Que te quiten la vida. ¿Mejor no haber existido nunca?

Juan M. Uriarte

Estamos muchos anonadados viendo que se ha dejado tirada a Noelia con sus traumas biográficos en el estercolero de su sufrimiento biográfico y mental. Tenía veinticinco años y casi toda la vida por delante. Pero, oye, a otra cosa mariposa, que España ganó 3-0 a Serbia al fútbol, ahora estoy tomándome el aperitivo y hoy hay ya otras noticias. No me vengas con morsengas éticas, ¿Ha pedido suicidarse? ¡Pues ya está!  El muerto al hoyo y el vivo al bollo. Una muerte pagada por el Servicio Nacional de Salud. Eso sí, una muerte limpia y farmacológica para un cuerpo y mente destrozados; unos órganos que quizá estaban ya comprometidos en trasplantes “para salvar vidas”. Lo pienso y solo me surge una mueca de sarcasmo y amargura. Mucha tristeza.

Hay vidas como las de Noelia, con relaciones familiares perniciosas, azares desafortunados, errores personales contumaces, entornos desastrosos… En muchas ocasiones hay situaciones injustas, mecanismos que no funcionan, olvidos injustificables… pero en este caso hay más, sucedió algo más grave.

Como el estado no puede darnos la felicidad, al menos, que no estorbe. Que no nos empuje al tobogán, abandonados a la inercia de la muerte, al subjetivismo de una nefasta ley de eutanasia que solo tienen diez países de los casi doscientos que existen en el mundo. No es que no se le haya ayudado a Noelia, es que se la ha empujado a la muerte. Me he acordado de un libro de mi modesta biblioteca:  Mejor nunca haber existido (Better never to have been, David Benatar, 2006). El terrible título de un libro con estas cuatro propuestas filosóficas principales: Vivir es doloroso y dañino, tener hijos es algo equivocado, el aborto es una opción muy recomendable y lo mejor sería que la humanidad se extinguiese. Mejor nunca haber existido. En España nuestro sistema político-jurídico-sanitario se ha encargado de ejecutarlo retroactivamente con Noelia. La han bajado del tren de la vida.

 

Hace ochenta años se creó en Europa el término Welfare State, o Estado de Bienestar, Como todas las palabras se gastan, últimamente en España a la coalición gobernante le habla mucho de escudo social. Valores como ayudar al más desfavorecido a salir del bache, atenuar las dificultades, salir del pozo; el ‘ascensor social’ que implica reversibilidad de las cosas, y opciones de salir adelante. De algún modo, aparece esa intuición, ese imperativo moral estatal para no dejar tirado a nadie y de poder cambiar

Noelia ha sido rematada, en sentido estricto.  Una persona que no está en cabales psíquicos de dar su consentimiento legal a casi nada en su vida, es eliminada con su mente enferma en el discernimiento. Y el “estado del escudo social” claudicando en una repugnante neutralidad con pretensiones de exquisita. Ganas de potar.

La vida humana tiene sentido en ser vivida.  Y sobre este axioma descansa todo el edificio de la sociedad.  Dos ejemplos: Si te subes a un puente para tirarte al vacío, o si portas una garrafa de gasolina verbalizando que vas a prenderte fuego, la policía (sinónimos: la ley, el estado, el sistema, la sociedad tratará, corrijo, ¡todos trataremos de impedirlo!… , pero no por mandamientos religiosos, sino porque la vida de cada ser humano es un bien jurídico a proteger, y porque además  hay un obligación legal de socorro, es decir, es un delito no socorrer a quien lo necesita. Art 195 CP: La omisión del deber de socorro está tipificada en los artículos 195 y 196 del Código Penal español. Castiga con penas de multa “a quien no ayude a una persona desamparada en peligro grave, pudiendo hacerlo, o no solicite auxilio ajeno”. Y si el que no lo ayuda es personal sanitario, resulta ser circunstancia agravante.

Pero aún hay más. El gobierno central y las autonomías aprobaron en febrero 2025 el Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027, cuyo OBJETIVO les transcribo literalmente: “El Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027 tiene como objetivo principal reducir y prevenir la conducta suicida en la población, con especial atención a los grupos en situación de vulnerabilidad.”  La guía busca coordinar administraciones, sensibilizar y prevenir MUERTES; se habla también por ejemplo de no romantizar el suicidio y de evitar el “efecto contagio”. En España hay unos 4200 suicidios al año (once cada día), casi el triple de los muertos por accidente de tráfico. El suicidio es la primera causa de muerte no natural en jóvenes (12–29 años) en España. Cifras espeluznantes de personas, no frías estadísticas.

¿Por qué camino hemos llegado a un consenso por el que un perro tiene dignidad -que la tiene; dignidad canina, pero la tiene-, pero una enferma psiquiátrica no? ¿Cómo es que sabemos y actuamos como estado/sociedad cabal para que un asesino y violador de niños sin arrepentimiento no merezca la muerte -comparto mi rechazo a la pena de muerte- y en el caso de Noelia el sistema jurídico-sanitario le facilita herramientas para su suicidio asistido? ¿Cómo tener la desfachatez de ponerse de perfil ante el caso de Noelia, encoger los hombros, pasar la página del periódico y mirar si va a hacer buen tiempo porque estás de puente en Canarias en la playa, o vas a ver procesiones de Semana Santa en Málaga desde tu cómoda terraza degustando tu cervecita y tapita?

Es de noche. Oigo de fondo mientras escribo la Pasión según San Mateo de JS Bach. Es domingo de Ramos y en todas las iglesias católicas se ha proclamado ese texto, donde Jesús fue condenado a muerte injustamente. Él estuvo en lo más hondo, Él descendió en el Sábado Santo a los infiernos de nuestras mierdas personales y del sistema. El es nuestra Esperanza. Como creo en la vida perdurable, en el descanso y en el perdón de los pecados, encomiendo también con vosotros el alma de Noelia a su Hacedor.