PENSANDO EN VOZ ALTA: BLOQUEO…FALTA DE IDEAS

Paco Marín

PENSANDO EN VOZ ALTA

BLOQUEO…FALTA DE IDEAS

Cada semana me pasa lo mismo. Me siento ante el ordenador, la mayoría de las veces, sin saber qué escribir. Me paso un buen rato dándole vueltas a mí cabeza. Todas mis ideas me parecen pobres y sin interés. ¡Así cada semana!

He de admitir que, ahora mismo, sufro bloqueo, falta de ideas. En estos casos, suelo seguir un estricto protocolo de actuación. Entro en una especie de pánico mental. Doy un paseo. Intento convencerme de que acabaré, más pronto que tarde, dejando mis pensamientos a un lado. Hasta que, con un poco de suerte, si nada se me ha ocurrido, llega el final de la jornada, duermo unas horas y, al amanecer, el atasco se ha esfumado.

Hoy, en cambio, he decidido tomar otro camino. En vez de lamentar mi suerte, voy a probar algo más constructivo: averiguar qué se esconde detrás del bloqueo.

Paradójicamente, el también llamado síndrome de la página en blanco ha servido para llenar infinidad de páginas. Miles de expertos, incluidos eminentes psiquiatras, han abordado el problema... sin alcanzar una conclusión convincente. Algunos, incluso, afirman que este bloqueo sólo existe en las mentes de un gremio tan obsesivo y egocéntrico como los juntaletras.

El primero en nombrar el ‘bloqueo del escritor’ fue el psicoanalista Edmund Bugler en 1947. Dedicó años a analizar a escritores (yo no soy escritor, ya lo saben mis pacientes seguidores) con problemas de creatividad, pero se quedó tan perplejo como al principio. No les faltaba talento. Tampoco estaban aburridos. Ni siquiera eran vagos. Así que, como buen freudiano, le echó la culpa al subconsciente... y cambió de tema de estudio.

Hay un texto del psicólogo Paul J. Silvia, en su libro “How to write a lot” (2018, septiembre), argumentando que lo crucial no es averiguar si el ‘bloqueo’ existe o no, sino cómo lo abordamos. En vez de describirlo como algo que ocurre («no estoy escribiendo»), tratamos de usarlo como una excusa («tengo un bloqueo y no puedo escribir») que justifique nuestra inacción.

Hay miles de razones para que escribir cueste: la procrastinación, la excesiva autoexigencia, el miedo a lo que los otros piensen de ti... Pero, según Silvia, lo peor que se puede hacer es auto diagnosticarnos un bloqueo del escritor. «Poner nombre a algo le da poder», escribe. «La gente tiende a sobre pensar las cosas hasta meterse en un callejón sin salida. Y el ‘bloqueo del escritor’ es un buen ejemplo».

Sus consejos son los habituales: da un paseo, lee a alguien que te inspire, rebaja tus expectativas... Y, sobre todo, asume que no sufres un síndrome, sino una situación concreta que, además, se resuelve -por definición- en el mismo momento en el que empiezas a escribir un texto, por flojo que parezca al principio.

Eso es lo que me propuse hace justo un rato. Y, no sin sufrimiento, ahora tengo ante mí algo parecido a una columna. Por supuesto, nadie me dará un premio por ella. Pero aceptar la imperfección sin dramatismos es el primer paso para romper el ‘síndrome’.