Me preocupa España. Fútbol y algo más

Juan M. Uriarte

Escuché la frase por la calle días antes del partido de octavos de final contra Portugal: Me preocupa España. Me paré, presté atención. El asunto forma parte de mis soliloquios en bucle. Hablaban de fútbol, obviamente, y del Mundial. Yo no pensaba en eso principalmente.

Sí, me preocupa España y cómo se comporte en la final de este domingo de canícula de julio. Somos talentosos, tenemos una de las más prestigiosas ligas de fútbol del mundo. El componente humano es de lo mejor, si bien en esto no sólo influyen las individualidades, sino sus interacciones. La elaboración, la sala de máquinas, la creación. Influye saber el oficio, conocer la técnica, y esa pizca de suerte, o mejor de oportunidad. El terreno de juego, sus condiciones la humedad y/o calor posibles. Tantos tópicos verdaderos… Hacer el equipo ancho, pero que a un tiempo sepa defender juntito; jugar con balón, jugar sin balón, replegarse, las transiciones, el balón parado; atacar por dentro, atacar por fuera con agilidad por laterales y extremos, sin que el ansia lleve a precipitaciones y pérdidas. Y luego está el árbitro, ¡ay, el árbitro!, el dichoso árbitro, que además no es ya sólo uno, sino muchos; muchos jueces, la televisión, el VAR… Con los árbitros se pasa mal casi siempre; la fina raya entre discrecionalidad y arbitrariedad.  Siempre está la salida fácil de la culpa es del lawfare.

Me preocupa España, sí, mucho. Esa sensación de que solo nos va quedando el fútbol y poco más.  Los españolitos y españolitas, niños y jubilados, todas, todes y todos vamos a ver el partido del domingo, porque hay una sensación de pertenencia a un proyecto común. Los tres símbolos teóricos de la nación España son la bandera, el escudo y el himno. Pues bien, estando todos en crisis, cuando hay Mundiales de fútbol, aparece un poco nuestro himno, nuestro entrañable “chun-ta chun-ta” (¿a qué esperamos para poner ya en el BOE la letra de Pemán o de Marta Sánchez a nuestro Himno, la letra que sea, pero letra ya, ¡por favor!) Así pues, el único símbolo nacional que nos unifica: El fútbol, mejor con una tortilla de patata y un plato de jamón.

Es evidente que estos días comprobamos (facts, dato mata relato) que España no es el sumatorio de sus autonomías, sino algo previo y que esa unidad (¿futbolística solamente?) es algo bello, y es cuando los diversos españoles somos capaces de lo mejor. Esta evidencia festiva futbolera contrasta con la pena y el desasosiego que siento respecto a la situación política, eso que veo desde mi VAR: Los límites del terreno de juego político son vaporosos, no quedan claros, aunque se supone que en la Constitución de 1978 nos pusimos límites. Para poder jugar libremente dentro, teníamos claro que no vale jugar fuera, ni vale ampliar el rectángulo por el cuadrante noreste ni ningún otro. Sin embargo, los utilleros actuales ya no marcan con cal la línea recta y blanca, esa línea diáfana del rectángulo de juego, esos exactos 105 x 68 metros que indica el ordenamiento legal. La línea se puede pisar, pero el balón no lo puede traspasar. No vemos ya las líneas y lo que es peor, desde el palco se han dado instrucciones para que no se pinten (¡qué mas da!, que diría Patxi López), que no se sepa bien si el balón está dentro o fuera del terreno de juego. Así tendremos un fútbol-política más libre, más espontáneo, menos encorsetado y coercitivo por quisquillosas normas que evitan jugadas políticas atrevidas. Bolaños está asimismo estudiando eliminar el fuera de juego (off-side) por innecesario; él mismo nos lo explicaría de esta manera: “¡Cuántas preciosas jugadas ha anulado esa antigualla del fuera de juego! ¡qué rabia esos centímetros de atacante adelantado! ¿por qué ser tan tradicionales y frustrar esa creatividad futbolística, artística… gubernativa, legislativa teniendo que someternos todos los futbolistas/políticos a rigideces normativas, o a la carpetovetónica división de poderes?” Fin de mi cita bolañesca imaginaria y real a un tiempo.

Me preocupa España, en efecto. Me inquieta si el portero se entenderá con los defensas centrales, ahora que vienen los mayores desafíos. Todas los expertos lo dicen: Los equipos / las naciones se construyen a partir de una solida defensa. Y defender bien consiste en saber ser intransigente con las veleidades de quien viene a hacernos daño, o quienes quieren marcar deliberadamente en propia puerta.

Me preocupa España y aun poniéndome grave sé que este sentimiento me hace también más español. No quiero deleitarme en ese pesimismo noventayochista de preocupación nacional, de cierta angustia íntima, resignificando el dolorido sentir del Garcilaso febril y enamorado.

Me preocupa España, hace bastante tiempo. Somos capaces de lo mejor, y también de matarnos entre nosotros como nadie. Me preocupan los años treinta, los del siglo XX (una década triste en España), hay amenazas y paralelismos, quiero pensar que menos intensos. Me preocupan ahora más los futuros años treinta del actual siglo XXI -también nuevo Mundial en 2030-, los tenemos ahí encima, no quiero que se macere nada, no deseo tarjetas rojas ni expulsiones, vandalismo verbal que luego es físico. Conjurémonos para que no haya invasión de campo. Conjurémonos en la esperanza, frente al desaliento. Es fútbol, política y vida. Es fútbol, pero no solo futbol, ¡es España!