PENSANDO EN VOZ ALTA: ADAMUZ

Paco Marín

PENSANDO EN VOZ ALTA

ADAMUZ

He de reconocer que es muy triste, en este caso, conocer la existencia de un pueblo español, Adamuz, y pido disculpas por mi ignorancia, por haber ocurrido en él, o muy próximo, un desastre monumental como fue el descarrilamiento de dos trenes hace ocho días, 18 de enero.

Como consecuencia de dicho hecho se ha visualizado, se ha hablado, se ha opinado todo y más. Por lo que de todo ello voy a intentar hacer un compendio y aportar mi opinión.

Lo primero que me asombra es que en trenes con 436 plazas todas ocupadas, doce coches completos, solo, como profesionales, vayan el maquinista y una única persona para tranquilizar, si llega el momento, y dar información a los viajeros.

Ahora bien, hay una pregunta básica: ¿Cómo se supone que una única persona puede hacerse cargo de una evacuación, un trasbordo en vía o cualquier otra operativa que ponga en riesgo la seguridad de los viajeros en caso de accidente? Accidente como el que ocurrió en Adamuz. No me puedo imaginar al personal poniendo “orden” y cuestionándose: “¿por dónde empiezo?”.

De lo leído, oído y visto cuando se prestan servicios en trenes AVE, Alvia o similares el personal, además de la tripulación, se completa con tres personas responsables de cafetería, sala e interventor. Si es necesario, se puede reforzar con un tripulante más. Sigo pensando que es insuficiente.

Me sigue asombrando que en los trenes Avlo -trenes Talgo- con capacidades, por ejemplo, de 436 y 579 plazas -razón trabajador/viajeros, ridícula- no hay un plan de evacuación gestionable por una única persona; ya que el maquinista se ha de ocupar de otros menesteres. La petición que el personal hace es la siguiente: Que el número de tripulantes a bordo de los trenes vaya en consonancia con el número de plazas y ocupación de los mismos. Que, por parte de Adif no se permita el acceso a la zona de embarque con objetos que no son equipaje y que exceden las medidas y el peso que todas las compañías tenemos limitado (televisores, tablas de windsurf, cuadros). Es lógica la petición pues en caso de accidente estos elementos pueden aumentar el riesgo.

Es impresionante lo siguiente. “Llevamos informando a la empresa del estado de las vías largo tiempo, compartiendo vídeos de las vibraciones, pidiendo soluciones sin que se haga nada o muy poco. Hemos llegado a normalizar lo que es un riesgo para todos y todas, porque, si no, no seríamos capaces de subir al tren. Estos últimos años, la coletilla en muchas conversaciones ha sido "hasta que un día pase algo". Y ese día, por desgracia, llegó el pasado 18 de enero”.

Una petición más: “Levantemos el pie del acelerador y reduzcamos las circulaciones de los trenes hasta que la infraestructura esté preparada para asumirlas. No sólo hablamos de las vías, sino también de las estaciones”. En Cartagena (España) sabemos mucho de eso.

Para ir finalizando, esta consideración: España está de luto y los trabajadores del sector ferroviario seguirán subiéndose a los trenes con un nudo en la garganta, con el corazón encogido y la lágrima contenida, porque si algo han demostrado siempre es que tienen vocación de servicio. Sólo espero que nuestra “¿clase política?” esté a la altura.

Si observan errores, pido disculpas. La cabeza no funciona aún como es debido y la rabia hay que aguantarla.