La ventana de EvaSociedad y Cultura

A VOSOTROS , MIS LECTORES……

A VOSOTROS , MIS LECTORES……

Andaba yo algo perdida aquellos días. Muchos años con un ritmo frenético de trabajo que había terminado de manera algo precipitada. Pero tenía que ser así, porque a veces las personas sentimos que ya no es nuestro sitio, que llega el momento, y sobre todo cuando tu cuerpo te manda señales que a veces no queremos oír. Entonces se toman decisiones, muy pensadas, dialogadas y con el apoyo incondicional de quien tienes al lado, que es testigo directo de lo que necesitas.

Y como la vida es un instante, un día te levantas y subes la persiana a un nuevo y diferente día. Entonces tu cuerpo gira sobre sí mismo, acudes corriendo a ese lugar donde siempre querías ir cuando te sentías un poco “enjaulada”, y en un abrir y cerrar de ojos te encuentras junto a la orilla de la playa con una bolsa de gusanitos y un libro. ¿Habrá placer mayor?

Pero seamos sinceros, todos los que hemos tenido ese empuje, valentía, necesidad o como cada uno lo quiera llamar, cuando esa nueva etapa comienza, cuesta pero mucho.

Por eso siempre que hay un cambio tienes que tener un plan, un horario, y tengo que reconocer que yo me puse uno muy estricto. Será porque siempre escuché a mi madre que hay que madrugar porque las mañanas se pasan “voladas”.  Y será porque a partir de ese día, las mañanas serían exclusivamente para mí.

Así que de esa manera conseguí tener todo en orden, que mi cocina oliera a comida casera hecha con cariño, a poder dar un beso a mis hijas al despertar y acompañarlas al colegio, y por supuesto a salir respirando mirando hacia el sol, en busca de un paseo, una exposición, la lectura de un libro en el faro de Curra. Así de simple.

Y de repente un día me digo, porque no lo sabéis, pero yo me digo muchas cosas durante el día, me recrimino, me animo…., pues eso , esa mañana pensativa escucho mi voz, la de los consejos: “¿no quisiste siempre escribir en una columna de un periódico?

Siempre estuve considerada en mi trabajo como una persona resolutiva, y creo que eso lo he extrapolado a este momento tan bonito, en el que si alguna persona, lugar o todo aquello que me ilusione se me pone por delante, quiero ir directa a por ello. Así que muevo tres hilos y hasta la fecha me va pero que muy bien. Yo creo que es por otra cosa que también decían que hacía en mi jornada laboral, que era dar cariño. Y aunque en los tiempos que corren muchos pensarán que es imposible, yo os digo que sí, que gracias a eso hoy puedo, como ha dicho siempre mi padre, pasear con la cabeza bien alta. Y así es, todavía hoy encuentro a antiguos clientes que me dicen que me echan de menos. Con eso me quedo.

Entonces llega ese esperado día donde me dan la libertad para abrir esa ventana, ese momento donde todo empieza.

(cosa de mi hija, se ve que está orgullosa)

¿Y queréis que os cuente un secreto ahora que llevamos un año juntos y ya nos vamos conociendo? Prácticamente todo esto que hemos compartido, que os he contado, ha sido fruto de la casualidad. Bonitas casualidades han surgido en cada salida, en aquel paseo sin más pretensiones que mirar al infinito, en esa exposición que entraba a echar un vistazo y salía con una historia.

Y eso es lo más bonito que me ha ocurrido, porque las cosas que no esperas, que no planificas, llegan con magia y aire fresco. Y que esa magia dure y crezca durante todo este tiempo, eso ya no sé si llamarlo suerte,  trabajo, destino, casualidad o un regalo que cada uno de vosotros me habéis dejado a lo largo del sendero.

Alguien me dijo un día,  “cuando despierto cada domingo, sólo pienso por dónde saldrá Eva hoy “.

Y así es, porque ahora que releo, veo la diversidad en las temáticas, pero con la misma esencia.

A veces me pregunto, ¿qué ha ocurrido para que miles de personas se asomen a mi ventana? Y hace muy poquito otra persona me dijo una palabra que creo que es la clave: “HAS CONECTADO CON LOS LECTORES”. Y me voy a quedar con eso, y me voy a quedar con todas las experiencias, aprendizaje, vivencias, reconocimiento, proyectos.

¿Quién me iba a decir a mí hace un año que un día me subiría al coche de un cartero rural y pasaría toda la jornada con él descubriendo mi entorno y conociendo a los lugareños de esos rincones perdidos?

Ha sido maravilloso madrugar y ver a los pescadores llegar después de una noche de duro trabajo, y “colarme” entre monos amarillos muy brillantes y las cajas de peces plateados intentando captar la mirada de fatiga o la sonrisa del que todavía le quedaban ganas de soltarme un piropo.

Y qué decir ese paseo por la Algameca Chica, con ese sonido flamenquillo de fondo, el colarme en una gelatería italiana y ser testigo de su mayor secreto, calidad y cariño.

Luego están esas personas que me llamaban tanto la atención y no sé ni cómo un día estábamos tomando un café, hablando de teatro, de hierro y acero….

Bueno, y el día que una ochentera como yo pasó un par de tardes con ese bajista del grupo EL ÚLTIMO DE LA FILA. Cuánta ilusión contenida, en ese estudio de grabación  y días después en una cafetería.

Nunca hubo ningún momento que pensara que se acabarían los temas, aunque si he de ser sincera, si ha habido algunos en los que he dudado de si os llegaría al corazoncito o no. Porque ha habido algunos artículos muy personales, esos que de repente brotaban sin más y he arriesgado a que vieran la luz.

Y entre la gente de La Palma, ensalzar a nuestro ilustres cartageneros Isaac Peral, Isidoro Maíquez, Carmen Conde, ir de compras por aquellos comercios de siempre, regalar una Semana Santa cuando esta situación nos la había robado, ordeñar una cabra y miles de aventuras más, hoy miro hacia atrás y sé que ha merecido la pena.