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LA LLAMADA LITERARIA, PRIMER JUEVES DE CUARESMA

LA LLAMADA LITERARIA, PRIMER JUEVES DE CUARESMA

Apenas se extinguen los tambores de la tradicional Llamada, cuando se aceleran los actos cuaresmales en Cartagena, uno de los eventos más longevos y arraigados de esta Cuaresma que caló en el fondo de los corazones cofrades y literarios de nuestra ciudad de forma profunda se anuncia, la “Llamada Literaria”, que arrancó allá por 1971 de la mano del Maestro Manuel López Paredes siempre recordado y siempre añorado y, cincuenta años después su legado sigue vivo, hoy de la mano de la polifacética poetisa cartagenera Rosario del Carmen Garcia Romero dónde la mesura, la dulzura y templanza se cobijan en sus trabajos poéticos donde la Virgen de la Piedad es la máxima representación, sin olvidar al que durante más de una década ha conducido el evento que no es otro que el siempre vigoroso y añejo cofrade Jesús Muñoz Robles, acto que sigue calando profundamente en el procesionista cartagenero, con respeto y sinceridad, sin separarse de los postulados del Maestro y con un  alma mater que es el maestro de poetas Antonio Navarro. El acto nació coincidiendo con la tradicional Llamada en la noche de Miércoles de Ceniza, entonces se definía entorno a un grupo de poetas y prosistas que sin premios ni honores daban cuenta de sus trabajos literarios motivados en la Pasión, Muerte y Resurrección  de Jesucristo y que después de alterarse en el calendario cuaresmal encontró en el primer viernes de Cuaresma su apropiada ubicación, facilitando así la participación general, evitando el primitivo compromiso en la propia noche del Miércoles de Ceniza.

Este Jueves de Cuaresma aparece en el calendario cofrade con una honda carga pasionaria en la ciudad. Un año más y ya son cinco décadas, nos traen durante unas horas el discurso sentimental del corazón, del alma, del espíritu, dónde la rima sentida, la prosa pasional y la agrietada queja del impotente llanto que nace del corazón de una saetera, inundan de sentimientos, añoranzas y pasiones espirituales el ambiente de la ciudad, hoy en santa maría, cuna de nuestras procesiones, de nuestras alegrías y tristezas, de nuestras soberbias, envidias y traiciones, de nuestras humildades y modestias. Otro año más, con más fuerza si cabe, se vuelve a realizar tal insigne y emblemático acto donde seguimos entregándonos a tal revelación de espiritualidad cultural, con más rigor si cabe emulando aquella presentación nocturna de la mano de Antonio Navarro y los Cuatro Santos de López Paredes.

Hoy se dan cita en la Arciprestal la sabiduría popular y el coraje en este rincón de la historia de la ciudad, la más veterana entidad cultural en Cuaresma, un proyecto que nació sencillo, humilde y cargado de sentimientos.

No olvidemos que la Semana Santa en Cartagena aúna a personas de dispares creencias, ideologías y sentimientos y eso la hace más grande y a nosotros más orgullosos de nuestro papel integrador y solidario, alguno que se llaman no creyentes o laicos e incluso profanos se someten a la imagen idolatrada, a la iconografía plástica y representativa de una ilusión, de una necesidad, de un fervor exacerbado, a los colores de una agrupación, al sacrifico de un capuz y eso es grande, eso es Cartagena y hay que valorarlo así, con una Iglesia viva y adaptada a las necesidades actuales anclada en la tradición y los postulados cristianos y mirando al futuro sin olvidar nunca la Piedad, el Perdón y la Humildad, alentar la integración y separarse de la avaricia, la ira, la envidia y la soberbia entre otras, muy dadas en nuestro día a día.

Este Jueves cuaresmal se establece como un simbólico suspiro en el corazón del procesionista, por un momento se abandonan las carencias terrenales, las escondidas envidias, las prepotentes vanidades que afean nuestras nobles tradiciones, por un momento nos encontramos en un ambiente de reconocimiento, de respeto y conciliación moral y espiritual, muy perdida, y se establecen los claros exponentes de un orden cristiano representado como cofrades y hermanos, aunque sea una quimera, aunque sea momentánea.

Alejándome de una improvisada y visceral homilía quiero demandar un armónico gesto de humildad, de apoyo, de Fe, ignorando el oropel fatuo personal tan deseado y buscado en Cuaresma. Sigue quedando mucho por hacer, quizás más que antes y seguimos sin esperar nada de nadie, no me canso de reconocer aquella sabiduría que caracterizaba al fundador, seguiremos recordándote año tras año, hoy con la dulce voz de Rosario, cada uno desde nuestro pupitre de alumno emérito sin conseguir estar a la altura. Aprovecho la casuística, todavía nadie se ha planteado dedicar un homenaje a López Paredes, una calle, una placa, algo…, dependemos de los políticos y estos sí que están horadados por la mesura…

Andrés Hernández Martínez

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