Rincón literario de Paco Marín

Rincón Literario de Paco Marín: “De prisiones, putas y pistolas”

TÍTULO:     De prisiones, putas y pistolas

AUTOR:      Manuel Avilés

EDITA:       Alrevés (2021) –Sinficción

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 14,5 x 22,5 cm. Número de páginas: 281. PVP: 20,00 €. ISBN: 978-84-17847-88-3

“De prisiones, putas y pistolas” no es una novela al uso, no son unas memorias, no es un ensayo, no… yo diría que es una conversación directa con el lector. Es estar acompañado de Manuel Avilés, un amigo, que nos va relatando parte de su vida profesional, por otra lado, muy interesante e intensa. Es la descripción de un servidor público del sistema penitenciario español; sus destinos, entre otros, fueron las prisiones de Cartagena, Benalua, Fontcalent o Nanclares de la Oca.

El lenguaje que usa es totalmente realista, descarnado, pero, por encima de todo, verdadero. Los personajes de los que habla son: estafadores, asesinos, violadores y terroristas. Elementos etarras que serán protagonistas de una estratagema diseñada por Instituciones Penitenciarias para fragmentar a ETA basándose en la discordia y la división de sus miembros. Toda esta estrategia funcionó bastante bien y contribuyó, de alguna manera, al fin de la banda terrorista.

En esta conversación, Manuel, hace especial referencia a Antonio Asunción -Director General de Instituciones Penitenciarias- que inició las maniobras necesarias para la, ya citada, desarticulación de ETA. Lo hizo con unos micrófonos puestos estratégicamente en lugares concretos, esto permitió que se pudieran conseguir unas grabaciones devastadoras para dicha organización.

He de indicar que la lectura no es nada aburrida pues la prosa es directa, clara, contundente, fluida, emocionante y de la que aprendes cosas nuevas de un mundo cerrado y apasionante.

Lectura muy recomendable.

 

«A las dos de la madrugada del día 2 de diciembre de 1991, estalló la bomba de relojería en los boletines informativos de la Cadena SER. Por primera vez, presos de ETA criticaban a la cúpula de la banda por sus últimas acciones terroristas y se manifestaban en contra de los atentados indiscriminados que tenían a los niños como víctimas. En definitiva, presos de ETA desmentían a los propagandistas que afirmaban que no existían fisuras en el apoyo a los atentados.

En esta ocasión no se escondió nada: las voces de las grabaciones eran claras y desvelaban los nombres, los apellidos y el historial de los etarras críticos. Era el principio del fin de la banda armada.

Manuel Avilés era el director del centro penitenciario de Nanclares de la Oca y, junto a su amigo y secretario general de Instituciones Penitenciarias, Antonio Asunción, llevó a cabo la arriesgada maniobra que para siempre marcaría un antes y un después en la organización terrorista y en gran parte de la opinión pública.

De prisiones, putas y pistolas es la historia de una amistad y una promesa. De cómo dos amigos confabularon un plan y lo llevaron a cabo en las grises oficinas de los funcionarios anónimos, y consiguieron, sin que nunca nadie les otorgara una medalla, iniciar lo que parecía imposible: el comienzo del fin de ETA.

Con una prosa descarnada y cargada de verdad, Manuel Avilés narra unas memorias imprescindibles para entender la desintegración y descomposición de ETA, un período de la historia de nuestro país sobre el que todavía quedaban estas páginas por escribir: la verdad de la vía Nanclares».

Manuel Avilés (Huétor Tájar, Granada, 1955) está jubilado y se dedica a las motos, la literatura y la familia.

Ejerció como funcionario del Cuerpo Especial de Instituciones Penitenciarias, subdirector de gestión del Centro de Fontcalent en Alicante, director del Centro Penitenciario de Nanclares de la Oca en Álava y asesor ejecutivo de la Secretaría de Estado del Ministerio de Justicia e Interior —dedicado a bandas armadas—, entre muchos otros cargos.

Colabora con el programa literario de Onda Cero Alicante desde hace más de veinte años. También ha colaborado con DiarioInformaciónDiario de Mallorca y, actualmente, con el 12 digital de Alicante y Es diario.

Ha publicado los ensayos “Criminalidad organizada: los movimientos terroristas”; “El terrorismo integrista”. “¿Guerras de religión?”; “Delitos y delincuentes. Cómo son, cómo actúan, y Elenriquecimiento ilícito. Asimismo, ha publicado las novelas El Metralla. Andanzas de un sublevadoYa hemos estado en el infiernoEl barbero de Godoy, y En la cuerda flojaNarcotráficoen Mallorca, entre otros.

En Alicante nos recibe, amablemente, Manuel Avilés… Gracias…

P.- Por favor, presente a Manuel Avilés.

