Stabat pater. San Jose, día del Padre

Juan M. Uriarte

 

El código civil español pone en no pocos artículos como medida estándar del cumplimiento de compromisos a lo que haría un buen padre. Utiliza como medida a “la diligencia propia de un buen padre de familia”. ¿Cómo hay que cumplir la norma? Pues como lo haría un buen padre. Se entiende.

Me acuerdo hoy de los padres de familia pensando en San José, esposo de la virgen María, el más diligente padre de familia. José el carpintero, el ridiculizado, el que no se entera, el ingenuo cree que el embarazo de su esposa procede de lo Alto. San José, el que no se da importancia, el segundón, el mandao.

Acariciar la figura de José es desbordante; tiene a un tiempo quietud y actividad, contemplación y acción. Su vida tuvo sentido en ese triángulo con Jesús y María. Muchas veces he pensado en mi mente sobre esas páginas ‘no escritas’ de los evangelios, esos años de la llamada vida oculta de Jesús. Por ejemplo, cómo sería la relación de amor profundísimo entre María y José, todas las cosas que vivieron juntos, años de convivencia tan cercana, familia de Nazaret. María y José, unidos en amor esponsal y virginal, oxímoron que solo Dios puede comprender.

Vivimos tiempos -décadas ya- de desconcierto sobre el yo masculino. Los hombres no sabemos a qué carta quedarnos. Hay una autocancelación frecuente que lleva a inhibir todo lo que sea diferencia, masculinidad; unánlo a la crisis del concepto ´autoridad´. Lo masculino se vuelve líquido y la autoridad se disuelve en la pluralidad. La familia es considerada por nuevas antropologías una estructura heteropatriarcal y arcaica superar. Patriarca, patria y padre, todo de una misma raíz léxica. Matar al padre, matar la patria, o sea la extensión del padre; perder las referencias, negar la herencia cultural y la herencia de la fe. Nuevas familias, dicen. Es tecnológicamente factible crear humanos con semen de donante, y por tanto tener hijos de manera deliberada sin la figura de un padre presente.

El concepto y atributos del ‘padre’ se consideran sospechosos cuando no perniciosos frente la autonomía del individuo libre y único, un ser humano sin padre, sin historia ni antecedentes, pura mezcla de bioquímica con el azar y los astros, una especia de avatar sin origen ni destino.

 

Hay dos libros de idéntico título, pero diverso enfoque sobre este asunto actual de la ausencia de la figura paterna. “El eclipse del padre”. El texto más antiguo lleva la pluma del teólogo y obispo Paul Josef Cordes (año 2004, Ediciones Palabra). El más reciente, del año 2025 está escrito por el filósofo Gabriel Albiac (año 2025, La Esfera de los libros)

Volvemos a San José. Currante, padre y esposo, jefe y servidor. La cuadratura del círculo, la quintaesencia del cristiano. Un san José decidido que lidera su familia y escapa a Egipto para salvar a su hijo de la muerte; otro San José que conoce la predilección de Dios por su esposa María. Sin celos, sin victimismos ni recelos, sin protagonismos ni rebeldías. ¡Qué terriblemente difícil ese lugar/actitud de silencio, de presencia y aparente irrelevancia! Saber estar en ese lugar parece incompatible con el ego masculino. Saber ser padre sin abdicar ni sobreactuar; saber corregir y cuidar, saber callar. Ninguna palabra conocemos de José en el evangelio. No dejar de ser cabeza de familia y a la vez saber ocupar un segundo plano. Aquello de San Juan XXIII: Omnia videre, multa disimulare, pauca corrigere. Ver todo, disimular mucho, corregir poco.

La escuela de Nazaret. Misterioso crecimiento y aprendizaje en ambas direcciones. “Hijo, (…) tu padre y yo te hemos andado buscando, ¿llenos de angustia (…) –No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? (…) Y termina la perícopa: Jesús volvió con ellos a Nazaret y vivió sujeto a ellos (Lc 2, 48-51) San José padre nos lleva al otro Padre. Otro libro: “Estar en las cosas del Padre”, de Carlo Mª Martini, Editorial Sal Terrae, 1991)

Recuerdo un sacerdote que hablando de las actitudes del cristiano decía que lo importante no era tener, ni tampoco ser, sino estar(!). Contempla un himno medieval latino a la Virgen junto la Cruz: Stabat mater, ¡qué bella música le puso Pergolesi!  Hoy José nos ilumina para recordar que la paternidad es ESTAR o sea, permanecer, ocupar el sitio, no claudicar ante el problema, perseverar ante sufrimiento, incomprensiones o imprevistos… Stabat pater

Aquel mismo sacerdote me dijo una vez en íntima conversación: “ya sabes que como padre y esposo eres la base de la familia”, hizo un parón aclaratorio y añadió: “es decir… el felpudo”. Y ahí sigo recordándolo y dándole vueltas como un bocado de bacalao que se me hace bola. San José, patrón de los imposibles, ruega por nosotros.