PASEO POR LA TRIMILENARIA DESCONOCIDA: LA JERARQUÍA EN LAS FACHADAS
LA JERARQUÍA EN LAS FACHADAS
Pasear por Cartagena no es solo moverse, es un ejercicio de asombro. En el día a día, atrapados por las obligaciones, la prisa, mirar el móvil, etc., solemos caminar automáticamente, ignorando el museo vivo que nos rodea.
Solo cuando nos paramos y prestamos atención, descubrimos esos rincones ocultos, el remate esculpido en una fachada del siglo XIX, el trabajo detrás del detalle en la forja de un balcón, esa minuciosidad en la colocación de las diversas capas de ladrillos en el alar de un tejado... Todos esos elementos no son un mero adorno, son la huella dactilar de la identidad cultural de la ciudad. Algunos expertos en psicología comentan que el apego al entorno urbano, aumenta el bienestar anímico, especialmente cuando los ciudadanos interactúan visualmente con la arquitectura local.
La solución para no perder este patrimonio invisible empieza por nosotros, cambiando la prisa por la curiosidad. Se deberían proteger esos pequeños, y grandes detalles con catálogos históricos precisos; pero el primer paso debería ser nuestro, levantando la vista y redescubrir el arte que nos rodea.
El eje principal del recinto amurallado cartagenero lo formaban la Calles Mayor, Puerta de Murcia y del Carmen. Siendo un trayecto muy estimado para gran cantidad de diversos establecimientos comerciales, así como residencias de la burguesía, quienes edificaron las nuevas y vistosas construcciones modernistas, gracias al poder económico de los influyentes nuevos ricos, convirtiéndose así el recorrido antes citado en un gran escaparate de la ciudad.
La fachada de un edificio es lo primero que vemos y percibimos, creando una relación social, es el elemento que mira desde el edificio al espacio público, siendo por tanto un elemento jerárquicamente dominante.
Los edificios de la época modernista, presentan claramente en sus fachadas la jerarquía de los pisos, mediante la ornamentación de la fachada, y sobre todo el tamaño de los miradores o los balcones, siendo normalmente la planta noble la primera y la última planta solía estar destinada a la vivienda del servicio, creando así una jerarquización que recorre cada fachada desde la planta baja hasta la cubierta, disminuyendo con la altura la riqueza arquitectónica y social.
Con la llegada del ascensor cambió este parecer, el piso alto estaba más alejado de los ruidos de la calle, pudiéndose alejar más la mirada, normalizándose desde entonces los tamaños de los huecos de la fachada.