R.- Soy un hombre que ha trabajado cuarenta años en las cárceles, de ellos diez exclusivamente dedicado a temas terroristas. Empecé cuando ni siquiera había niveles en la función pública y llegué hasta el nivel 30, el tope de responsabilidad. Siempre me he considerado un funcionario y he tenido por norma acostarme cada día tranquilo, pensando que me había ganado lo que los ciudadanos me pagaban. Hoy soy un jubilado que disfruta con la literatura y las motos, que tiene la conciencia tranquila y que sabe que hay que exprimir la vida que quede porque no hay ninguna otra después.

P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace «De prisiones, putas y pistolas»? ¿De quién fue la idea del título?

R.- Desde que grabé las cintas famosas de Nanclares y se hicieron públicas, supe la importancia que había tenido aquel hecho y supe que algún día tendría que escribirlo porque «Era historia de España». Me puse a la tarea cuando Antonio casi me forzó a prometer que lo haría. Desde el día siguiente a salir las cintas al conocimiento público tuve ofrecimientos para contar lo que había pasado. Siempre los deseché, pero tras la muerte de Antonio Asunción entendía que había que hacerlo.

El título es claro: Las prisiones – mi trabajo durante tantos años-, las pistolas – resumen el problema terrorista; y las putas es por lo que todo el mundo me pregunta. Han sido determinantes en mi vida: el primer día que llegué destinado a Alicante, junio de 1977, con una maleta prestada y dos mil pesetas prestadas también, no encontraba pensión para dormir en ningún lado porque eran las fiestas de hogueras: Al final acabé en una casa de putas donde dormí dos días, con más miedo que vergüenza porque era un chiquillo con 21 años que venía de un mundo universitario y no tenía ni idea de lo que se cocía en el mundo real. El título lo cogí porque me parecía efectista y sonoro.

P.- ¿Se arrepiente de haber escrito el libro?

R.- No me arrepiento. Lo prometí y me gusta cumplir mi palabra. Está funcionando muy bien y crearme unos cuantos enemigos más a estas alturas no me preocupa absolutamente nada.

P.- ¿Por qué en unos ejemplares aparece como autor «Manuel Avilés» y en otros «Manuel Avilés Gómez»?

R.- Creo que, al principio, en las pruebas, pusieron los dos apellidos, luego resumieron y lo dejaron en uno solo. Nunca me he planteado ni preguntarle al editor por qué quitó el segundo, me parece que está bien así y me identifica plenamente.

P.- ¿Hay que ser de una «pasta especial» para dedicarse a trabajar en las prisiones? ¿Pasó miedo en algún momento, a lo largo de su carrera? ¿Cuál fue su primer destino?

R.- Hay que tener un cierto esquema vital, cierto, para trabajar en las cárceles. Mi obsesión siempre ha sido no endurecerme hasta tal punto que dejara de ver que detrás de cada preso hay un ser humano con mil problemas y no un expediente con un número. Miedo he pasado muchas veces, pero he conseguido siempre «aguantármelo» por vergüenza torera. Mi primer destino fue la vieja cárcel de Benalúaen Alicante – hoy edificio de juzgados- y ahí viví los primero grandes motines y situaciones de auténtico terror.

P.- A su juicio ¿cuándo se inicia el principio del fin de ETA?

R.- El fin de ETA no ha sido fruto de ninguna persona sola. Yo publiqué un libro en 2004 «Criminalidad organizada. Los movimientosterroristas» en el que dije que ETA estaba acabada y me llamaron de todo. Hablé e hice informes criminológicos de varios cientos de etarras, después de Nanclares. En los años noventa ellos sabían que su futuro estaba escrito porque en Europa no se podía consentir un movimiento terrorista que pretendía instaurar un régimen determinado a base de tiros. Ellos lo sabían y su lamento era: Tanto tiempo luchando para nada….

En el fin de ETA colaboraron la policía y la guardia civil, los jueces, las medidas políticas, económica y sociales del Estado, la evolución social del país en su conjunto y también las instituciones penitenciarias.

P.- ¿Cometió «irregularidades» en Nanclares de la Oca para conseguir las confesiones de los etarras?

R.- ¿Irregularidades? Alguna, pero lo esencial fue seguirlos a diario, conocerlos, estudiarlos y saber que no era cierto que todos estuviesen de acuerdo con los asesinatos – incluidos los niños-. Los provoqué, cuando el asesinato de Fabio Moreno y el atentado de Irene Villa y siempre supe que más pronto que tarde captaría el desacuerdo. también supe que, aunque me pusiera en el ojo del huracán, eso tenía que ser público y supondría un terremoto en la banda. 

P.- ¿Cómo estaban organizados los etarras, en prisión? ¿Se relacionaban con el resto de reclusos?

