PENSANDO EN VOZ ALTA: PERSONAJES DÍSCOLOS

Paco Marín

PENSANDO EN VOZ ALTA

PERSONAJES DÍSCOLOS

Hoy dejo que sean los personajes, algunos, de las historias que he leído quienes tomen la palabra. Cuando entrevisto, o hablo con algún autor, le hago, entre otras, la siguiente pregunta: “¿En algún momento de la historia, algún personaje ha tomado vida propia?”

La gran mayoría de las veces me contestan que si -en alguna ocasión me dicen que piensan mucho antes de escribir para que eso no ocurra- y yo me quedo ojiplático. ¿Cómo es posible que un personaje que es creado por el autor se vuelva díscolo y haga lo que quiera?

En fin, no soy autor, no se escribir y no tengo ningún personajillo que se me rebele. Espero y deseo que mis amigos escritores no tengan, en algún momento, que poner a un detective para que siga a un miembro que se escape de la historia y se marche a hacer vida propia -esto está relatado en una novela que leí hace muchos años y no recuerdo el título…me dejó con la boca abierta-.

A continuación, recojo el testimonio y respuestas de algunos autores a la pregunta que planteo al principio.

  • Montiel de Arnáiz (A la velocidad de la noche)

Es probable que sí, pero como digo siempre, esto no es una puta democracia. En una novela coral como “A la velocidad de la noche”, la importancia del grupo es fundamental, por ello intenté dotar de personalidad y credibilidad a cada uno de los personajes, desde Willy el chino hasta Rosalina Pinochet o Fran Toledo. De hecho, creo que éste último es el más díscolo de los personajes, porque en su interior está la clave de toda la trama. Pero, aun así, lo mantuve a raya. 

  • Juan Antonio López (Astrágalo)

Por supuesto. Y para mí, es señal de que la historia tiene vida propia y lo celebro. En el caso de “Astrágalo”, el personaje de Alba Laguna creció mucho más de lo planificado. Llegó un momento en que la historia reclamaba más de ella, y hubo que darle su espacio propio. Fue un acierto, en mi opinión.

  • José María Mayorga (Carapús)

Afortunadamente, en varios casos han tomado vida propia. Se han revelado. Han crecido.

  • Alberto Puyana (Corpore insepulto)

¡Gracias a Dios, siempre! En esta ocasión mi personaje principal tomó vida propia en mitad de la novela y "me obligó" a cambiar el plan narrativo previsto. Pero creo que es el momento más mágico que puede experimentar cualquier autor y, precisamente, el que proporciona mayor credibilidad a la historia que se está contando y mayor satisfacción al autor. Si un personaje "no respira", bajo mi punto de vista, la obra carece de alma.

 

  • Antonio J. Ruíz Munuera (Cristales de plata)

Lo han intentado, alguno de ellos con un carácter muy independiente. En especial Fatu, la niña protagonista. Intentó -y me hubiera encantado que lo consiguiera- darle la vuelta a su destino.

·      Hernán Elvira (Toma el dinero y muere)

Ciertamente los personajes a menudo van más allá de lo que uno desearía, eso me pasa bastante con Charly Camacho, que a veces se pasa mucho y hace cosas que ni yo las reconozco. Y ha ocurrido en esta novela en particular con Lúa, que iba a ser un personaje mucho más secundario y ella misma se ganó aumentar su protagonismo.

  • Antonio Díaz (El pueblo del hacha)

Sí, Alfonso el Cabo. Al principio era un personaje oscuro y sin conciencia, pero a medida que avanza la historia evoluciona y me sorprende porque llega a convertirse en el más oprimido por el sistema y por la sociedad. Pasa, de verdugo a víctima.

  • Carlos Dosel (El legado del mal)

Totalmente. El de Antonio (Nino para los amigos). Iba a ser una especie de buenazo hasta el final, pero fue necesario cambiarlo para cobrar un protagonismo importante.

 

  • Kepa Iribar (72 horas)

 

La verdad es que no. Antes de empezar a escribir, como he dicho antes, le di muchas vueltas en la cabeza. Por lo tanto, después ha ido poco más o menos como lo había ideado. Ha habido cosas que he tenido que variar, o quitar, porque al escribirlas me parecía que no quedaban bien, pero no en cuanto a los personajes.

 

  • Miguel Castro Preiro (Los que ya no están)

Soy de los que creo que hay una dualidad pues, a pesar de que yo llevo la batuta, los personajes son como seres vivos y van marcándote, en ocasiones, su personal ruta en la historia. 

  • Guillermo Galván (Morir en noviembre)

Lo ha intentado, por supuesto. Es su obligación. Con actitudes o frases impropias de su personalidad. Si no se trata de aspectos graves, lo dejo ir, pero siempre queda claro que quien conduce es el autor. Faltaría más.