Rincón literario de Paco Marín

El Rincón Literario de Paco Marín: «Prohibido fijar cárteles»

TÍTULO:     Prohibido fijar cárteles

AUTOR:      Paco Gómez Escribano

EDITA:       Milenio (2019)

 

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 15 x 24 cm. Número de páginas: 170. PVP: 15,00 €. ISBN: 978-84-9743-866-7

 

Lo primero que destaca en la novela son los personajes, personajes distintos según lo que establecen las normas, no escritas, vigentes. Amen de los lugares, los garitos, los bares… bares malolientes, sucios, llenos de borrachos hasta perder la conciencia.

Hay que resaltar que es una novela cómoda de leer, trama sencilla, donde relucen valores y normas de los barrios marginales. Fuerte crítica social.

Nuevamente señalo que no hace falta escribir ‘tropecientas’ páginas para decir y poner negro sobre blanco lo que el autor lleva en la cabeza. Reitero, cómoda de leer, muy entretenida, dura en la denuncia y con momentos de, un cierto, humor. Reencuentro y venganza… reencuentro de tres amigos: El Tijeras, el Lejía y el Pipo…

El Lejía vuelve al barrio después de estar media vida en distintos destinos internacionales con su unidad en la Legión. En el bar del Chino se encuentra con el Tijeras, uno de sus antiguos amigos. A ellos se une el Pipo, otro antiguo amigo al que han soltado de la cárcel porque tiene una enfermedad terminal.

Los tres tienen un turbio pasado de drogas y delincuencia que han dejado atrás. Ya solo quieren beber y estar tranquilos, pero la vida no es como se desea, sino como viene. Desde hace un tiempo en el barrio se ha instalado una pequeña mafia rumana que presta dinero con usura y trafica con drogas. Su líder, el Ruso, no tiene ningún tipo de código ético o moral, y termina por cruzarse en el camino de los tres amigos que, aunque ya están de vuelta de todo, sí que conservan unos códigos muy propios del barrio. En la guerra que se va a desatar cada uno jugará sus cartas, pero el juego no va a terminar como esperan el uno y los otros.

Historia que te enamora… al igual que lo que nos cuenta, Paco, en la charla que hemos mantenido con él…

 

Paco Gómez Escribano (Madrid, 1966) es Ingeniero Técnico Industrial en la rama de Electrónica. Ha publicado siete novelas: El círculo alquímico (2011) y Al otro lado (2012), ambas con la editorial Ledoria; Yonqui (2014, edit. Erein), Lumpen (2015, edit. Pan de Letras), escrita a cuatro manos con Luis Gutiérrez Maluenda, Manguis (2016, Premio Novelpol, edit. Erein), #MadridPrisión (2017, edit. Black & Noir) y Cuando gritan los muertos (2018, edit. Alrevés). Con Yonqui entra de lleno en el género negro. Junto a Lumpen, Manguis, #MadridPrisión y Cuando gritan los muertos, las novelas comprenden un viaje físico y literario por distintas épocas del barrio del propio autor, Canillejas, situado al este de Madrid. Actualmente imparte clases de Formación Profesional en un instituto público de Madrid.

 

Deliciosa charla con Paco Gómez Escribano… Gracias maestro…

 

P.- Por si hay algún despistado ¿Quién es Paco Gómez Escribano?

R.- Es un tipo del barrio de Canillejas, situado en la zona este de Madrid, que se pasó su infancia jugando al fútbol, tirando piedras y pisando charcos por los descampados de un barrio sin ningún tipo de servicios y al que el alumbrado público o el Metro, algo que hoy en día parecen cosas normales, tardaron mucho en llegar. Por lo demás, eligió estudiar Formación Profesional, no porque fuera lo que más le gustara, sino porque parecía ser algo que tenía mejor salida laboral que el bachillerato, más orientado a ir a la universidad, algo que por aquel entonces a este tipo le parecía ciencia ficción. Tras un periodo en el que la vida podría haberse decantado hacia un lado, digamos normal, o hacia otro más peligroso, finalmente acudió a la universidad y se hizo ingeniero industrial y actualmente lleva casi treinta años como profesor de instituto. Es posible que como gran lector que es, la Literatura le haya salvado la vida llenando espacios vitales que de otra forma a saber que habría podido pasar. Esa pulsión lectora posteriormente le llevó a escribir, principalmente novelas de género negro ambientadas en el barrio.

