Sebastián Ramallo dará nombre al parque que corona el Teatro Romano de Cartagena
Sebastián Ramallo dará nombre al parque que corona el Teatro Romano de Cartagena
El arqueólogo Sebastián Ramallo, descubridor, datador y responsable de las excavaciones del Teatro Romano de Cartagena, dará nombre al parque situado sobre el monumento, la zona verde diseñada por Rafael Moneo y conocida hasta ahora como parque cornisa.
La alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo, anunció este lunes el homenaje antes de la reunión del patronato de la Fundación Teatro Romano, en la que Ramallo se ha incorporado como nuevo vocal en representación de la Fundación Cajamurcia.
Arroyo explicó que la decisión supone un reconocimiento a la trayectoria del catedrático de Arqueología de la Universidad de Murcia, considerado una de las máximas autoridades internacionales en arte romano y el principal especialista en Carthago Nova.
“Queremos que su nombre permanezca vinculado al Teatro Romano a lo largo de los años y qué mejor espacio que el parque cornisa, que recuperó Rafael Moneo, para llevar su nombre”, señaló la alcaldesa.
Reconocimiento al descubridor del Teatro Romano
Durante su intervención, la regidora destacó el papel clave de Ramallo en el hallazgo del Teatro Romano y subrayó que su incorporación al patronato de la fundación permitirá reforzar la toma de decisiones sobre el futuro del monumento.
“Se incorpora quien lo descubrió, quien lo dató y quien ha formado parte de las excavaciones”, afirmó Arroyo.
El investigador sustituye en el patronato a Cristóbal Belda, a quien la alcaldesa agradeció el trabajo realizado durante años en labores de investigación y divulgación.
El anuncio coincide además con un nuevo impulso del Teatro Romano como principal atractivo patrimonial de la Región. Según avanzó Arroyo, el monumento ha registrado ya 50.000 visitas durante el primer trimestre de 2026.
“Continúa creciendo como atractivo turístico y sigue dándonos gratas sorpresas en cuanto a investigación y conocimiento”, destacó.
Avanza la excavación del pórtico
La reunión del patronato sirvió también para hacer balance de los trabajos arqueológicos que se desarrollan en el pórtico situado tras la escena del Teatro Romano.
Las excavaciones avanzan en los sectores central y oriental con financiación de fondos europeos por valor de 2,2 millones de euros. Los arqueólogos trabajan documentando todos los niveles históricos del yacimiento y ya han localizado una gran fosa de época islámica, así como restos de los periodos califal y bizantino.
Los trabajos han permitido además culminar la recuperación de la basílica oriental y avanzar en la conexión con las futuras pasarelas del edificio Tragaluz, que ofrecerán una vista elevada sobre la excavación.
El día en que apareció el teatro
Durante el acto intervino también el presidente de la Fundación Cajamurcia, Carlos Egea, quien recordó el momento en el que Sebastián Ramallo identificó por primera vez la existencia del Teatro Romano.
“El día que se decidió empezar el Teatro Romano, Sebastián me llamó; vinimos y, tras dos horas y media, me dijo: ‘Aquí hay un teatro’”, relató.
Egea recordó que entonces la zona estaba ocupada por unas 250 viviendas y no existía ningún documento que apuntara a la presencia del monumento.
“Vio las piezas, los capiteles, y supo lo que había. Fuiste la persona que dijo ‘aquí hay un teatro’ cuando nadie lo sabía”, añadió.
“Es un honor”
Por su parte, Sebastián Ramallo reconoció que desconocía el homenaje y expresó su agradecimiento por la decisión del Ayuntamiento.
“No tenía ni la más absoluta idea. Es un honor”, afirmó.
El arqueólogo reivindicó el Teatro Romano como un ejemplo de colaboración entre arquitectura y arqueología y aseguró que seguirá defendiendo y divulgando el patrimonio de Cartagena.
“El teatro ha sido un ejemplo modélico de diálogo entre arquitectura y arqueología. Seguiré defendiendo y proyectando Cartagena donde se me llame”, señaló.
Ramallo también avanzó algunos de los hallazgos más recientes en el pórtico del monumento, entre ellos restos de decoración arquitectónica, un “precioso friso de armas” y abundante información sobre la vida cotidiana de Cartagena entre los siglos VII y XVIII gracias a los pozos ciegos localizados en la excavación.

