PENSANDO EN VOZ ALTA: CLAUSURA XIVº ELACT

Paco Marín

PENSANDO EN VOZ ALTA

CLAUSURA XIVº ELACT

Un año más, y van catorce, hemos celebrado el ENCUENTRO LITERARIO DE AUTORES EN CARTAGENA (ELACT). Han sido tres días; 23, 24 y 25 de abril; en los que hemos departido con los autores: Juan A. Pérez, Antonio Parra Sanz, Luís Miguel Pérez-Adán y Juan Ignacio Ferrández García. Hemos dialogado y conocido sus últimas publicaciones: Trauma. Cartagena sangrienta. Cien voces cartageneras. Cada año intentamos, desde la organización, superarnos y que todo salga lo mejor posible. El público asistente se marcha, por lo menos, con el marcapáginas que conmemora cada una de las ediciones -obra de Juan Heredia Gil- y, además, si tiene suerte, con una bolsa con varios libros. Libros que facilitan distintas editoriales nacionales.

Desde estas líneas quiero pedirles a todas aquellas personas que lean este pensando y tengan a bien haber asistido, en alguna ocasión, a uno de los encuentros, que nos den su opinión y nos indique que podemos hacer mejor para atraer a más público. Nuestra intención siempre, como ya he apuntado, es que todo salga lo mejor posible y a gusto del público.

A continuación, sumo a estos pensamientos, la nota que mi compañero en estas lides Antonio Parra Sanz ha hecho pública:

El pasado sábado 25 de abril, en la clausura del XIVº Encuentro Literario de Autores en Cartagena, celebrado en el Museo del Teatro Romano, se hizo público el fallo del XIV Concurso de Microrrelatos ELACT “Lola Fernández Moreno”. Un certamen que este año ha alcanzado los 1550 participantes, lo que supone el número más alto de todas sus ediciones, con participación de autores españoles e iberoamericanos en su gran mayoría, pero que también ha recibido textos de Estados Unidos, Canadá, Bosnia o Japón.

 

El jurado, compuesto por Isabel Hernández Hernández, Rosa Huertas Gómez, Francisco Marín Pérez y Antonio Parra Sanz, valoró los cincuenta y siete textos seleccionados y eligió a los cinco últimos finalistas: SE ACABÓ LA FIESTA, MALA PRAXIS, SALIX BABYLONICA, VECINOS DE BLOQUE, EL HOMBRE LIBRE y CUIDADOS PALIATIVOS.

 

Tras una nueva votación, el jurado declaró ganador por unanimidad al relato “MALA PRAXIS”, de Mar Horno. El premio, consistente en un trofeo y 500 euros, patrocinado por la Universidad Popular de Cartagena, Luna-Cerezuela Centro de Estudios y Cartagena Negra, fue entregado por Mercedes Hernández Cegarra y Esperanza Fernández Moreno, en representación de la Universidad Popular y de la familia de Lola.

La autora, desplazada desde Torredonjimeno (Jaén), realizó la correspondiente lectura de su texto, un microrrelato que, sin dejar de lado el ingenio, habla de la fuerza que el amor puede tener cuando logra vencer a la muerte e incluso enfrentarse a la razón. Mar Horno es documentalista audiovisual en la Radio Televisión de Andalucía, es autora de los libros Precipicios, Piedrasantas y Náufragos del Océano Índigo. Ha participado en varias antologías del género y ha ganado diversos certámenes de microrrelatos, como «Relatos de viajes» cadena SER, Premio Iasa Ascensores, Premio Letras de Islantilla y el Premio Tiflos de cuentos de la ONCE en 2025; también ha sido finalista de «Relatos en Cadena» de la cadena SER, del certamen de microrrelatos de la Revista Eñe y del Premio Hortensia Roig de literatura infantil, para promover las carreras STEM entre las niñas. Su libro Precipicios habitados fue finalista de los Premios Ciudad de Alcalá de Henares, y Náufragos del Océano Índigo finalista del Premio Setenil en 2022. Recientemente, su libro Piedrasantas ha sido reconocido con el Premio Andalucía de la Crítica.


MALA PRAXIS

Llovía a cántaros cuando Eugenio regresó a casa después del trasplante. Su familia lo recibió con una tarta y confeti. Tras varias semanas sin poder salir por el tren de borrascas, aquella noche no llovió. Se acuerda bien. Más tarde expondrá en su denuncia por mala praxis que sobre las nueve sintió la necesidad imperiosa de levantarse del sillón donde dormitaba. Su nuevo corazón le empujaba hacia la calle con fuertes golpes en su caja torácica. Ante el asombro de su mujer, salió en pijama y pantuflas como un perro perdiguero buscando un rastro. Esquivando los grandes charcos, llegó de nuevo al hospital sin control sobre sí mismo y fue directo al puesto de enfermería. Allí, sintió un repentino desmayo que le obligó a hincar rodilla en tierra y, sin querer —lo jura y perjura—, le declaró su amor a aquella guapa enfermera que lo había atendido en su convalecencia. Ella le besó, feliz, mientras las compañeras aplaudían emocionadas. Eugenio terminó abrazándola mientras intentaba pergeñar lo que le diría a su pobre esposa. El corazón tiene razones que la razón ignora, argumentará el cardiólogo en el juicio. Más aún si la razón es nuestra y, el corazón, de otro.