P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace Prohibido fijar cárteles?

R.- Nace como todas las demás novelas. Primero hay una idea que se va desarrollando mentalmente a lo largo de semanas, meses… En esta ocasión quería hacer una novela cuya trama no fuera muy compleja, ser capaz de enganchar al lector con los personajes y las situaciones, con las cosas que verdaderamente quería contar, y prescindir de esa zanahoria que todo escritor pone delante del lector que es la trama.  Además, se fue desarrollando la idea de plantear un reencuentro y una venganza. Así surgen los tres personajes principales, el Tijeras, el Lejía y el Pipo, que solo aspiran a pasar tranquilos el resto de sus vidas en el barrio. Pero alguien se va a ocupar de romper esa tranquilidad, que es el detonante para que se desate esa guerra que se produce en la novela.

P.- ¿Cómo se ha documentado?

R.- Como las novelas ocurren en el barrio, llevo documentándome toda la vida. Las historias y los personajes, en mayor o menor medida, son retazos de gente y de historias que he conocido y vivido, o bien que me han contado o he sabido a través de terceras personas. A veces, simplemente estando un viernes por la noche en la bodega en compañía de conocidos o amigos, saco más material que si indagara en hemerotecas o archivos judiciales.

P.- ¿Hay modelos para los personajes?

R.- Por supuesto. Mis personajes son personajes Frankenstein de personas que conozco o he conocido, aunque hay un margen en el que entra mi imaginación para inventar o ficcionar. No hay que olvidar que como novelista hago ficción, aunque haya hechos o anécdotas que incluya en las novelas. Además, siempre construyo personajes desde el punto de vista del perdedor en Literatura. Me dan mucho más juego y como figuras literarias son más afines a mis gustos.

P.- ¿Qué tiene de particular esta novela respecto, si no me equivoco, de las siete anteriores?

R.- No te equivocas. Prohibido fijar cárteles es la más corta de todas, quizás sea la más intensa y es a la que he tratado de insuflarle más ritmo. Podríamos decir que es una novela que trata de fusionar los parámetros de novela negra americana clásica y de realismo sucio, pero todo ello adaptado a un contexto español, utilizando el arquetipo universal del barrio como territorio geográfico y social de la trama y los personajes.

P.- ¿Cuánto hay de usted en la novela?

R.- Bastante, teniendo en cuenta todo lo dicho anteriormente. Amo mi barrio, tanto como lo he llegado a odiar en otras épocas. Mis personajes se asemejan bastante a mis amigos, a mis vecinos o a lo que podría haber sido mi propia vida de no haber puesto remedio.

P.- ¿Tiene referente en la novela negra? ¿Tiene un personaje favorito?

R.- Obviamente. Para escribir novela negra hay que haber leído mucha novela negra. Partiendo de Hammett y Chandler, me entusiasmó en su día Donald Westlake y sus personajes Parker y Dortmunder. También Walter Mosley y Chester Himes, y últimamente Lawrence Block, Lehane y Ken Bruen, pasando por Sallis, Craig Russel, Pelecanos, Burnett, Ellroy, Izzo, Ross MacDonald, McBein, John D. MacDonald, Charles Willeford, Crumley…, la lista sería interminable.

P.- A la hora de matar, su arma favorita ¿es?

R.- No tengo preferencias, en realidad mis personajes matan con lo primero que tienen a mano, desde una botella de vino a una pipa.

P.- En sus historias prefiere ¿psicología o sangre?

R.- Y ¿por qué hay que elegir? En mis novelas hay mucho de psicológico, y mucho de social. Integro la violencia dentro de las tramas como algo inherente a la vida e intento que mis personajes aborden la vida desde un punto de vista realista. Odio la edulcoración y la corrección política. La novela negra es todo lo contrario. Y si ha de haber sangre, que la haya, no tengo ningún problema.

