El Papa visita la España polarizada
Siempre que vino un Papa a España ha sido así. Calles llenas, a rebosar. Ningún líder político o estrella artística es capaz de reunir las multitudes que el obispo de Roma logra reunir, supera cualquier comparativa. León XIV está ya entre nosotros, buena falta nos hace.
¿Hay riesgo de que el gobierno y su prensa intente utilizar esta visita del Papa? Posiblemente, pero les digo una cosa: Me es indiferente, me la refanfinfla. Los asesores políticos de Sánchez podrán ver al Papa León como tinta de calamar para el despiste ante el horripilante panorama político-judicial. Sus adversarios políticos, a su vez, quizá se pregunten: ¡A quién se le ocurre! Darle justo ahora a P. Sanchez, oxígeno y refresco, estando el gobierno noqueado en la esquina del ring. Es más que probable que Su Sanchidad (sic) esté encantado de que el partido se haya detenido para esta pausa de hidratación noticiera, este cooling break que le ofrece la desbordante visita de Su Santidad.
Sin embargo, los católicos no vemos este acontecimiento de la visita apostólica desde la óptica cortoplacista ni desde luego política. Parece conveniente, hay multitud de razones objetivas para que Sánchez deje de ser nuestro presidente, pero los católicos estamos hoy a otra cosa. La política no es la raíz vital, existencial del ser humano. El Papa ha venido a hidratarnos y oxigenarnos, ciertamente. Si nuestros políticos de todo signo se dejan asistir en las bandas por los sanitarios les irá también mucho mejor al reanudarse el partido.
En efecto, nuestros políticos -ateos muchos, y no practicantes casi todos de todos los partidos- son tributarios de ser evangelizados; andan dando tumbos, palos de ciego, como ovejas sin pastor, sometidos -como todos los humanos- a los impulsos de sus apetitos, ansias y corruptelas. El ansia viva -José Mota dixit-. No es cuestión de buena voluntad, es que la concupiscencia existe y nos interfiere mucho.
Las dos polarizaciones. En su primer discurso en España León ya nos ha invitado a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra (la española) realidad social y de su historia.
Hay una polarización dialéctica izquierda-derecha, que si es obsesiva y excluyente resulta dañina. La visión política reduccionista desde ambos hemisferios políticos puede lleva a la discordia -incapacidad de vivir juntos-, al odio al rival simplemente por ser de otro partido político. Existe, sin embargo, otra polarización muy saludable y oportuna, una polarización que es necesario conocer y sobre la que la Iglesia lleva afanándose siglos en su predicación. Se trata de la polarización moral: el bien (que deseo) y el mal (que tantas veces realizo), el error y la verdad, la vida y la muerte. Porque no es lo mismo conocer a Jesucristo que no, no se vive de la misma manera.
Si Sánchez se ha puesto estos días detrás del Papa, si se esconde tras su sotana para sentirse protegido, hace bien. Va a ir a misa incluso próximamente en Barcelona, y hace bien. Antes debería confesarse de rodillas, y todos nosotros también, para asistir con mayor aprovechamiento. Aquí no se libra ni el Tato. Eso debería hacer Sánchez. Eso deberíamos hacer todos. Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa.
En las últimas semanas, la situación política española se ha engorrinado de manera exponencial, no damos abasto. El Papa León visita una nación enferma, una España de raíces cristianas, pero muy dañada en las últimas décadas, años, meses. No solo por la corrupción política, sino por el ateísmo práctico, la ausencia de referencias trascendentes, las legislaciones contra la vida, en el debilitamiento del concepto matrimonial, la raquítica fecundidad de las familias españolas en mínimos europeos, la apostasía de lo cristiano como ingrediente indispensable de la modernidad occidental… Los españoles gastamos más dinero en cuidar el cuerpo; vamos mucho más al gimnasio, comemos mejor con alimentos más ecológicos, y sabemos más sobre proteínas… pero ignoramos tantas veces el alimento del alma.
El Papa ha venido a mostrarnos hoy, día del Corpus, la “proteína” más especial, el gimnasio espiritual, la comida mas excelente, el ayuno eucarístico frente la dieta, el fármaco de inmortalidad, Jesucristo mismo. Todo ser humano, más allá de deseos, de voluntarismos, se topa con el pecado en las manos, y necesita ser -literalmente- salvado. Cada día. Esta podredumbre política actual y nuestras basuras personales pueden ser redimidas. Hoy es día del Corpus, el Papa está con nosotros y nos muestra el pan que no perece. No se trata de una supervivencia folclórica o de un simple adorno estético, nos ha dicho León. Necesitamos retornar una y otra vez a la roca. Nuestros pecados nos abruman, pero queremos curarnos.
Están las calles llenas, las multitudes se agolpan para ver al Papa. Cada uno desde nuestro lugar, cada cual con su circunstancia, como entonces pasaba: “Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente”.