde que Sánchez está en La Moncloa y le sumamos la particular cartagenera se convierte en un debate de café político y no en una crisis social con urgencia real. ¿pa qué?...
Cartagena ha perfeccionado el arte de convertir problemas en gestos más próximo al sanchismo de fotonovela que al duro menester necesario. ¿Falta empleo industrial?, comunicado de apoyo y desarrollo de programas y convenios con mucha foto generosa de protagonistas y más propaganda. ¿Descontento social por el cierre de una gran industria? Pleno para expresar la solidaridad con los trabajadores afectados por el anuncio del cese de una planta clave y pedir diálogo a la empresa. Como dirían en mi calle, a tomar por…, aire. Pero mientras se redactan declaraciones solemnes, la realidad es concreta: miles de familias ven peligrar su sustento y sus expectativas de futuro. En el tema de SABIC, ha de ser en equipo, gobierno central, gobierno regional, el ayuntamiento si tuviera algún elemento capaz, que no lo hay, si hay pasividad, y junto con la empresa preparar un plan de acción operativo y óptimo bajo las premisas de los nuevos propietarios para hacerlo viable y el PSOE que rebuzne menos y que actúe más ante el cacareo del PP. Desde todos los ángulos trabajar para conseguir la reestructuración de los recursos y optimizar la empresa. Mientras se disfrazan de apoyo institucional, más de dos mil quinientas personas se han manifestado por sus derechos y contra las especulaciones a las que los someten reclamando soluciones de verdad al cierre de la planta de Sabic y a la pérdida de empleo industrial, una protesta a medio camino entre la angustia social con el recuerdo histórico de revueltas obreras de hace décadas en una Cartagena desamortizada industrialmente por el socialismo de entonces. Pero los dirigentes municipales parecen pensar que un powerpoint de buenas intenciones sustituye a una política industrial de verdad. Si se asume el cierre inevitablemente desde el anuncio, este se cumple, y esta ciudad tiene experiencia en el fracaso por no agotar los recursos y no buscar alternativas.
Al mismo tiempo, hay asuntos medioambientales que revelan una dimensión más oscura de la gestión local. El Ayuntamiento compró un solar en el barrio de Los Mateos para construir viviendas sociales… a sabiendas de que el suelo estaba contaminado con niveles peligrosos de metales pesados, y esto lo dicen los informes técnicos, y durante años no se ha actuado para descontaminarlo. La idea era buena, pero como todo en este ayuntamiento el resultado es deplorable, la ejecución parece salida de un guión de película absurda donde la lógica muere en manos de la mala planificación y la falta de responsabilidad. ¿Y la respuesta política? De nuevo, discursos paralelos y ambiguos, la oposición critica la compra irresponsable y los riesgos para la salud de los vecinos y exige transparencia. El equipo de gobierno dice que todo está respaldado por estudios, auditorías externas y que la compra fue demandada por la comunidad. En resumen: reducción de un problema de salud pública a una disputa de titulares.
Todo esto ocurre mientras Cartagena se pinta de colores para el Carnaval y no hay nada malo con la fiesta en sí, pero la realidad es que una ciudad con espectáculos y conciertos puede seguir siendo una ciudad con graves problemas sin resolver, y si no se atienden, el Carnaval seguirá siendo solo una cortina de confeti al estilo Sanchez, Bolaños, la melindrosa y fracasada Alegría o la verdulera andaluza, más teatro de guiñol...
“Los informes de barrios históricamente marginados piden atención urgente para patrimonio, entornos urbanos degradados y necesidades sociales básicas, además de las fotos de barrios por arbóreos destrozos como rescatar el Castillo de los Moros para su entorno cultural y comunitario”
Y hablando de cortinas, esas que se colocan a los lados del escenario y en áreas específicas para dividir espacios y esconder elementos del montaje que no deben verse por el público, que no cumplen la función de abrir o cerrar la obra como la política local que parece un perpetuo telón que se levanta para una foto y baja para esconder la miseria del fondo. El contrato del servicio de alquiler de bicicletas eléctricas se retrasa otra vez después de ocho años de promesas y como dije en anteriores, me importan una leche, pero una ciudad turística las necesita, y lo que podría haber sido una mejora real en la movilidad urbana acaba siendo otro motivo de discrepancia entre gobierno y oposición más que una solución tangible.
“La ciudad es más famosa por sus fiestas que por su gestión, y eso en sí mismo es un síntoma de decadencia, o la ciudad espuma o tanto el Rock Imperium o la Mar de Músicas y sus afluentes emigrarán a la capital del reino del tragaldabas zampón. Ojo que no nos extirpen las Fortalezas cambiando de Arma y las Cinco Colinas…, y no me refiero a la ginebra”
Mientras los grupos políticos se atacan unos a otros, algunas áreas de Cartagena sufren abandono real. Los informes de barrios históricamente marginados piden atención urgente para patrimonio, entornos urbanos degradados y necesidades sociales básicas, además de las fotos de barrios por arbóreos destrozos como rescatar el Castillo de los Moros para su entorno cultural y comunitario, y todo eso queda relegado a peticiones de asociaciones civiles más manipuladas y de postureo que radicales, recuerdan que una ciudad no es solo su centro festivo, hay más además del balcón consistorial.
Un análisis económico regional señala que Cartagena pierde atractivo como destino turístico, con menos visitantes y desafíos en infraestructura como la falta de tren, de alta y baja velocidad que conecte eficientemente con grandes polos nacionales una oportunidad perdida que impacta directamente en el desarrollo económico, y que afecta tanto al PP como al PSOE que siempre anteponen a Murcia. La ciudad es más famosa por sus fiestas que por su gestión, y eso en sí mismo es un síntoma de decadencia, o la ciudad espuma o tanto el Rock Imperium o la Mar de Músicas y sus afluentes emigrarán a la capital del reino del tragaldabas zampón. Ojo que no nos extirpen las Fortalezas cambiando de Arma y las Cinco Colinas…, y no me refiero a la ginebra.
