PENSANDO EN VOZ ALTA: MIGUEL -RINCÓN DE PEPE-

Paco Marín

PENSANDO EN VOZ ALTA

MIGUEL -RINCÓN DE PEPE-

Hoy día 5 de enero de 2026, víspera de los Reyes Magos, reinicio mis pensamientos de una forma triste. Porque triste es despedir a un amigo. Triste es decir adiós a Miguel. Siempre que ibas a tomarte una cerveza, un vino, a comer unos montaditos al “Rincón de Pepe” allí estaba Miguel, trabajador al máximo, buen responsable del negocio, junto a César.

El día 30 de diciembre del pasado año, 2025, nos dejó. Una muerte inesperada, para más de uno, y más de dos. El cáncer es el culpable. He perdido la cuenta de los años que hace que nos conocíamos. Mucho antes de los 25 años, aproximadamente, de las cenas, cada quince días de la ‘Tertulia Mandarache’ -dos viernes al mes-; lo conocí.

Guardaré siempre en mi interior las palabras, las frases que al llegar a la cena y al despedirnos me dedicaba. También cuando llamaba por teléfono para reservar. Cualquiera que nos oyese, mejor a él, creería que estábamos enfadados. En absoluto. Era una manera de desearnos lo mejor, aunque -reitero- pareciese que estábamos peleándonos. En su memoria voy a reproducir una colección de frases que he ido recopilando de mecheros que usamos en casa. Ahí van, por ti Miguel:

-Disfruto llevando la contraria.

-El amor está en el aire… Voy a ventilar.

-Disléxico no, lo guisante.

-No soy raro, soy edición limitada.

-Te veo muy bien -Vuelve a mirar.

-Nadie es ferpecto.

-¿Yo madurar? Ni que fuese una fruta.

-No me sigas, también estoy perdido.

-En ser humilde, soy el mejor.

-Me han llamado flojo. Casi les contesto.

-Amor, alegría… y cerveza fría.

-A mi solo me domina el sueño.

-Odio ir a casa ajena y tener que fingir que como poco.

-Soy de antivicio -Llega tarde.

-Una más y nos vamos.

-Soy encantador pero no ejerzo.

-El deber le llama. -Di que no estoy.

-Voy a clase de canto -¡Qué incómodo!

-¿Árbol favorito? -La palmera de chocolate.

-¿Molesto? -No gracias.

-No sé, me falta algo… -Sí un hervor.

-Me gusta la cerveza. -Tienes pinta.

-¿Mesa para comer? -¿Somos termitas?

-¿Puedes hablar? -Desde pequeño.

-Me he hecho a mi mismo. -Te has dejado a medias.

-Lo bueno de hacer el ridículo a primera hora es que ya te despreocupas.

Espero y deseo que, allá donde deambule Miguel, le gusten estas frases. Hasta siempre.