P.- Sus géneros y autores favoritos ¿son? ¿Qué está leyendo en este momento?

R.- Obviamente el género negro. No significa que no haya leído otros géneros, que lo he hecho, pero finalmente ya solo leo novela negra. Me he acostumbrado al ritmo, a la intensidad, a su crudeza narrativa y, por tanto, todo lo demás me aburre bastante. En cuanto a mis autores favoritos, ya los he citado antes, aunque ya digo, la lista sería interminable. Ahora mismo estoy leyendo Coche, de Harry Crews.

P.- Como lector, prefiere: ¿libro electrónico, papel o audio libro?

R.- La verdad es que el audio libro no lo he probado, aunque me temo que en un futuro no muy lejano lo haré, por el bien de mi vista. Me da igual el formato, lo que importa es la historia que contiene. Como lector es más cómodo el libro electrónico, dónde va a parar. Por el peso, porque no necesitas marcapáginas, porque puedes llevar cargados la hostia de libros y puedes alternar la lectura… Pero no todo está en libro electrónico ni todo está en papel, por lo que, hoy en día, no cabe otra que alternar. No soy ajeno al romanticismo del libro en papel. En definitiva, creo que todos los formatos son compatibles.

P.- ¿Qué manías tiene a la hora de escribir?

R.- La verdad es que ninguna. La única, y no la considero una manía, sino una parte más del proceso de escritura, es que cuando me pongo con una novela tengo que escribir todos los días, para no perder el hilo e ir entrelazando los capítulos con concordancia y cierta coherencia. Por eso me lo pienso mucho antes de sentarme a escribir una novela, porque desde este punto de vista es una esclavitud. Paso muchos meses en barbecho que aprovecho para escribir cosas que no son novela y pensando historias nuevas para novelar. Sí, ya sé que queda muy bien decir «…tengo la necesidad de escribir todos los días…» porque «…lo necesito…» o porque «…no puedo estar sin escribir…», etc., pero en mi caso no es cierto. Hay muchas veces que no tengo nada que decir. En esos momentos es mejor hacer otras cosas y no dar el coñazo a los lectores.

P.- Relate alguna curiosidad literaria personal que le haya ocurrido y no ha contado hasta ahora.

R.- Una vez en San Jordi se acercó un tipo y preguntó por el precio de mi novela. Lo escuchó y se fue. Más tarde, la que entonces era mi agente literaria vino a buscarme para llevarme a otra parada a firmar. Antes de subirnos en su moto vi al tipo pidiendo cerca de allí. Ante las protestas de mi agente y con razón, porque llegábamos tarde a la otra parada, me acerqué a preguntarle. No podía creer que estuviera pidiendo para comprar mi novela. Le pregunté y así era. La verdad es que le faltaban tres o cuatro euros, no recuerdo. Se los di, compró la novela y le invité a una cerveza en un bar. Me dijo que había leído las anteriores y que le habían gustado mucho. Mi agente sudaba la gota gorda mientras miraba el reloj. Finalmente llegamos a tiempo. Eso sí, entre que hacía décadas que yo no montaba en moto y la caña que le dio, yo creí que nos quedábamos por el camino con la dentadura clavada en algún poste de la luz.

P.- Venda su libro ¿por qué hay que leer Prohibido fijar cárteles?

R.- Porque es una de mis mejores novelas, y no porque lo diga yo, es por el feedback que me va llegando a través de las redes y las conversaciones que he tenido con los lectores en la Feria del Libro de Madrid y en las presentaciones y charlas. Algo tendrá cuando todo el mundo que la ha leído ha disfrutado de lo lindo.

P.- Sus planes a corto y medio plazo ¿son?

R.- Seguir publicando una novela al año mientras las editoriales quieran y sigan confiando en mí. Me quedan historias que contar que ya estoy plasmando en un par de proyectos. La siguiente parada es Gijón, la Semana Negra. Estoy nominado al Hammett con Cuando gritan los muertos, mi anterior novela. Aunque estar nominado ya es la caña, ganar sería la hostia.

 

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