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“Al suelo que vienen los nuestros” por Ramón Galindo

Y con esto poco a poco «algunos» inmersos en su creencia de que han cumplido con su obligación, y después de haberse “rascado la jalbaida” durante estos meses, aún tendrán la cara dura de irse de vacaciones.

«Algunos» de estos que piensan que acudir a reuniones es trabajar, o ir a los sitios de moda es trabajar. Esos que se creen que visitar las obras es trabajar, o llegar tarde a casa porque vienen de ese agotador día donde los equipos y gabinetes les formalizan los pases VIP para las discotecas y locales de moda, es trabajar.

Y así, hablando y discutiendo, algunas veces hasta insultandose llegan a alcanzar tanto estrés que necesitan unas vacaciones ¡O incluso peor aún no! Todavía se quedan a disfrutar de los privilegios que el cargo, no vocacional, sino sobrevenido les concede y llena les de gozo sin saber que algún día todos esos pelotillas que les rodean y de repente han aparecido, les negarán el saludo.

Y así volveremos a «la nueva normalidad» ya se han acabado los aplausos de las ocho, las luces y sirenas, y los bailes con uniforme y megáfono en mitad de los paseos y alamedas. Ahora hay que volver a la violencia, a los empujones, escupitajos y altercados en las Urgencias de los hospitales.
También ha llegado el momento de las medallas, de todos los sanitarios liberados sindicales que huyeron a sus casas con el rabo entre las piernas y de los que asustados se pidieron la baja, esos son los que ahora sacarán pecho diciendo que gracias a ellos «en la lucha sindical» se consiguieron grandes logros, ensombreciendo la labor de los valientes Sanitarios y de trabajadores de residencias que se encerraron con sus ancianos para cuidarlos, o los que han hecho un gran y arriesgado esfuerzo para dar avante con su sentido vocacional, como pasó en las residencias de mayores de la Comunidad Autónoma de Murcia, donde ha habido menos fallecidos por cualquier causa, incluido el covit-19 que el año pasado. Prueba de que las cosas se pueden hacer bien si se quiere, pero sólo a consta de trabajo y buena organización. Y a todos los demás de diferentes sectores, que en el confinamiento siguieron cumpliendo, más si cabe con sus obligaciones.

Desde aquí, mi consejo sería que igual que se ensaya un desalojo por incendio, se deberían realizar adiestramientos y ensayos para los aislamientos y sus procedimientos y eso sólo se consigue con previsión y saber tomar decisiones acertadas y en su momento.

Al menos espero que al encargado del Gobierno Central de contar los muertos y comprar los test y las mascarillas, no lo condecoren -aunque Pedro y Pablo son capaces- y si lo hacen que sea con «una o dos medallas como máximo».

Y una vez apagado el incendio, sigue saliendo humo y de vez en cuando una llama que aderezada con algún cibernético «coronabulo» nos hará apartarnos de la realidad, como aquellos que «por la gracia de Dios» se consideran grandes estadistas, que tanto fomentaron la «madrileñofobia» mientras por la puerta de atrás se le colaban, y se le siguen colando las pateras infectadas hasta las trancas, que aún no sabemos que hacen con esas pobres gentes, pero que como no es políticamente correcto, mejor ni nombrarlos. Les damos la manta y el kit de higiene personal, la foto y adiós muy buenas. Después con coronavirus o sin él, vayase usted a coger lechugas o a pedir la paga, que ya no es mi problema.

¡Así somos los españoles! Del No es No, al bueno, ya veremos; del «agarrame el cubata» al «venga tío si somos coleguitas» si los dos (o los tres, o toda la panda vivimos de esto) si ninguno de los dos aprobamos la oposición, si nuestro libro es un plagio, si el master me lo rellenó el mismo que a ti; ¡Huy, casi ni me acordaba, si no terminé la carrera! ¡Ay perdón, es que ni siquiera la empecé! ¡Pero eso si estoy matriculado, o matriculada!

«Bueeeno» venga vale, me caes gordo o gorda, pero te necesito para gobernar ¡Venga vale! Cuelga tú, no cuelga tú primero; venga vale te firmo el acuerdo, pero pon ahí que yo también dije eso; ¡Bueno venga vale, ahora me abstengo! ¡Bueno, venga vale ahora te digo que sí!

Y de esta manera, nos hacen creer que hacen milagros vendiéndonos los grandes trabajos que hacen al cumplir mediocremente con su obligación, creyendo que arreglar bordillos, o poner farolas son un exuberante éxito, cuando es su mínima obligación que además cumplen muy bien pagados con nuestro dinero y nos quieren hacer creer que nos lo están regalando.

Y a así poco a poco, como empezamos, volvemos a la nueva normalidad, con esta plantilla que no siente los colores, sin vocación y sin esfuerzo ¡Ah, y no más gambas, ni más champagne en los cocteles! Que estoy engordando mucho y pronto me tendré que hacer la foto en la salida del maratón popular ¡Eso si yo no corro eh! O bueno a lo del paseo en bicicleta si me apunto ¡Pero despacio eh! Y sólo el primer kilómetro que luego tengo reunión.

Y así, con las playas abarrotadas y con tanto estrés, con el riesgo de que «alguno» que con tanta vocación también tragó y en su momento también fue con la lista de recomendados de sus estómagos agradecidos, para darles la escoba y el sueldo, no se tome lo que se tiene que tomar, porque se lo mandó el médico, o se tome lo que no se tiene que tomar, o ahora le haga efecto lo que hace mucho tiempo indebidamente se tomó y se le vaya la pinza y le tire el casco de la moto y las llaves al primer funcionario que se tropiece y no le rinda pleitesía, acaba esta agitada primera semana de verano.

Y como de costumbre en la sobremesa del domingo, a mi me sirve para encender el sencillo y humilde cigarro-puro semanal, que con la única excusa de decir lo que pienso, uso para enviaros un fuerte abrazo a amigos y familiares.

Ramón Galindo

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Un comentario

  1. Muy bueno compañero, curso y sobre todo amigo, vaya pandilla Fe impresentables nos han llevado a su que no nuestra nueva normalidad. Un abrazo

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