R.- No tenía privilegios, al menos en mi prisión. Se organizaban bien porque, por ejemplo, uno ponía las mesas – en acuerdo entre ellos- y nadie se sentaba ni osaba invadir aquel terreno. Nadie se lo prohibía, pero nadie se sentaba. Se relacionaban con los otros presos, pero siempre los miraban por encima del hombro, como creyéndose superiores: unos idealistas frente a chorizos comunes. ese era su pensamiento. Criminológicamente es lo que se llama Delincuentes por convicción – si algún día nos vemos, en Cartagena o en cualquier otro sitio- te regalaré el último ejemplar que me queda de mi Criminalidad Organizada, que ya he citado y ahí explico ampliamente esa tipología criminal.

P.- ¿Qué opina del acercamiento de presos etarras, en la actualidad, a sus lugares de origen?

R.- No tengo ningún síndrome de Estocolmo. ETA era una banda criminal. La dispersión fue creada – yo participé activamente en ella y me costó ser puesto en la diana tanto como por las cintas- fue creada, digo, para luchar contra la banda terrorista. Hoy la banda no existe luego la dispersión no tiene sentido. Algunos manipulan diciendo que trasladar a un etarra desde Almería a Burgos es un «beneficio penitenciario». Eso no es cierto. Yo he trasladado etarras desde Nanclares a Canarias y viceversa, como medio de lucha contra la organización terrorista no como medio de castigo ni de aumentar la aflicción que conlleva la cárcel. En ningún sitio de la ley penitenciaria ni del reglamento pone que los penados terroristas tengan que cumplir lejos de su lugar de origen, hoy la dispersión no tiene justificación jurídica ni criminológica.

P.- ¿Qué diferencias hay entre un «delincuente» y un «delincuente por convicción»? ¿Ha tratado con algún etarra arrepentido?

R.- El delincuente por convicción cree que está haciendo lo correcto cuando actúa. Los demás tipos delictivos tienen mil y una motivaciones distintas para actuar – te regalaré el libro de Criminalidad…., seguro que te gusta-. Claro que he tratado con etarras arrepentidos, es a lo que me he dedicado durante muchos años de mi trabajo, casi podría decir que yo era como un desprogramador. ETA era una secta y tenía conductas sectarias, un arrepentido no es más que alguien que cae en la cuenta de lo absurdo de su postura al integrarse y «despeñar» su vida en la secta.

P.- Como lector, prefiere: ¿libro electrónico, papel o audio libro? ¿Qué está leyendo ahora mismo? Recomiende, por favor, un par de títulos.

R.- Prefiero siempre el libro en papel. Tengo un programa literario en Onda Cero Alicante – el más antiguo y el más oído de la radio alicantina desde hace más de veinte años-. Lo he hecho mucho tiempo por teléfono, ahora siempre presencial. Leo dos o tres libros a la semana. Citaré cuatro que me han gustado últimamente: La leyenda de la peregrina, de Carmen Posadas. Pasiones carnales de Marta Robles. Libelo de sangre de Sandra Aza y La casa de las flores blancas de Evelyn Kassner. Todas novelas históricas, aunque la de Marta es un ensayo histórico novelado. 

P.- ¿Qué manías tiene a la hora de escribir?

R.- No tengo manías a la hora de escribir. Escribo en cualquier sitio y circunstancia, casi a salto de mata podría decir, en el tren, en el sofá, en el parque…en cualquier sitio.

P.- ¿Qué opinión le merece los festivales de novela negra?

R.- Cualquier festival, cena literaria, café literario, jornada o lo que sea. Todo lo que sirva para que lectores y autores contacten, todo lo que haga crecer a la literatura me parece maravilloso, la literatura y las motos son mis grandes pasiones.

P.- Relate alguna curiosidad literaria personal que le haya ocurrido y no ha desvelado hasta ahora…si la hubiere.

R.- Una vez, una estudiante, en una conferencia precisamente con motivo del libro Criminalidad organizada, me dijo ¿usted ha escrito este libro? Yo pensaba que todos los autores de que hablan en las clases ya estaban muertos. Poco menos que me quería equiparar con Lombroso o con Beccaria. 

P.- Venda su libro ¿por qué hay que leer «De prisiones, putas y pistolas»?

De prisiones, putas y pistolas cuenta las cosas tal y como pasaron, sin un gramo de ficción. Cualquiera que quiera saber cómo era la vida en el país vasco, cómo era la vida de los etarras en la cárcel y cómo la presión que la banda terrorista a través de los abogados, ejercía sobre ellos, tiene que leerlo.

P.- ¿Como está toreando al bichito Covid-19? Sus planes a corto y medio plazo ¿son?

El covid lo llevo mal, como todo el mundo. No he tenido problemas de contagio, tomo precauciones como todos los de mi edad, estoy harto de las mascarillas y tengo gran fe en la vacuna que aún no me han puesto. Jamás imaginé que viviría una epidemia de este tipo en pleno siglo XXI.

Mis planes a corto plazo son: continuar leyendo todo lo que pueda y cumplir el requerimiento de mi editor y mi agente, Gregori Kerrigan, de escribir la continuación de «De prisiones, putas y pistolas».

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