Pero volvamos al Carnaval que lo disfraza todo, hay luces, música y diversión garantizada. El Ayuntamiento vuelve a activar protocolos y restricciones con la eficacia que solo aparece cuando el problema ya es imposible de ignorar. La respuesta es rápida, visible y fácilmente vendible como gestión responsable. Lo que no se ve ni se atiende es todo lo que pudo haberse hecho antes. Porque muchas de las situaciones que hoy exigen medidas “extraordinarias” llevan años anunciándose en informes técnicos, quejas vecinales y advertencias reiteradas. Pero la política local parece tener una alergia crónica a la prevención: no da titulares, no genera fotos y, sobre todo, obliga a planificar, paralelismo directamente proporcional a la gestión por impulso de San Esteban y la miserable actitud del sanchismo.
“Una ciudad que se celebra de cara al espejo mientras sus problemas reales y sus habitantes más vulnerables son relegados a segundo plano, a discusiones de pasillo o a excusas en ruedas de prensa”
El resultado es una gestión a trompicones, donde se gobierna a base de urgencias y parches, mientras los problemas estructurales como el empleo, vivienda, salud ambiental o movilidad quedan suspendidos en un limbo de promesas recicladas, proyectos eternamente en fase de estudio y debates que se repiten legislatura tras legislatura sin consecuencias reales. Y si algo resume esta era de contradicciones es la división política en pleno en el juego democrático municipal: acusaciones de intentar limitar la participación de la oposición en el Pleno como “censura” ilustran cómo el juego político se parece más a una lucha de poder que a un ejercicio de responsabilidad pública. Mal endémico. ¿El resultado? Una ciudad que se celebra de cara al espejo mientras sus problemas reales y sus habitantes más vulnerables son relegados a segundo plano, a discusiones de pasillo o a excusas en ruedas de prensa.
“Mientras los confetis vuelan y los tambores resuenan, el verdadero desafío, asegurar el empleo, la salud, la dignidad social sigue esperando tras bambalinas, igual que el renacimiento del mercado Santa Florentina, la pérdida del centro y barrios singulares o su desestructuración, el affaire de los terrenos en los Mateos, el desprecio de los transportes y la comunicación, como el Ferrocarril o los Autobuses”
¿Dónde queda la Cartagena que se enorgullece de su historia milenaria, de su patrimonio y de su papel como eje del turismo regional? Esa Cartagena vive en las crónicas del pasado y en algunos discursos oficiales. En el presente, la ciudad arrastra problemas de competitividad, de percepción de riesgo ambiental, de empleo, de falta de vivienda y de falta de soluciones y acciones, todo en segundo plano y entre bambalinas, y lo que es peor, de una clase política que parece más empeñada en administrar narrativas de imagen que en resolver asuntos que afectan la vida diaria de sus ciudadanos. Concejales y alcaldesa a euro el kilo…, lo peor es que en las próximas elecciones no hay más entidad, sino más mediocridad.
Y, sin embargo, la ciudad sigue celebrando. Fiesta y política local se fusionan en un ritual casi terapéutico: si no puedes resolver problemas, al menos celebra algo. Por eso el Carnaval tiene más cobertura que los debates sobre empleo industrial, la decadencia de este o la vivienda contaminada. Por eso la política de cada día parece escrita por un guionista que solo quiere aplausos, no resultados, joder parece este gobierno una derivada del sanchismo. Cartagena merece la fiesta, sí. Pero la fiesta no puede ser el disfraz de la gestión real. Mientras los confetis vuelan y los tambores resuenan, el verdadero desafío, asegurar el empleo, la salud, la dignidad social sigue esperando tras bambalinas, igual que el renacimiento del mercado Santa Florentina, la pérdida del centro y barrios singulares o su desestructuración, el affaire de los terrenos en los Mateos, el desprecio de los transportes y la comunicación, como el Ferrocarril o los Autobuses.
El Carnaval no arreglará las grietas del suelo contaminado, ni creará empleo industrial, ni solucionará el cierre de Sabic, ni reemplazará viviendas dignas para quien lo necesita, ni ampliará el parque asequible. Y en política, como en la vida, los espectáculos son eficaces solo hasta que el telón baja. En breve nos adentraremos en más fiesta, la Semana Grande de la Ciudad a pesar de los laicos, algunos con tintes "coalemitas", la Semana Santa de Cartagena que, hasta su cartel llega tarde a FITUR, ¿error de estrategia o estupidez tipo Dolos, o su esposa Apate? Pues mas postureo de la sociedad con posibles mientras el pueblo trabaja todo el año desde el corazón, al margen de la política presuntuosa cartagenera y la sociedad para que se mantengan en el tiempo a pesar de los descalabros social comunistas y de los siervos sectarios locales.
Es tiempo de que Cartagena mire más allá de su propia fiesta y empiece a exigir política que funcione, no política de escaparate. Pero eso supondría incomodar intereses: los económicos de quienes viven de que nada cambie, el protagonismo de quienes confunden gestión con selfies y el alpinismo político de alguna alma enferma, siempre dispuesta a trepar, aunque no haya montaña. Mientras tanto, la ciudad sigue esperando. No a la próxima celebración, ni al siguiente titular, sino a algo mucho más subversivo, el gobernar y ser oposición deje de ser un acto de exhibicionismo soez y vuelva a ser, simplemente, una responsabilidad para todos, pero, ¿cómo se les pide responsabilidad a irresponsables figuras, marionetas de guiñol?
Andrés Hernández Martínez